Hambruna y los niños de Gaza: «Es un genocidio, no una guerra»

Tras casi dos años de guerra entre Israel y Hamás, Gaza está en ruinas, y más de 60,000 personas han muerto, 18,000 de ellas niños, según UNICEF. Este fue el tema de la conferencia semanal de American Community Media (ACoM), cuya moderadora, Pilar Marrero, presentó así: “La mayoría de los dos millones de habitantes de Gaza han sido desplazados, sin hogar, agua potable ni acceso constante a alimentos. Durante meses, muchos han enfrentado lo que las agencias internacionales ahora describen como niveles catastróficos de hambre. A pesar de las reiteradas negaciones de las autoridades israelíes, el consenso mundial es claro: Gaza está al borde de la hambruna”.

Y continuó: “Líderes religiosos, organizaciones humanitarias y jefes de estado de todo el mundo, incluido el presidente Donald Trump, han reconocido la hambruna. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), pidió la semana pasada que se incrementara el tráfico humanitario y comercial hacia Gaza, instando a inundar la Franja con suministros utilizando todos los canales y todas las puertas para combatir el aumento vertiginoso de la mortalidad que acompaña a los bloqueos de la ayuda, la guerra y el hambre”.

La hambruna deshumaniza a las víctimas

El primer orador invitado fue Alex de Waal, director ejecutivo de la Fundación para la Paz Mundial, World Peace Foundation, experto en hambrunas y atrocidades masivas, y también profesor de investigación en la Fletcher School of Law & Diplomacy, Tufts University. Él empezó contextualizando la situación: “Antes de octubre de 2023, la situación en Gaza, aunque dependiente de suministros controlados por Israel, mostraba buenos niveles de salud y nutrición. Tras el 7 de octubre, Israel impuso primero un asedio total y luego uno parcial, restringiendo severamente la entrada de alimentos, agua, medicinas y otros bienes esenciales, mientras realizaba una ofensiva militar que destruyó infraestructuras clave para la supervivencia. Esto provocó desplazamientos masivos y un colapso humanitario. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2024, el sistema IPC (herramienta de la ONU para medir seguridad alimentaria) detectó niveles cercanos a la hambruna, aunque esta no se declaró oficialmente, en parte porque Israel limitó la recopilación de datos al no permitir la entrada de periodistas ni trabajadores humanitarios”.

De Waal siguió contando, en orden cronológico: “A partir de marzo de 2024, la situación empeoró drásticamente con un colapso total del suministro de alimentos. Aunque en mayo se permitió la entrada limitada de ayuda, esta fue insuficiente. Las personas más pobres fueron las más afectadas por la distribución desigual de alimentos. El IPC advirtió recientemente que se está desarrollando el peor escenario de hambruna y se viene una escalada inminente en la crisis, especialmente con el aumento de niños muriendo de hambre”.

La moderadora Pilar Marrero intervino: “Hubo dos meses de bloqueo, entre marzo y mayo, donde no permitían la entrada de nada. Y luego, debido a la presión internacional, crearon la Fundación Humanitaria de Gaza, que distribuye alimentos. Pero esta es una institución israelí-estadounidense, y no ha funcionado muy bien, ¿verdad?”

De Waal respondió: “Es cierto, no es un sistema que cualquier profesional humanitario implementaría. El principio de las operaciones humanitarias es llevar ayuda directamente a quienes más la necesitan, especialmente a los niños. La ONU había establecido en Gaza un sistema eficaz con unos 400 centros, generando confianza en la población. En contraste, la Fundación Humanitaria de Gaza solo cuenta con cuatro centros, tres de ellos en el extremo sur, lo que dificulta el acceso. En estos llamados centros supuestamente seguros más de 800 han muerto intentando conseguir ayuda. La violencia en estos lugares se debe a la desesperación de las multitudes, la presencia de soldados, mercenarios, y la falta de control. Como resultado, los más pobres y débiles no pueden acceder a los alimentos”.

