Inmigrantes, carne de cañón de la convención Republicana

Si faltaban evidencias de que el partido Republicano es hoy el enemigo de todos los inmigrantes, aquí están; nuevamente, la inmigración es el chivo expiatorio de Trump y los inmigrantes, su carne de cañón

Inmigrantes / Foto: J. Emilio Flores

Inició la convención republicana, que durará cuatro días. ¿Les dice algo a los inmigrantes?

Los inicios de las convenciones cada cuatro años, semanas antes de las elecciones presidenciales, son la oportunidad para que los partidos den a conocer sus plataformas, sus ideas, el ambiente en el que perduran. En este caso, el momento para que el presidente Trump haga conocer sus planes para los próximos cuatro años, si es que es reelecto, y para que se ufane de sus logros – los falsos y los verdaderos – en lo que quisiera él que fuese su primer término. Aunque en el primer día de la convención, Trump aclaró que quiere quedarse en el poder por 12 años, algo ilegal, “para fastidiar a los demócratas”.

La plataforma tradicional perdió importancia. Más aún cuando el partido republicano de hecho ha cesado de existir y su estructura es explotada – como si fuese un parásito – por el trumpismo, el culto a la personalidad y el apoyo irrestricto a lo que diga el presidente. Aunque sea un disparate, o se contradiga. Aunque sea, también, ilegal.

En este último ámbito, por más que Trump se autodenomine el mejor presidente desde, “quizás”, Lincoln, sus logros han sido escasos y miserables. El país está en una terrible crisis y al borde de la violencia. Millones de estadounidenses han enfermado del COVID-19, vivimos una recesión al borde de la depresión económica y las tensiones raciales están en la superficie del acontecer diario.

Sí, su mayor logro ha sido dividir a la sociedad estadounidense, mantener el protagonismo constante y dominio de la temática diaria, e infundir odio.

De cualquier manera, es la hora de las nuevas promesas para los votantes.

De las que hizo en 2016 y cumplió, resaltan el nombramiento de dos jueces para la Corte Suprema – tarea en la que no tuvo que ejercer ningún esfuerzo, y sacar al país de las guerras interminables en Afganistán e Irak.

¿Aparte de eso? Prometió no tomarse vacaciones ni jugar al golf, actualizar la infraestructura del país y en general “hacer a Estados Unidos nuevamente grandioso”. Nada de eso ha sucedido. En cambio, son diarios su apoyo a los símbolos de la Confederación, ataques a inmigrantes, demonización de residentes de bajos recursos y cada vez más, su apoyo a las teorías conspirativas más alocadas, las de QAnon.

Esto hace aún más importante para el votante y el observador conocer los proyectos del mandatario. Especialmente en el ámbito migratorio, que enciende la furia y el encono de sus partidarios y las críticas de sus oponentes.

El domingo, la campaña dio a conocer los grandes rasgos del presunto segundo término de Trump, un documento elaborado por un equipo formado por Mark Meadows – excongresista y actual jefe de gabinete -, el coordinador de política interna Chris Liddell, el director del Concejo Nacional Económico Larry Kudlow y personal del Concilio de Política local.

Y si bien aparecen los usuales temas de campaña destinados a obtener aplausos, atención y apoyo, como erradicación del COVID-19, creación de empleos, confrontación contra China, disminución de los precios de medicamentos, privatización de la educación  y apoyo a la policía, es la inmigración lo que nos llama la atención.

Trump, detalla el reportero de La Opinión Jesús García, “implementará acciones para “impedir que los inmigrantes ilegales sean elegibles para beneficios gubernamentales gratuitos”, como atención médica y matrícula universitaria. Asimismo, pondrá fin “a las ciudades santuario para restaurar nuestros vecindarios y proteger nuestras familias”, ya que, explica, “protegen a criminales”.

Además, prohibirá que “las empresas estadounidenses reemplacen a ciudadanos estadounidenses con mano de obra extranjera barata”. Se trata de visas como H-1B, H-2B, L, entre otras.

