Libros, shmibros

Libros, shmibros

Por la calle Corrientes de Buenos Aires decenas de librerías nos ofrecían el conocimiento a través de la palabra impresa. Allí, hojeaba yo polémicos tomos de protesta y volúmenes de pensamiento filosófico; poemarios delgados y novelas famosas. Pero hace muchos años que desaparecieron y yo también desaparecí para mi ciudad natal.

El orgullo de comprar libros

Recorrer las librerías me causaba el orgullo de ser parte del género humano, con su genio creador y las bellezas del alma que había producido. Una sensación que volví a sentir dos semanas atras, cuando crucé la puerta de vidrio de Libros Shmibros, en Boyle Heights.

La libreria es nueva, pequeña y humilde. Abrió un lunes de julio, el mismo día en que la biblioteca pública Ben Franklin, a sólo dos cuadras, cerraba y reducía su servicio a cinco jornadas por semana, por los recortes presupuestarios.

¿Y ese críptico nombre?

“De toda la gente del mundo, tú eres quien menos necesitaría preguntarlo”, me dice David Kipen, su propietario.

Tiene razón. El ‘Schmibros’ es una interjección humorística, casi de autodesprecio, del idish, el dialecto que hablaban mis abuelos y seguramente los de David y que nos une a judíos de todo el mundo con nuestro pasado.

Director de literatura

Y eso, como una semilla en el corazón del Este de Los Angeles, donde yo tambien vivo, en una zona que hace décadas estaba poblada por judios ortodoxos.

Kipen es un escritor y traductor y por siete años el crítico literario del diario San Francisco Chronicle. Abrió Libros Shmibros al retornar a su natal Los Angeles después de un periplo como director de literatura en el gubernamental National Edowment for the Arts. Se mudó a este edificio, en un rincón de absoluta primacia del español. Aquí halló un local que habia estado vacío por años y decidió que era ideal para su propósito. En la misma cuadra hay un pequeño teatro comunitario; más allá, un café de los bohemios y un poco más cerca, un concurrido puesto de tacos y burritos.

Con los siete mil volúmenes acumulados durante su trabajo periodístico y munido de un hondo conocimiento de California, David insufla vida en esta esquina. Llegaron anaqueles,  estanterías y repisas  de diversa procedencia. Escritorios; un par de sofás viejos y sillas para sentarse y leer. Más anaqueles y nuevos libros tapan los anteriores, se enciman y desbordan.

Juventud divino tesoro

Cuando yo llego, dos muchachos hojeaban libros. Divino tesoro: muchos de los textos son Los Angeles y sus alrededores, un lugar al que ahora con la magia de la lectura nos incorporamos.

Aquí está Jonathan, un chico de la secundaria Roosevelt, a quien le interesa la fotografía.    David le enseña un extraordinario tomo, y los dos, fascinados y con los ojos como platos, leen.

Kipen quiere trabajar con las escuelas y colegios comunitarios vecinos, ofreciendo los tomos requeridos por el currículo y publicitando en sus boletines internos para que vengan los muchachos y se inmersen en el insondable conocimiento y el goce del papel impreso.

Libros Shmibros abre a partir del mediodía y hasta las 7 u 8 lunes, miércoles, viernes y ahora, también los sábados. Los libros se prestan y quien los quiera los compra desde un dólar.

Libros Shmibros está en el 2000, East 1st. Street, esquina con Cummings. Venga y lea, y si tiene libros para donarle, aquellos que ha leido y ama, haga patria: compártalos, lléveselos a David.

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Marga Britto
Marga Britto

Quiero ir!!!

Mario Vega
Mario Vega

Gracias Gabriel por incluir este articulo aca y asi dar a conocer el acto heroico del señor Kipen. Yo ya me habia enterado por el LA Times el pasado fin de semana. Pero creo que el señor Kipen necesita toda ayuda que se le pueda proporcionar. Cada año dono libros a la biblioteca de Los Angeles. Ellos tienen un programa que vende los libros donados a precios muy bajos y reusan esos fondos para la misma organizacion. De vez en cuando, algunos de mis libros prefiero que no los vendan, y que los introduzcan al sistema para otros lectores. Algunas… Read more »

Jorge Muzam
Jorge Muzam

Abrir una librería y más encima prestar los libros es un acto heroico y romántico hoy en día, considerando que quien lo desee puede transportar la biblioteca de Alejandría en su solapa a través de un ínfimo disco duro.
Me gusta el sentido del humor del dueño de la librería. Habla muy bien de él.
Un relato amable, evocativo y universal, estimado Gabriel.

Mauricio Campos
Mauricio Campos

Con el corto tiempo que todos tenemos en esta sociedad, no me arrepiento de haberme detenido a leer “Libros, shmibros”. En un artículo corto, Gabriel Lerner, logra crear, como un armador, la posibilidad de ubicación razonable, para todo aquel que desee una brújula
social, espiritual intelectual o filosófica. Sin lugar a dudas, un día de estos visitaré el 2000, 1st St.