Y fue claro en la responsabilidad de la potencia ocupante: “Israel justifica este sistema para evitar que Hamás se apropie de la ayuda, aunque investigaciones estadounidenses y fuentes del ejército israelí confirman que no hay evidencia de robo masivo de alimentos por parte de Hamás. La ONU tenía mecanismos estrictos para garantizar que la ayuda llegara a los civiles. En el caso de la Fundación Humanitaria de Gaza, no sabe quiénes saquean, lo que cuestiona la eficacia del sistema. Esto puede interpretarse como incompetencia o desinterés por parte de Israel respecto a si Hamás accede o no a esa ayuda”.

En ese punto intervino otro invitado a la conferencia, Afeef Nessouli es periodista y cooperante, recién regresado de nueve semanas de voluntariado en Gaza: “El sistema respaldado por la ONU, en sus 400 puntos daba comidas calientes directamente a la gente. Incluso fui voluntario allí. El 1 de junio, estuve en un comedor comunitario llamado ChabitBraza, que había cerrado recientemente y había dejado que otra ONG se hiciera cargo de la cocina. Solo tenían papas. En realidad, el nuevo sistema fue creado como otra rama estrategia para erradicar a la gente”.

Henrietta Burrows, de East Palo Alto, preguntó: “El gobierno israelí anunció que tomará el control de Gaza. ¿Qué opina de este anuncio? 

Alex de Waal respondió: “Creo va a ser un verdadero desastre. La población de Gaza ha sido empujada más allá del abismo. Obligarlos a desplazarse una vez más es un desastre. El principio fundamental del humanitarismo es el principio de humanidad. El momento en que realmente se ve la hambruna es cuando, en lugar de que una familia pueda compartir el pan, se pelea por él. Cuando se produce esa ruptura, la línea divisoria entre el ser humano y el animal. Pasó con las hambrunas en Bengala, India, el asedio de Leningrado, la Gran Hambruna Holandesa, y toda la historia de Irlanda. Y una de las cosas que realmente resalta es la sensación de humillación y deshumanización que conlleva la hambruna, cuando te obligan a hacer cosas deshumanizantes. Y es fundamental para la experiencia. En Sudán en la década de 1980, la hambruna era no solo una amenaza para sus vidas, sino sobre todo una amenaza para su forma de vida. La destrucción de su digna comunidad. Así que cuando veo los informes de Gaza, y oigo estas palabras sobre humillación y deshumanización, es lo que nosotros, como científicos sociales, historiadores y antropólogos sociales, entendemos por hambruna”.

El mundo no ve a los palestinos como humanos

Otra invitada fue Budour Hassan, investigadora sobre Israel y Palestina de Amnesty International, quien expuso sobre la evolución de la crisis humanitaria en Gaza desde 2022, centrando su relato en los efectos devastadores del asedio y las acciones militares de Israel tras el 7 de octubre de 2023. En ese contexto, destacó: “Aunque la situación ya era crítica antes, lo ocurrido desde entonces no tiene precedentes en magnitud y se ha agravado con la destrucción sistemática de medios de vida, el colapso sanitario y el bloqueo casi total de suministros esenciales”.

Recordó: “En diciembre de 2024, Amnistía concluyó que Israel estaba cometiendo genocidio en Gaza, basándose en patrones de ataques, declaraciones oficiales y acciones como la destrucción deliberada de infraestructuras vitales, la imposición de hambre, enfermedad y desplazamiento forzado.

También señaló: “El tejido social de Gaza se ha roto: la lucha por sobrevivir ha reemplazado la tradicional solidaridad comunitaria. Durante un breve alto el fuego (enero a marzo de 2025), la población intentó recuperar restos de vida, pero Israel siguió negando la entrada de maquinaria para reconstrucción, viviendas temporales y acceso a tierras agrícolas, muchas de las cuales fueron arrasadas deliberadamente. El sistema de distribución de ayuda se convirtió en un mecanismo fallido, militarizado y caótico, donde la gente competía violentamente por comida, y muchos murieron o resultaron heridos en el intento. Testimonios recogidos por Amnistía revelan una deshumanización total, con personas sintiéndose tratadas como animales o incluso peor, con alimentos manchados de sangre de quienes murieron por alcanzarlos”.

En conclusión, Hassan dijo: “Permitir la entrada de más alimentos no es suficiente: es necesario un alto al fuego real y acceso a atención médica. Recuerdo una madre que dijo que no siente que el mundo vea a los palestinos como humanos. Eso lo resume todo”.

