Los campesinos, Steinbeck y las voces que no callan

“La hierba de los caminos, la pisan los caminantes”(*)… Es la voz de Victor Jara parte de la música de mis días, cuando voy manejando por las rutas de California.

Hace poco menos de tres semanas, fui con mi hijo a la ciudad de Salinas. Allí donde vivió el escritor John Steinbeck, quien hace más de treinta años, cuando emigré de Argentina a Estados Unidos,  se convirtió en mi amigo americano imaginario.

Ser migrante

En esos años, mi inglés era tan precario que no me permitía responder a los saludos ni participar de las conversaciones de las calles donde vivía.

El mapa emocional del migrante se construye con los años. A medida que nos vamos arraigando, las raíces se van asentando al nuevo suelo. Nuestros pasos van construyendo ese nuevo territorio y vamos así desandando ese camino que dejamos en nuestro país de origen, y pusimos en nuestra valija al emigrar.

Steinbeck fue el primer escritor que leí en inglés y su libro Tortilla Flat fue esa herramienta con la que fui incorporando un idioma que se me resultaba difícil y escurridizo. Desde sus relatos, fui construyendo una nueva pertenencia y el ejemplar de ese libro ocupa desde entonces un lugar de cercanía en mi mesa de luz. Una linterna para alumbrar la oscuridad que a veces da el desánimo y la nostalgia.

Emigrar, cambiar de suelo, lleva un aire marcado por el polvo de la pérdida. Una brisa leve que acarrea esa arena desgranada de recuerdos, de personas y lugares que ya no están. Cuando ese viento sopla fuerte, andar caminos es una manera de ir al encuentro de ese vendaval. Un volver a construir partidas para rearmar regresos.

Desde la carretera 68 West se ven maquetas de cartón, enormes, de campesinos trabajando la tierra. Sobresalen por entre las cosechas, como las imágenes felices que los dueños de esas tierras pretenden proyectar. Pero la realidad es otra.  Salarios magros y condiciones inhumanas en las que trabajan hombres y mujeres migrantes, en su mayoría mexicanos.

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Steinbeck, nacido y criado en Salinas, escuchó sus voces y les dio presencia a sus vidas silenciadas. A sólo cuatros cuadras del Museo Steinbeck, se encuentra  La Unión de Campesinos, con su redondo cartel de “¡Sí Se puede!».  A dos cuadras más,  está la casa donde el escritor nació y vivió hasta su adolescencia.
En septiembre de 1960 Steinbeck, en su autocaravana «Rocinante», recorrió casi veinte mil kilómetros atravesando más de treinta cuatro estados del país. Su única compañía fue su caniche francés, Charley. Su anhelo era registrar las costumbres y el habla de la gente. De esa travesía quedó su libro,  Viajes con Charley, en busca de Estados Unidos».

Durante ese viaje, pasó por Salinas a visitar a sus hermanas. A Steinbeck le molestaba esa popularidad de personaje de Walt Disney que le habían otorgado en su ciudad natal. No era ese su mensaje, ni el propósito de su obra. No pudo quedarse más que un par de días, antes de seguir viaje.

El escritor John Steinbeck con Charley, acompañante de su viaje por los caminos de America.

La marcha campesina y el apoyo del pueblo

A principios de este mes de agosto, y bajo el sol inclemente del verano, los bisnietos de los personajes de Steinbeck comenzaron una épica caminata, honrando la lucha de los principios pacifistas que sus líderes César Chavez y Dolores Huerta les legaron. Caminaron por 24 días, acompañados por aquellos que los apoyaron, desde Delano hasta Sacramento, para pedirle al gobernador de California Gavin Newsom que firmara la propuesta de ley AB 2183: El derecho para poder votar, por correo y en forma privada, a los representantes de sus sindicatos.

Marcha campesina a Sacramento por la firma del Gobernador

Este pasado 26 de agosto, los peregrinos llegaron a Sacramento. La ciudad se inundó de banderas y bocinas. Los obreros de la construcción se acercaron con sus teléfonos celulares para saludar y filmar a esa caravana de trabajadores del campo, que avanzaban juntos a sus pequeños hijos. Mujeres con el rostro de César Chavez en el lado izquierdo de su pecho, formaban parte de la enorme columna humana que cantaba “El pueblo unido jamás será vencido”.

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Marcha de campesinos a Sacramento

El tedio de las oficinas y la burocracia se vio sacudido por una jornada de lucha. Los invisibles, los que proveen a toda California de alimentos, los que pagan impuestos sin obtener beneficio alguno, los condenados a la ilegalidad, tomaron las calles y se hicieron escuchar. 

Eran miles de personas que aplaudían, recibiendo la heroica lucha de los campesinos en demanda por sus derechos. Reclamaban una vida digna, con igualdad de condiciones, por el derecho a votar por sus representantes desde sus casas, sin acoso ni intimidación.

‘Con libertad y justicia para todos’

Pero Estados Unidos de América, esa América a la que Steinbeck se esforzó en escuchar y dilucidar hasta el final de sus días, sigue desoyendo a quienes la construyen y la habitan. “For liberty and justice for all”… Por justicia y libertad para todos, dice el Juramento de Lealtad de Estados Unidos.

Marcha campesina a Sacramento

Un juramento que los niños de estos campesinos recitan al iniciar sus días en sus escuelas, sabiendo que ni ellos ni sus padres son parte de ese “todo”.

Después de 335 millas caminadas, después del sacrificio, de la unión y de la solidaridad de la comunidad con los trabajadores para la obtención de este derecho básico y fundamental, como es el voto privado, el gobernador Newson contestó que esta demanda no puede darse porque es “untested”, una demanda “no probada”. 

Quizás el gobernador no esté caminando por las mismas calles por la que transitan los campesinos y el pueblo que demandan dignidad y justicia. En sus recientes declaraciones para el programa Democracy Now, Teresa Romero, presidenta de UFW, dijo que «Newsom no ha expresado que no firmará. Hemos negociado nuestro proyecto de ley con algunas enmiendas y se está votando en el Senado. Todavía hay una posibilidad de que pase la ley,  pero la aprobación definitiva dependerá de la firma del gobernador».

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Es difícil aceptar que los que trabajan la tierra y alimentan a uno de los estados más ricos del país, no tienen garantizados sus derechos civiles básicos. Para ellos manifestarse y movilizarse para lograr sus conquistas, es exponerse al riesgo de ser detenidos y deportados. Esas son las condiciones  “tested”, “probadas”, en las que viven todos los días.

Marcha a Sacramento

Si cada habitante de California toma conciencia de estas injusticias y se solidariza con esta causa, esta terrible realidad podrá transformarse.

Necesitamos expresar nuestro apoyo para que así sea. «Llame al Gobernador Newsom para decirle que firme AB 2183,  para que los campesinos tengan el derecho de votar por la representación de una unión:  916-445-2841. O bien firme la petición por la Unión de Campesinos en su sitio de internet.

¡Si se puede! La lucha continúa.


(*) De Que la tortilla se vuelva, canción del español Chicho Sánchez Ferlosio, popularizada por el conjunto chileno Quilapayún.
Perfil del autor

Adriana es educadora en el Distrito de San Carlos, California.Tiene una licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Políticas, de la Universidad Nacional de Rosario. Madre de Dante, un joven autista de 23 años, Adriana disfruta en escribir crónicas diarias, que ella ha titulado "Fotos con palabras". Sus textos pueden verse en Facebook. También ha publicado en las revistas Urbanave y en Brando, del Diario Nación y Página 12 Rosario.

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