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La manifestación en el Zócalo protegió a los corruptos

Fue el momento de la desinformación y de los 'líderes' impresentables

Un gran número de dirigentes acusados de corrupción y otros que ya hasta han sido encarcelados, fueron los principales líderes de la movilización el domingo 26 de febrero en la Ciudad de México. Desafortunadamente, muchos entre nosotros nos hemos dejado engañar.

“A Genaro García Luna lo está defendiendo AMLO” y “A Felipe Calderón lo engañó García Luna”. Estas son solo dos de las innumerables falsas afirmaciones que llevaron a los asistentes al Zócalo de la Ciudad de México a manifestarse el domingo 26 de febrero.

Claro que decir que todos los participantes fueron acarreados es un exceso, pero de que hubo gente que fue obligada a ir, la hubo y en grandes números. No obstante, es importante reconocer que también participó gente que no fue pagada y salió a las calles con la firme convicción de que iba a “defender” la democracia en México contra el Plan B del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Desafortunadamente, ese fue el engaño, pues el Plan B de la reforma electoral no debilita la democracia, sino que la fortalece.

Recordemos que Lorenzo Córdova y Ciro Murayama fueron elegidos consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) por “dedazo” y a conveniencia de los partidos políticos.

Es por eso que el Plan B propone que la gente elija a los consejeros. Pero de qué sirve decirlo si la mayoría de las personas que estaban en la calle el domingo no había leído el Plan B y, obviamente, lo que decían era lo que los medios masivos tradicionales y los partidos políticos querían que repitieran: que “Obrador quiere apropiarse del INE”, que “Quiere perpetuarse en el poder” y, de paso, “Convertir a México en Venezuela”. No cabe duda de que la ignorancia es atrevida.

Esas fueron algunas de las consignas que se escucharon el domingo en el Zócalo bajo el lema: “El INE no se toca”.

Manipulación rampante

Desafortunadamente la manipulación volvió a ganar como aquel 13 noviembre del año pasado en el monumento a la Revolución. La gente iba con la misma consigna, pensando que de esa forma defenderían la democracia del país, pero lo único que hicieron fue defender los intereses de partidos políticos tan disímbolos como decadentes: Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En esa ocasión la reforma, entre otras cosas, proponía la eliminación de diputados plurinominales, que la gente pudiera votar por los consejeros del INE y una reducción de los excesivos salarios que incluyen a 400 personas que ganan más del doble que el presidente.

Una de las razones por las que se pedía la reducción de sueldos es porque las elecciones mexicanas son de las más caras del mundo, mucho más caras que las de Estados Unidos, que tiene 100 Senadores y 435 diputados representando 50 estados, contrario a México, que tiene 32 estados, 128 senadores y 500 diputados, de los cuales 200 son plurinominales (o sea, de a “dedazo”).

Las personas que marcharon el 13 de noviembre y el 26 de febrero estarían de acuerdo con esas demandas, pero no las conocían y esos dos días, lejos de pedir que las eliminaran, simplemente las protegieron con su lema “El INE no se toca”.

‘Líderes’ y corruptos

Otro punto que es importante considerar tiene que ver con los convocantes y los impresentables “líderes” que llegaron al Zócalo. Gente con la que la mayoría de los mexicanos no quisieran verse involucrada.

Entre los convocantes el domingo había gente del PRI, del PAN y del PRD que han participado en fraudes electorales, que han robado elecciones, que están siendo investigados o han estado en la cárcel por corrupción. Estamos hablando de gente que incluso ya gobernó y generó la desigualdad, la que a pesar de sus incrementos al salario mínimo y sus programas de apoyo social, el actual gobierno no pudo aún revertirla.

Esos mismos personajes son los que quieren regresar al poder para mantener sus privilegios y gobernar como antes, solo para ellos y no para toda la gente.

