Crueldad republicana en plena Navidad

Mientras una tormenta barría las calles y las temperaturas caían por debajo del punto de congelación, llegaban en la medianoche del sábado a Washington unas 120 personas en tres autobuses, enviados por el gobernador de Texas Greg Abbott. Los bajaron cerca de la entrada del United States Naval Observatory, la residencia oficial de la vicepresidenta Kamala Harris y allí los dejaron. 

Son inmigrantes indocumentados que habían cruzado la frontera entregándose a la Patrulla Fronteriza para pedir asilo legalmente porque en sus países sufren persecución, pasan hambre y son víctimas de la violencia generalizada. 

En la frontera, el Departamento de Seguridad Nacional había confiscado sus documentos, de modo que no tienen pasaportes, ni forma de identificarse, y mucho menos permisos de trabajo.

De no ser por los activistas comunitarios que los trasladaron a iglesias y sinagogas, estarían perdidos.

Son víctimas de un juego político del gobernador de Texas, así como los de Arizona y Florida, todos republicanos. En desafío a las autoridades federales – por ley las encargadas del tema migratorio – han estado divirtiendo a su “base” desde abril. Ya transportaron a unas 15,000 personas sin su consentimiento y sin coordinación, y sin proporcionar ni un atisbo de solución a un problema real. 

Lamentablemente, son legión quienes los aplauden y piden más: más crueldad, más circo, más actos de agresión, más campaña electoral permanente y más posibilidades de violencia.

La operación propagandística de la que los inmigrantes son víctimas pese a no haber violado las leyes comenzó ya en abril con la capital Washington como destino. En agosto se agregaron Nueva York y Chicago. A partir del 15 de  noviembre, la ciudad de Filadelfia. 

Con cada envío, Abbott se congratulaba de haber castigado a los “liberales”, a los “demócratas”, a las ciudades santuario. Ni una palabra sobre los pasajeros, para quienes existen soluciones en su propio estado o bien, de manera coordinada y organizada, en otros. 

Todo el operativo ha sido desde el comienzo una provocación barata. El gobernador habla de una “invasión a lo largo de la frontera”, usando lenguaje incendiario y militarista, como si no supiese que se trata de familias, de madres con sus hijos.

Ha preferido alentar la división y no ofrecer ninguna solución. 

Estas actividades en nombre de la crueldad que efectúa movido por sus aspiraciones políticas e incitando a más racismo y más xenofobia, convierten al gobernador Greg Abbott en un traficante de personas, 

Y aunque el gobierno federal ha aumentado los fondos destinados a patrullar la frontera, acelerar la tramitación de aplicaciones de asilo o compensar a Texas y los otros estados por los gastos en los que incurren, para Abbott, lo importante es la publicidad que obtiene haciéndose el valiente con los más débiles. 

El Congreso debe actuar. Los gobiernos estatales deben atacar los problemas reales, establecer refugios y servicios para los migrantes a ambos lados de la frontera,  ayudar a acelerar el proceso de decisión de las solicitudes de asilo y buscar soluciones a largo plazo. Y los fondos federales correspondientes enviados a Texas deben reasignarse a las ciudades santuario a las que envía sus autobuses.

Perfil del autor

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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