Mujeres con poder frente al abuso sexual
México ha madurado: tenemos Presidenta, diputadas, senadoras, rectoras, empresarias, que no ha terminado de emparejar el suelo, pero debemos eliminar cuotas, preferencias y protecciones en contra de cualquier abuso
El departamento de Ciencia Política de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) contrató a tres nuevos académicos, una pareja y un amigo. Los tres venían juntos desde el posgrado y eran íntimos amigos. Ella quedó embarazada y su gestación fue de alto riesgo por lo cual el amigo le ofreció cubrir sus clases. Esto fue suficiente para que la jefa del departamento lo acusara de misoginia y abogara para que otra Universidad no lo contratara. Cosa que sucedió.
Persecución en nombre del feminismo
Era yo director del Centro de Estudios Interamericanos y fronterizos de UTEP y la ayudante/secretaría, que no sabía español ni tenía habilidades mínimas, fue despedida después de mostrar su ineficiencia. La jefa del departamento de Ciencia Política me acusó de misógino y me obligó a ir a una audiencia donde juzgaron si el despido era justificado y sí lo era.
Siendo director del centro, una ayudante fue comisionada para atender al senador Porfirio Muñoz Ledo. Ella (mayor de edad) aceptó una invitación a tomar copas y luego el senador la invitó a su habitación para vacunarla contra la virginidad “porque produce cáncer”. La estudiante con los apoyos de la jefa del departamento me acusó de acoso sexual. La comisión correspondiente pidió reconvenir al entonces presidente del PRD, pero cambiaron de opinión cuando pregunté qué harían si él demandaba. Ejemplos como éstos se encuentran en muchos lugares.
Un profesor de Harvard tomó un año libre después de ser acusado de acoso sexual.
Sin negar el mérito de las quejas de abuso sexual, inclusive los tendederos que ensucian la imagen de alguien que no ha sido juzgado, hay que reconocer que hay muchos casos de abuso e injusticias, sexual y de otro tipo.
Por razones justificadas, se le otorga credibilidad a la mujer que acusa, lo que ha creado condiciones de poder que no siempre han sido bien utilizadas, o mejor dicho, que se abusa del poder.
No siempre se esconde la misoginia o la intención de conseguir favores sexuales en las múltiples interacciones sociales que involucra a ambos sexos, producidas en parte por el afortunado acceso de las mujeres a múltiples actividades. Hasta hay casos de mujeres que acosan a hombres abusando de su poder. Pero además de que las relaciones sociales, de trabajo, políticas, implican roces que no necesariamente tienen intencionalidad de abuso, la consideración del abuso depende de percepciones y sensibilidades, hasta de estados de ánimo.
Al final de cuentas, cuando hay una queja, se crea una situación donde las instancias de análisis -y castigo- se encuentran ante creer la palabra de ella o de él. En muchos casos, hay afectaciones profesionales profundas que llegan a ser injustas.
Las mujeres y el poder
En otro nivel, hay mujeres que en nombre del feminismo se apoderan del espacio público ya sea en una glorieta donde instalan la “mercada”, en un monumento que debe incluir lo que ellas quieren, y cometen actos vandálicos y agreden con violencia a la autoridad, gozan de impunidad porque de actuar contra ellas se levanta una acusación de violencia de género y un conflicto mayor.
Es una tolerancia calculada que llega a ser muy injusta para los perjudicados.
La mujer ha recibido poder y que bueno que así haya sido. Es necesario emparejar el terreno en el empleo, en la política y por supuesto en la sociedad en general. Todavía hay mujeres que son proveedoras y permiten que el hombre tome las decisiones en la casa.
Pero hemos llegado al caso extremo de que criticar a una mujer se convierte en violencia de género. Si una mujer es funcionaria pública o política electa, no adquiere patente de corso. Debe estar sujeta a cualquier crítica y hasta a los ataques, entendiendo que el límite es su condición de mujer, lo que por cierto debe funcionar para cualquier hombre.
Impune quedaron la estupidez de Fox que habló de las lavadoras de dos patas, los dichos abiertamente misóginos de diputados, un diputado que denigra a las mujeres. Esos dichos deben ser motivo suficiente para ser desaforado y anulársele sus derechos de ser elegido por mucho tiempo. Pero se topan con el fuero y en una de esas, tal vez hasta un “parece que lo hizo sin mala intención”.
En el terreno del abuso, encontramos a mujeres que abusan de la tribuna para insultar a quien se les da la gana, también sin ninguna consecuencia.
México ha madurado, tenemos Presidenta, diputadas, senadoras, rectoras, empresarias, que no ha terminado de emparejar el suelo, pero debemos eliminar cuotas, preferencias y protecciones en contra de cualquier abuso.
Eso es también una condición de la democracia.