Estamos hablando de impresentables como el expresidente Felipe Calderón, que declaró una supuesta guerra contra el narco —la que en realidad era una alianza con el cártel de Sinaloa para combatir a sus enemigos—, y que empezó la matanza encabezada por Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública, recientemente encontrado culpable de prácticamente mantener un narco-gobierno.

La «maestra» Elba Esther Gordillo, encarcelada por lavado de dinero y delincuencia organizada; el presidente del PRI Alejandro “Alito” Moreno, acusado de enriquecimiento ilícito, peculado y desvío de hasta 59 millones de pesos, entre muchos otros cargos; Enrique Krauze, quien recibía millones de pesos para producir una revista que luego era comprada por el mismo gobierno, además de ser el artífice de la Operación Berlín, a través de la que se escribían y producían diariamente artículos para hacer pensar a la gente que Obrador era un “peligro para México”; Claudio X. González, dueño de Kimberly Clark que, junto a su padre, apoyó fraudes electorales y han sido salinistas toda su vida; Francisco Martín Moreno, escritor que dijo que quemaría a todos los simpatizantes de MORENA en el Zócalo, etc., etc.

Estos personajes que menciono arriba no son ni el 10% de los impresentables que llegaron el domingo al Zócalo y que han sido parte de sexenios anteriores que no solo empobrecieron, sino obligaron a muchos hoy inmigrantes a dejar México para llegar en condiciones inciertas a Estados Unidos; que iniciaron una violencia que ha matado, dividido y desalojado a millones de familias en el país, además de generar una inseguridad que en algunos poblados todavía se padece.

Sí, son ellos los que dicen que “El INE no se toca”, o mejor dicho, no quieren que se toquen sus privilegios, que han sido afectados porque ya no pueden vivir del erario público o hacer negocios jugosos con corporaciones extranjeras a las que entregaban parte del patrimonio de México.

Tenemos que tener presente que siempre que se convoque a una acción hay que ver quién está detrás de esta y cuáles son los verdaderos intereses. De lo contrario, terminaremos engañados defendiendo los intereses de esas personas y no los intereses del pueblo.

El privilegio de mentir

La estrategia más común de los grupos de derecha es mentir y acusar al enemigo de los actos ilícitos que ellos mismos cometen, como la corrupción, para desviar la atención, apoyándose en los medios de comunicación para confundir al electorado. Recordemos que es esencial para ellos que consideres al actual presidente de México como “corrupto”, pues de esa forma tendrán más oportunidad de regresar al poder.

Toda esta manipulación ha llevado una fuerte dosis de odio contra el presidente mexicano, ya que muchas personas de clase media y sin muchos recursos se han dejado engañar y ahora expresan su odio contra AMLO como nunca antes lo hicieron contra otro presidente.

Esto es un punto más de reflexión: cómo puede haber gente que odia más a AMLO —que ha ayudado a los que más necesitan, invertido en obras para todos los mexicanos y mantenido un peso fuerte sin devaluación como nos tenían acostumbrados—, que a otros presidentes que acribillaron al pueblo mismo o permitieron un saqueo sin precedentes.

¿Cómo nos podemos explicar esta reacción visceral?

Todo esto es gracias a los medios de comunicación en México que mienten, tergiversan, dicen mentiras o sacan de contexto la información del mandatario.

Recordemos que los medios tradicionales mexicanos son parte de ese grupo de poder que perdió privilegios y que espera seguir manipulando a usted y a toda la sociedad, así como convencieron a muchos el pasado domingo, para salir y defender los intereses de esa oligarquía y de los corruptos, y no del pueblo mismo.

Agustín Durán

Agustín Durán es un inmigrante que ha ejercido el periodismo en diferentes medios de Los Ángeles por 23 años y actualmente es editor de Metro de La Opinión. Es graduado de Ciencias de Comunicación en Ciudad de México y tiene una maestría en Comunicación Masiva de la universidad de Northridge. Es padre, esposo y es tan escéptico que no le cree ni a su madre cuando le dice ´te quiero´, se lo tiene que probar.

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