‘Mi hijo no merecía morir así’: otra familia salvadoreña sin respuestas
San Salvador — En una casa humilde en Cuscatancigo todavía impregnada de llanto y silencio, Manuel de Jesús Meléndez revive una madrugada que desearía olvidar. Los golpes en la puerta anunciaron una noticia que ningún padre está preparado para recibir: la funeraria llevaba el cuerpo de su hijo, Ernesto Antonio Meléndez, de 32 años. Fue sepultado el 28 de noviembre, convirtiéndose en otra víctima que emerge de las sombras del hierro.

Manuel no solo enfrenta la partida de Ernesto. Carga también la preocupación constante por sus otros dos hijos: Mercedes del Tránsito, de 37 años, y Anderson, de 22, recluidos desde hace más de tres años. “Hace unos días le llevé un paquete y no me dijeron que estaba enfermo. Cuando me lo entregaron, tenía muchos moretes en el cuerpo”, lamenta el padre, aún con la voz quebrada. Afirma que nadie del penal de Mariona ni del hospital se comunicó con él.
El dictamen de Medicina Legal señala que Ernesto falleció por sepsis, una infección que —según el documento— no fue controlada. Pero Manuel recibió el cuerpo más de diez horas después, sin una explicación clara. Y mientras busca respuestas, tropieza con puertas cerradas.

“Mire, yo fui a la Fiscalía y me dijeron que estaba por vías de investigación. Pero después de casi cuatro años investigándolo y no hallaban culpable… Yo digo que los custodios son responsables. Y digo que esta muerte no se quede impune. El régimen está criminalizando a los pobres”, sostiene Manuel de Jesús Meléndez.
María Isabel Fuentes Alvarado, madre de Ernesto, se une al dolor. “Yo no he tenido paz. Fui a la Procuraduría de Derechos Humanos y no me resolvieron nada, y ahora me lo entregan muerto. Le hago un llamado al Presidente: ya no sigan con esto. Hay mucho sufrimiento de muchas familias”, implora.

La historia de los Meléndez se repite en decenas de hogares: hijos trabajadores, detenidos a raíz de llamadas anónimas, acusados sin pruebas, familias sin respuestas. Manuel recuerda que sus hijos se ganaban la vida en la albañilería y en la venta de ropa y cosméticos. Ahora, además del duelo, debe enfrentar una nueva herida: “Mi hijo dejó una niña… mi nieta. Hoy queda en la orfandad”.
Mercedes del Tránsito permanece recluida en la penitenciaría de Santa Ana. Los tres hermanos fueron capturados en distintos momentos a inicios de 2022, bajo sospechas nunca aclaradas.

Para Samuel Ramírez, dirigente del Movimiento de Víctimas del Régimen (MOVIR), el fallecimiento de Ernesto se suma a una larga lista. “Esta muerte se enmarca dentro del régimen de excepción. El sistema judicial no funciona. Hasta hoy no hemos visto ningún custodio detenido. Como movimiento, vamos a acompañar este caso”, aseguró.

Mientras tanto, Manuel, María Isabel, y la pequeña que quedó sin padre, son el retrato vivo del sufrimiento silencioso que se ha instalado en cientos de familias salvadoreñas. Un dolor que no hace ruido, pero que se extiende, profundo, por todo el país.



