El mismo Presidente Trump ha caído en su propia trampa
Nadie es inmune: el que siembra miedos cosecha tempestades
De plano, el miedo es lo que nos incumbe. Se ha creado una atmósfera de persecución que encierra un miedo siniestro. Se publicitan redadas, se saca en televisión a personas encadenadas, gachas, abatidas, humilladas. Recuerda el trato esclavista. Se te invita a escapar a donde no tienes esperanzas de sobrevivir. Es invitación tan inefectiva como la del salir voluntario de los palestinos de Gaza. Se crea consciente o subconscientemente tal ambiente asfixiante de presión social, que cuando llega a los niños es una canallada.
El terror basado en la manipulación de las leyes
El suicidio de una niña de 11 años en Gainesville (Texas), intimidada por sus compañeros con la amenaza de ser reportada a los servicios migratorios, es un hecho que demuestra que se actúa arbitrariamente sin meditar las consecuencias. Es política a la deriva, más cerca del circo romano que de la escrupulosa acción administrativa.
Vivimos la manipulación de las leyes, el acoso a los jueces poco dóciles, el mirar para otra parte del Tribunal Supremo respecto a leyes de imposible aplicación (como las que se dictan en tiempo de guerra: cuando no la hay); asistimos al espejismo de que el Presidente está por encima de otros poderes cuando estos precisamente son nuestra salvaguarda para frenar las tentaciones autoritarias. Todo ello para trasmitir fuerza e infundir pavor, que no respeto. No se lo merecen los votantes.
Pero las decisiones por odio las carga el diablo
Nadie es inmune, el mismo Presidente ha caído en su propia trampa. Crear aranceles comerciales al buen tuntún no sale gratis. La caída de las bolsas y las pérdidas en sus inversiones de millones de jubilados antes o después pasarán factura electoral. No es un juego de programa de televisión en que se reparten premios para entretenimiento del televidente.
¿El Presidente se ha asustado? La presión sobre él es real, ha dado marcha atrás a los aranceles de teléfonos y ordenadores a China. Singapur ha decidido no exportar nada a Estados Unidos. Otros aranceles se han pospuesto noventa días o reducido drásticamente. Los círculos del poder no quieren verse caer “en pérdidas”. Con eso no se juega.
El presidente le ha visto las orejas al lobo. Más pavor que todo el que ha querido infundir a los emigrantes sin documentación produce la caída del valor de las inversiones.
Conclusión: sale mejor lidiar inteligentemente con emigrantes no documentados que sin dinero en Wall Street.
La caída de la Bolsa no se arregla con guardias en la frontera ni con redadas. Es resultado de decisiones desacertadas. Se puede perder más en un mal día en la bolsa que en años de intentar torpemente desatascar el fenómeno migratorio. Para luego es tarde. Siéntense sus señorías sin miedo a sembrar una ley migratoria homologada y no se queden mareando a la perdiz, que eso no da ningún fruto.



