Crónicas desde el Hipódromo | Provinciano

Por más que observo a la gente que me rodea y a pesar de los aires de burguesía que se carga la mayoría, no logro distinguir una raza específica entre los que decimos llamarnos mexicanos. Hasta la Condesa de Miravalle me parece tan mestiza, que hace honor al ser heredera de Moctezuma Xocoyotzin, aunque muchos piensen que la estirpe la trae desde España.

Pero más me vale esconder mis pensamientos racistas, siendo un forajido del norte recién llegado.

Esta ciudad es el centro de todo, el punto de encuentro del tiempo y del espacio, de ese pequeño instante donde anulas el ayer y el mañana, lo micro y lo macro.

– ¿Y como se reacciona aquí cuando tiembla? – Le pregunto a un taxista que parece conducir un Fórmula Uno.

– ¿Cómo que como se reacciona joven, usted es de provincia, verdad? – Me contesta despegando la vista del frente con la seguridad de ir en piloto automático.

– Soy nuevo en la ciudad, por eso preguntaba. – sonrojo inevitablemente.

– Hay que hacer lo que todos hacen, nomás y ya. – contesta con la seguridad de quien ha vivido siempre aquí.

Según yo, vivo en una República Federal, pero eso es la teoría, porque en la práctica siempre hemos funcionado como en una Centralista, en todos los sentidos a lo largo de la historia.

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– Pero nunca me habían pedido estos requisitos para contratar mi plan telefónico. – explico sintiéndome como en oficina de gobierno.

– Se ve que usted es de provincia, señor, pero aquí estamos en DF. – me contesta sin voltear, casi en automático.

– Así es, pero he tenido planes desde hace mucho tiempo y es la primera vez…

– Siempre hay una primera vez… señor.

No, tal vez estoy equivocado. Esto funciona más como un Imperio, porque al final los Presidentes de la República se toman el papel de emperadores y los gobernadores de señores feudales.

Todo funciona como una monarquía disfrazada y si no, allí está en el Tepeyac la Reina de México y Emperatriz de América.

– Tengo quince minutos esperándolo – digo al teléfono, ansioso sin saber si me voy o no.

– ¿Quince minutos we ? Si estoy a tiempo we. ¡Se ve que eres de provincia we ! – grita mi interlocutor por el auricular.

– ¿En cuánto tiempo llegas?

– No se we, esto es DF y no provincia we.

La Colonia la olvidamos como si nos hubieran aplicado una lobotomía forzada. Trescientos años que pudieran ser de enseñanza terminan siendo de una época oscura y olvidada, cuando debería ser de comprensión de mucho de lo que somos.

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Celebramos 200 años, que deberían ser 179 y pensar que nuestra más larga etapa histórica como nación civilizada duro tres siglos.

– ¡Pítale! Es un microbusero, que ¡no se te meta! – Me dice mi copiloto escandalizado por mi pasividad al volante.

– ¿Mejor lo dejo pasar no? – le contesto con serenidad.

– Se ve que eres de provincia.

Termino por dejarlo pasar mientras los coches de atrás me mentan la madre con el claxón.

La última ocasión que existieron las provincias, si la memoria no me falla, fue en el Primer Imperio Mexicano, aquel de la América Septentrional que encabezó Iturbide, porque con Maximiliano la división era por Departamentos.

Entonces,  ¿dónde nos quedamos atrapados los provincianos?

Resulta más divertido ver a la gente que a los propios caballos, entretenimiento más de reinos que de gente con ideas liberales.

Pero más vale quedarse callado sobre el tema. Giro la mirada a “La Prieta”, a “La Güera” y a “La India”, que en este momento van a correr.

Creo que aposté a “El Diablo”. Espero ganar, por lo menos hoy.

Perfil del autor

Arquitecto por vocación y destino, escritor por convicción. Desde muy joven emprendí el viaje por la libertad. En mi camino he visto, percibido y palpado tanto, que un día decidí plasmarlo de la mejor forma que entendía. Las letras que han sido mis entrañables compañeras, cada día me acercan un poco más a la libertad, la cual aún no he encontrado pero que ya siento cerca. Creatura hombre, mexicano y sibarita en entrenamiento.

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