FENASTRAS: una explosión que aún retumba en la memoria a 36 años del atentado
San Salvador.- Han pasado 36 años desde aquella mañana del 31 de octubre de 1989, cuando la sede de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS) en San Salvador se convirtió en el escenario de una de las páginas más trágicas en la historia del movimiento obrero salvadoreño. Sin embargo, para quienes sobrevivieron, el tiempo no ha logrado apagar el sonido de la explosión ni el eco de los gritos y lamentos que siguieron.

“Estábamos en la segunda planta con Chris Norton, un periodista norteamericano. Eran casi las doce del mediodía. Le dije a Febe Elizabeth: ‘Tienes que estar aquí’, y me respondió que tenía hambre y bajó las gradas. No habían pasado veinte minutos cuando fue la gran explosión”, recuerda con voz entrecortada Héctor Bernabé Recinos, entonces líder sindical de FENASTRAS. “Todo se oscureció, caían pedazos de techo, de hierro, humo, polvo… fue un caos. Cuando salimos, el jeep de Chris estaba volcado”, relata.
El atentado dejó nueve sindicalistas muertos y más de cuarenta heridos. Entre las víctimas estaban Febe Elizabeth Velázquez, Luis Vásquez, Daniel Meléndez, Vicente Melgar, Rosa Saravia, Cármen Hernández y una niña que buscaba a su madre, así como otras compañeras y compañeros que aquel día defendían la causa de los trabajadores salvadoreños.

“Aquí les arrebataron la vida a quienes soñaban con un país justo”, dice Susana Rodríguez, otra sobreviviente. “Yo estaba detenida en la cárcel de mujeres por mi participación sindical. Desde allí escuché la explosión, se sintió la vibración hasta Ilopango”.
A más de tres décadas, las heridas siguen abiertas. La investigación, iniciada en el Juzgado Segundo de Instrucción en 1989, continúa sin resolver. No hay culpables señalados. No hay justicia.

Para Recinos, la impunidad pesa tanto como el recuerdo: “El proceso ha sido lento, no obstante el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington ha retomado el caso, apoyando con documentos desclasificados. No descansaremos hasta conocer la verdad”.
El área donde ocurrió la tragedia siempre estuvo vigilada por la Policía Nacional. Vecinos del mercado relataron haber visto a un hombre dejar un costal lleno de explosivos frente a la sede. “Les dijo a los vendedores que se retiraran”, recuerda Recinos. Minutos después, el silencio del mediodía fue roto por una explosión que sacudió la historia del sindicalismo en El Salvador.
Cada 31 de octubre, por decreto legislativo, se conmemora el Día del Sindicalista Salvadoreño. Las banderas ondean, los nombres de las víctimas se pronuncian en voz alta y las generaciones más jóvenes escuchan el relato de quienes sobrevivieron. “Fue sangre obrera la que cayó aquel día —afirma Recinos—, y la memoria histórica nadie la podrá borrar. Nuestro legado será la dignidad y la lucha por los derechos de los trabajadores”.
Treinta y seis años después, el eco de aquella explosión sigue retumbando, no solo en las paredes que resistieron el fuego, sino en la conciencia de un país que aún busca verdad y justicia.