Es un genocidio, no una guerra

El tercero en hablar fue Afeef Nessouli, quien ya había opinado previamente ante una pregunta. En su exposición el periodista contó: “Estuve en Gaza entre el 27 de marzo y el 3 de junio de 2025, y desde mi llegada, observé que la población ya sufría hambre severa, con personas visiblemente desnutridas, incluyendo amigos cercanos. Yo incluso, con privilegios relativos, pasé hambre y perdí peso. Trabajé con organizaciones locales como GLEIA y con médicos de hospitales como Al-Aqsa y Nassir, donde fui testigo directo de pacientes desnutridos con heridas graves que no podían ser tratados adecuadamente por falta de suministros médicos básicos, incluida la morfina. También vi como los comedores comunitarios cerraban por falta de recursos, y cómo el sistema de ayuda humanitaria fracasaba sistemáticamente”.

Y continuó denunciando: “Vi como los soldados israelíes disparan deliberadamente contra civiles que intentaban obtener alimentos de centros de distribución. Es mentira que eran combatientes de Hamás. Las personas actúan por desesperación tras meses de hambre, sin conspiraciones, sino como resultado directo de un entorno creado intencionalmente por Israel para llevar al límite a la población civil. Lo que yo vi en Gaza es una forma de tortura y genocidio intencional, con múltiples mecanismos simultáneos dirigidos a eliminar y deshumanizar a un grupo. Pero a pesar de este sufrimiento, resalto la resiliencia, generosidad y vitalidad del pueblo palestino, el mundo solo conoce su muerte, pero ignora su vida y humanidad”.

Pilar Marrero preguntó: “Tengo amigos judíos que apoyan al Estado de Israel y dicen que todo esto lo causó Hamás y niegan la hambruna. Es realmente alarmante ver que la gente esté en esta situación de negación, porque, claro, cada uno tiene su propio punto de vista. Pero ¿cómo debemos abordar este problema? ¿Cómo debemos abordar esto, como periodistas comunitarios, como periodistas que informamos a nuestras propias audiencias en los Estados Unidos?

Alex de Waal respondió: “Dos cosas pueden ser ciertas: Hamás puede ser terrible, e Israel puede ser terrible. Así pues, lo que hizo Hamás el 7 de octubre fue imperdonable. Pero ¿por qué debería castigarse a la población de Gaza por lo que hizo Hamás? Yo mismo soy de origen judío, vengo de una familia judía. Durante generaciones, fuimos desplazados. Fuimos víctimas de pogromos en Rusia, víctimas del nazismo. Y los valores que me inculcaron eran los de defender la humanidad. Y que me digan que soy antisemita porque critico a Israel no lo puedo aceptar. Si Israel no tiene nada que ocultar, debería permitir la entrada a los periodistas, y entonces veremos quién dice la verdad. Hay muchas hambrunas en todo el mundo, por distintas causas, pero no hay otra situación en la que se cuente con un sistema de ayuda de las Naciones Unidas con los recursos, la capacidad, los planes, las habilidades, todo lo necesario para actuar, resolver y actuar. Y no permitirlo es criminal. Si ese sistema se hubiera activado en mayo, habría evitado la situación actual. Ahora tenemos un número creciente de niños con desnutrición aguda grave que necesitan hospitalización y la dificultad creciente para implementar la infraestructura básica”.

Budour Hassan, por su parte, dijo: “Hoy no se necesita solo comida, sino muchas cosas más como la reparación de tierras agrícolas, la reconstrucción del tejido social y la atención a las cicatrices emocionales que la población ha sufrido”.

Además, criticó la narrativa simplificada del conflicto como una guerra entre Israel y Hamás: “Israel está cometiendo un genocidio, y Hamás también ha cometido graves violaciones, muchas veces contra los propios palestinos. Por esto llamo a los periodistas a mostrar el espectro completo de la humanidad de Gaza, y a usar los términos correctos como hambruna y genocidio”.

Por último, Afeef Nessouli cerró la conferencia: “Hay que tener respeto al hablar de esta circunstancia, que es un genocidio. Es un genocidio. No es una guerra”.

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