Sandro y coronda, un amor de verano
Sandro junto a su padre artístico Oscar Anderle. A su lado el Dr. Leopoldo Chizzini Melo, autor del libro y ex-ministro de educación de la Provincia de Santa Fe; Werfil Castro quien era dueño del Microcine donde se estrenó el film y los niños protagonistas Rodolfo Di Nucci (Tacuara) y Gabriel R. Avalos (Chamorro).

Como un amor primaveral, corría el año 1966 y el Gitano filmaba su primera película, “Tacuara y Chamorro, pichones de hombre“,  en los pagos de la vieja ciudad de Coronda, (Provincia de Santa Fe, Argentina), sobre el río que lleva su nombre, brazo del Paraná, y en donde se realiza desde el año 1961 la Maratón Acuática Internacional Santa Fe- Coronda (1).

La cinta fue estrenada en abril de 1967 en el “Microcine” cuyo dueño Werfil Castro aparece en la foto junto a Sandro, el autor del libro Dr. Leopoldo Chizzini Melo y los dos niños protagonistas de “Tacura y Chamorro” Rodolfo Di Nucci y Gabriel R. Avalos.

El film fue dirigido por Catrano Catrani, según los cuentos “Tacuara y Chamorro” y “Los Oscuros Remansos” de Leopoldo Chizzimi Melo; ex ministro de Educación de la Provincia, docente, abogado, escritor y quien disfrutaba vacacionando en las costas del Río Coronda.

No es de extrañarse que nuestro querido Sandro de América, al igual que el escritor se vieran seducidos por esta estrecha relación entre el hombre y la naturaleza reflejada en la cinta. Su paisaje de litoral, entre riachos e islas, canoa sorteadora de líquidos meandros, con la amistad del isleño y la pausa de un buen mate entre sus manos, escuchando los relatos de viejos criollos frente a un fogón.

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El Gitano, joven veinteañero, y su personaje “Severino…cara de zorrino”, al igual que los niños que protagonizan a “Tacuara y Chamorro” no escapó al colorido relato de esta obra que sólo puede ser escrita y narrada por personas con una admirable capacidad de observación, amor y leal cariño por la vida.

Los hombres sensibles, reales, tienen la capacidad de mostrarnos en sus letras, sean canciones, libros o consejos, la realidad, la verdad. Nos dan la valentía de emocionarnos con una competencia de barriletes, un torneo de pesca o las carrozas del pueblo que a pura voluntad y papel picado recorren cada año las calles de arena.

La de Tacuara y Chamorro, pichones de hombre es una historia al mejor estilo de la cinematografía americana y esos cuentos de Disney a quién hace alusión la dedicatoria del final. Tampoco le falta ese fiel compañero de aventuras, el perro, llamado aquí Gringa pero que bien podría ser Lassie.

Todo esto bajo el paisaje colorido de un rincón del litoral que vio Charles Darwin en su viaje a Santa Fe en octubre de 1832 y luego retrató en su libro. El célebre científico escribió: “los admirables huertos que rodean estas aldeas, son los más lindos que he podido ver jámas”. Darwin se refería a las extensas plantaciones de frutilla, producción principal de Coronda.

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Este cultivo inicio en 1919 y años más tarde con miras al mejoramiento parietal, la agronomía regional local introdujo en 1947 diversos cultivos originarios, precisamente de Los Angeles, California (2) .

Una genuina, cálida y sencilla historia, sobre la jugosa vena del litoral, para todos los niños del mundo en su mundo de niños. Como eran las letras de Sandro con la risa y el llanto, sin edad y sin fronteras.

Sandro junto a su padre artístico Oscar Anderle. A su lado el Dr. Leopoldo Chizzini Melo, autor del libro y ex-ministro de educación de la Provincia de Santa Fe; Werfil Castro quien era dueño del Microcine donde se estrenó el film y los niños protagonistas Rodolfo Di Nucci (Tacuara) y Gabriel R. Avalos (Chamorro).

Escena:

Tacuara y Chamorro (Pichones de Hombres)

La película completa:

 

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