Cuadernos de la pandemia: La Ruta 66 y las Ciudades del Atardecer

South Pasadena, Pasadena, Glendale, Burbank, Arcadia, Azusa, Fontana, son apenas unas de numerosas ciudades del sur de California que fueron parte de esta y otras formas de discriminación y segregación étnica y racial, que incluía desapariciones y linchamientos

Ruta 66
Ruta 66. FOTO:Need

                                 “N…, no dejes que el sol se ponga contigo aquí en ______”
                                 “No mexicanos después del atardecer”
                                 “Solo blancos después del atardecer”

                                 —Letreros a la entrada de pueblos y ciudades en la Ruta 66

Estábamos asistiendo a una reunión del Movimiento Las vidas negras son importantes (Black Lives Matter) en el Parque Garfield de South Pasadena, California, cuando una joven artista y activista habló desde el micrófono refiriéndose a esta como una de las llamadas “Ciudades del Atardecer” (Sundown Towns). Llevo más de dos décadas viviendo en Pasadena, ciudad vecina de South Pasadena, y esta era la primera vez que escuchaba el término “Sundown Towns”. Debí haberlo escuchado mucho antes. Pero no. Fue la primera vez. La joven mencionó brevemente de qué se trataba: ciudades donde no le era permitido vivir a ninguna persona negra, y en la mayoría de los casos tampoco a nadie de origen chino, mexicano, judío, o cualquiera que no fuera considerado “blanco”. Podían trabajar durante el día en diversos oficios dentro de los límites de la ciudad, pero tan pronto empezaba el atardecer tenían que salir, a riesgo de ser expulsados a la fuerza por la policía o por los llamados vigilantes.

Haciendo las conexiones vi que este capítulo, todavía abierto, del racismo norteamericano intenta ser visibilizado en la película The Green Book (El libro verde), dirigida por Peter Farrelly, que ganó el Oscar a la mejor película de 2018 por su retrato de un italoestadounidense que le sirve de chofer a un músico negro mientras viajan por la Ruta 66 dando conciertos de música clásica por ciudades del sur de los EE UU. Luego de explorar la historia de las Sundown Towns uno puede ver que la realidad es mucho peor que la descrita de manera superficial y acomodaticia en la película. El libro en que se basa la trama de la película es una guía de viaje titulada El libro verde para los motoristas negros (The Negro Motorist Green Book), que le ayudaba a los viajeros negros a saber a qué hoteles, restaurantes y sitios recreativos podían ir sin enfrentarse a un rechazo brutal. El editor de la guía, el afroestadounidense Victor Hugo Green, publicaba nuevas ediciones periódicamente con instrucciones actualizadas de un viaje al que los viajeros se exponían al más crudo y despiadado racismo. La película no hace mención al libro de Green, ocultando así una verdad fundamental de esta historia ligada a las leyes Jim Crow de segregación y exclusión.

Las Ciudades del Atardecer alcanzaron notoriedad como resultado del proyecto nacional de construir una carretera que facilitara la movilización desde Chicago hasta las costas del Pacífico en el sur de California. Fue bautizada como la Ruta 66 y eventualmente se convirtió en la carretera más célebre de los Estados Unidos y un símbolo de libertad y progreso de la población blanca. Pueden leerse numerosos libros exaltando la grandeza de los Estados Unidos a través de los paisajes naturales y urbanos de la que fue popularizada con el nombre de La Ruta Madre. Es la autopista de la novela de Steinbeck Las uvas de la ira y de los hippies nómadas de los sesenta. Pero como es típico en la narrativa oficial, toda esta imaginería celebratoria del destino manifiesto ocultaba el lado oscuro del racismo que padecía cualquiera que no fuera aceptado como parte de la “verdadera” identidad “americana”, esto es, todos aquellos que no fueran parte de la población angloestadounidense.

En las afueras de miles de pueblos y ciudades de muchos estados, incluyendo aquellos por los que pasa la Ruta 66, había letreros como los que menciono en el epígrafe. South Pasadena, Pasadena, Glendale, Burbank, Arcadia, Azusa, Fontana, son apenas unas de numerosas ciudades del sur de California que fueron parte de esta y otras formas de discriminación y segregación étnica y racial, que incluía desapariciones y linchamientos. Algunas personas dicen que todo eso es parte de un pasado ya superado. No es cierto. Todavía hay pueblos en los Estados Unidos que siguen siendo Ciudades del Atardecer, como Norwood, un vecindario en Cincinnati, Ohio; o Sapulpa y Broken Arrow, en Oklahoma, e innumerables otras ciudades, que el lector puede encontrar solo con una búsqueda en el internet. O ver el documental The Injustice Files: Sundown Towns, uno de los más reveladores sobre la existencia de esta práctica racista en los Estados Unidos en nuestros días.

Pero una ciudad o un pueblo en los Estados Unidos no necesita ser específicamente una Ciudad del Atardecer para ser clasificada como tal. Los efectos y prácticas segregacionistas contra las minorías siguen latentes en múltiples áreas de la vida del país como la educación, el trabajo y la distribución demográfica y física de los barrios y vecindarios. Resulta evidente que la policía protege más los vecindarios donde vive gente angloestadounidense, a la vez que criminaliza y persigue a la gente en los vecindarios donde vive la población negra y latina. El racismo exacerbado desde la Casa Blanca (nombre ya de por sí diciente), es evidencia de que este es uno de males más persistentes del país. Una de las funciones clave del Movimiento Las vidas negras son importantes es destapar estas iniquidades históricas, nombrarlas, describirlas y trabajar para desmantelarlas. Y esa era la misión de la joven que hablaba en días pasados en el parque Garfield de South Pasadena.

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