sábado, octubre 16, 2021

Un 5 de septiembre como hoy

En el D2, me torturaron; en la UP1, los soldados del general Menéndez nos mantuvieron en condiciones inhumanas y fusilaron a 30 compañeros; en Sierra Chica, me enteré que Amnistía Internacional me había adoptado como prisionero de conciencia

Hoy es el aniversario de una muerte que, por esas cosas, fue revertida o postergada. O algo equivalente. La cuestión es que fue un 5 de setiembre cuando terminó mi vida anterior y empezó mi otra vida. Porque ese es el día cuando oficiales de inteligencia me arrestaron mientras tomaba un café en una confitería céntrica en la entonces políticamente convulsionada ciudad de Córdoba, en donde mi participación en el movimiento estudiantil y sindical era considerada subversiva. Era el comienzo del terrorismo de estado que azotaría a Argentina durante la década de 1970 y comienzos del 80.

Café El Ruedo

Fue en El Ruedo. Un café frente a la plazoleta donde está vigilante el fundador de la ciudad, don Gerónimo Luis de Cabrera. Era temprano y la gente circulaba apresurada para llegar a sus trabajos. Miguel Ángel, Alejandro y yo desayunábamos tranquilamente después del turno noche en IKA-Renault.

Y parece que todo comenzó cuando al poco diestro mesero que trajo algo en su bandeja se le cayó el moñito y a Alejandro se le escapó una risita.

A los pocos minutos, el café estaba rodeado por las fuerzas de seguridad y nosotros camino al comienzo de una pesadilla que, en mi caso, duraría más de 4 años en el centro de detención clandestino D2 y en prisiones políticas como la temida UP1 de Córdoba; Sierra Chica, en las cercanías de Olavarría; y, finalmente, la UP9 de La Plata. Después, no me permitirían salir del país hasta abril de 1980.

Seis meses atrás, después de una seria enfermedad que me hizo repensar muchas cosas de mi vida, retorné a mi Córdoba querida para reconstruir ese pasado. Y me ocurrió algo más que interesante.

Estaba con mi hijo y mi hermana y, en ese viaje de explicaciones históricas y políticas, como es lógico pensar, lo primero que hicimos fue ir a El Ruedo que es donde todo había comenzado. Nos sentamos a cenar en las mesas de afuera, aunque todavía se sentía la brisa de fines del invierno cordobés. Y en determinado momento le pregunté al mesero, que se llamaba Damián, si sabía sobre la historia de El Ruedo.

Memoria sospechosa

Nos contó lo poco que pudo recordar, ya que él era relativamente nuevo, pero mencionó que quien tal vez supiese más era otro mesero, Julio, que había trabajado desde la década del 70. Por supuesto que la mención de la década del 70 encendió una lucecita roja. Después de todo es la época en la que la Triple A, el Comando Libertadores de América y después las juntas militares impusieron el terrorismo de estado en Argentina.

Un 5 de septiembre como hoy
Cuadro del antiguo El Ruedo que cuelga en el local. FOTO: NF

Me levanté para ir al baño y, distraídamente, me aseguré de conseguir cruzar pasos con Julio. Entablamos una amable conversación sobre el cuadro con una foto vieja de El Ruedo que cuelga en una pared del establecimiento y lo elogié por sus muchos años de servicio. Me agradeció y, más tarde, se acercó a la mesa y nos saludó.

Aproveché para indagar un poco más sobre lo de la “década del 70” y me confirmó que trabajaba allí en esos años y que, en realidad, ese tiempo “era una época de más seguridad”. Y cuando dijo eso se congeló la imagen, los sonidos se apagaron y se me encendió la segunda lucecita roja. Que ya no era una lucecita sino un semáforo inmenso y más rojo que nunca. Y comenzó la especulación, las conjeturas, las comparaciones. ¿Y si…?

¿Sería este Julio el joven mesero al que se le cayó el moñito? De ser así, ¿la risa de Alejandro, habría sido la causa de que el mesero se sintiera humillado y llamara a alguien y ese alguien decidiera investigar a esos estos tres ´pibes´ con posibles panfletos subversivos en la mesa (eran inofensivos logos del nuevo modelo Renault)?

¿Sería el mozo un informante de los servicios? Porque después de todo, ¿cómo es que la patota de inteligencia del D2 apareció tan rápido?

Torturas, golpes, humillaciones

En el D2, el agente de inteligencia Calixto “Chato” Flores me torturó; en la UP1, los soldados del ex general Luciano Benjamín Menéndez nos golpearon, humillaron, nos mantuvieron en condiciones inhumanas y fusilaron a 30 compañeros; en Sierra Chica, me enteré que Amnistía Internacional me había adoptado como prisionero de conciencia; y en La Plata, cuando comenzaba a perder la esperanza, me liberaron un soleado 14 de julio.

Un 5 de septiembre como hoy
Luciano Benjamín Menéndez

En Canadá, a donde fui como refugiado político, y en Estados Unidos, me dediqué a la educación y al periodismo. Aunque como sociólogo no creo en el American Dream, mi caso personal sugiere lo contrario.

Llegué con solo $150 dólares en el bolsillo y una valija prestada y terminé con una vida de clase media, educando a generaciones de jóvenes estadounidenses sobre la importancia de la justicia social, escribiendo mis editoriales sin miedo de que me vengan a secuestrar en medio de la noche, teniendo un hijo que se graduó de Harvard University y que mantiene los mismos valores éticos que alguna vez me empujaron a trabajar por una Argentina más justa y democrática.

Calixto "Chato" Flores
Calixto «Chato» Flores

Los generales, presidentes, los agentes de inteligencia, incluyendo el general Menéndez y el “Chato” Flores, que secuestraron, torturaron y asesinaron, terminaron en el banquillo de los acusados con sentencias que los mantendrán en prisión por el resto de sus días por crímenes de lesa humanidad. Como cierre de un círculo personal, el 28 de julio de 2010, tuve la satisfacción de estar en el juicio de estos criminales y gritarle “asesino” a Menéndez.

Los libros de historia ya hablan del terrorismo de estado de la dictadura cívico-militar argentina como una de las experiencias latinoamericanas más horrendas. Para mí, esa historia comenzó con un café, un mesero  y el «Chato» Flores en un 5 de setiembre como el de hoy.

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Néstor Fantinihttps://twitter.com/nestorfantini
Co-editor de HISPANIC LA y profesor adjunto de sociología en Rio Hondo College, Whittier, California.

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