Por el regreso a la normalidad

No vamos a salir del círculo vicioso de apertura y cierre sin un porcentaje suficiente de la población que esté vacunada. Aunque en cada estado ese porcentaje fluctúa, no hemos llegado a él en la mayoría de los casos

Australia dijo esta semana que reabrirá sus fronteras a los viajeros vacunados en febrero. Esto revivirá su sector turístico. La inmigración se reanudará. 

Lo mismo sucede en otros países. Dinamarca está anulando todas las restricciones.

¿Estamos listos para seguir el camino de Australia y Dinamarca?  ¿Es ya el momento de volver a la normalidad, de arrojar las mascarillas, volver a viajar, pasear, a salir a las calles, a llenar los cines y los estadios? 

Por primera vez podemos comenzar a considerar positivamente esa posibilidad. 

Australia, eso sí, se puede permitir anunciar con bombos y platillos el comienzo de la victoria sobre el virus porque, al igual que otros países, su población lo combatió incesantemente, gracias a lo cual sus tasas de hospitalización y muertes han sido relativamente bajas. Más aún en Dinamarca. 

Aquí es distinto. Pero la situación no es uniforme. A juzgar por las cifras de internados con COVID en los hospitales,  las diferencias entre los distintos estados de nuestro país son considerables. En ese sentido hay dos Américas. En una, la gente se vacuna, respeta las disposiciones que previenen contagiarse y que ellos contagien a otros. Ahí, pese al azote del Ómicron, una variante extremadamente contagiosa, la tasa de hospitalizaciones y el número de muertos baja rápidamente. 

Pero en otros, los gobiernos han convertido el resguardar la vida contra un virus en una cuestión política absurda de supuesta libertad. Allí la vacunación y la portación de mascarillas fue mínima. La hospitalización y mortalidad, las más altas. 

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Y allí, los gobiernos han querido pasar a la normalidad sin haber cumplido con los requisitos que esta impone. Demasiado temprano.

Sin embargo, en otros, ya es momento de aflojar y reanudar la vida común. 

No es factible generalizar. Cada estado tiene su situación, su política, capacidad y características culturales que lo definen. 

Pero la reapertura, con sus elementos específicos, concretos, está sucediendo también en estados demócratas. Así, los gobernadores demócratas de Nueva Jersey y Delaware han establecido ayer plazos para el fin de los mandatos de máscaras escolares.

Esto se considera, correctamente, como una una señal del retroceso del COVID-19.

Como jefes del ejecutivo estatal, estos gobernadores deben procurar, primero por la salud de la población que representan y que los envió a su puesto. Además, por la prosperidad económica y la estabilidad social en su estado. Esa es su obligación. 

Vemos un cambio en la tendencia respecto a las restricciones. Era hora, dos años después de la pandemia.

En todos los estados las poblaciones están exhaustas. La ayuda federal a las familias trabajadoras se agota. La reapertura de la economía inevitablemente incluye aflojar la severidad en la aplicación de limitaciones. Estamos de acuerdo. Hay que reabrir. 

Pero también hay que vacunarse. No vamos a salir del círculo vicioso de apertura y cierre sin un porcentaje suficiente de la población que esté vacunada. Aunque en cada estado ese porcentaje fluctúa, no hemos llegado a él en la mayoría de los casos. 

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Es necesario. Para que volvamos a la normalidad todos, sanos y salvos. 

 

 

 

 

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