Además, requerirá que “nuevos inmigrantes puedan mantenerse económicamente”, lo cual alude a la regla de carga pública, según la cual inmigrantes que piden Medicaid (MediCal en California), cupones de alimentos o apoyo para vivienda durante 12 meses en un periodo de tres años estarían descalificados para obtener la residencia permanente.

Esto es parte de un proyecto a largo plazo que permitirá el ingreso ilegal solamente a personas en edad laboral, sin enfermedades crónicas y capaces de sobrevivir sin trabajar. Más claro imposible: inmigrantes pobres, refugiados, víctimas en sus países, tienen las puertas cerradas.

Trump ha equiparado a la totalidad de los inmigrantes a los miembros de pandillas, generando apoyo en su base, por lo que no sorprende que los planes para su segundo término incluyen ampliación de acciones punitivas y preventivas en contra de estos delincuentes.

Todo ello basado, no en legislación y común acuerdo con el Congreso, sino en series de órdenes ejecutivas, algunas de ellas claramente ilegales, y en medio de la secrecía y la confusión.

El plan no menciona el futuro de los Dreamers, ni la separación de familias, ni la deportación de inmigrantes que no son criminales. ¿La razón?

Porque a los Dreamers les había prometido acceso a la ciudadanía en 2016 y ahora lucha en la corte para deportarlos; porque en la separación de familias, que ha puesto a niños en jaulas y los ha separado de sus padres, el gobierno incurre en una política cruel. Y porque para los acólitos de Trump, no hay inmigrantes que no sean criminales.

Otros indicios de la actitud hacia los inmigrantes están en el pomposamente llamado “plan migratorio” que el gobierno dio a conocer en mayo de 2019 y que desde entonces pasó al no glorioso olvido.

Era una creación conjunta de su yerno Jared Kushner y su asesor Stephen Miller.

Según el plan, los permisos de migración serán determinados según las “capacidades” de cada individuo, que como prioridad reemplazará la de lazos familiares. Específicamente, se da preferencia a quienes dominan el inglés, lo que obviamente favorece a oriundos de países europeos, son jóvenes, tienen alto nivel educativo y un trabajo que les está esperando.

Precisamente, ya en 2018, en su primer discurso del estado de la Unión, Trump presentó cuatro pilares de lo que denominó “visión”: ciudadanía para los DREAMERS, seguridad en la frontera, eliminación de la lotería de visas -en donde entre 7 y 14 millones de personas de todo el mundo esperan estar entre los 55,000 aprobados por sorteo- y limitación la inmigración familiar.

Desde entonces, las posiciones de este gobierno hacia la inmigración se hicieron aún más extremas. En lugar de beneficiar a los Dreamers como prometió, trata de deportarlos. En vez de la reunificación familiar, ha operado ataques contra las familias de quienes piden – legalmente – asilo en la frontera. Miles de niños fueron arrancados de sus padres sin control. Centenares está aún perdidos. Y en vez de un sistema racional se avanza el cierre de la frontera para todos.

A la sombra del COVID-19, cunde la política de ahogar también a la inmigración legal. Este gobierno ha adoptado las demandas de sectores intransigentes en el partido Republicano, como el senador Tom Cotton, que ya en 2017 publicaron planes para limitar la inmigración legal.

Nuevamente, la inmigración es el chivo expiatorio de Trump y los inmigrantes, su carne de cañón. Revelando su esencia racista y nativista, esta presidencia demoniza a miles de familias que tratan de entrar desde la frontera sur y los culpan de toda clase de males. Incumple la promesa hecha a los Dreamers, quienes llegaron con sus padres indocumentados al país en su infancia. Y enuncia que solo son bienvenidos aquellos que en la mayoría de los casos, no necesitan inmigrar, y que son europeos y blancos.

Si faltaban evidencias de que el partido Republicano es hoy el enemigo de todos los inmigrantes, las escucharemos en los próximos cuatro días.

Foto: J. Emilio Flores

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