Victoria de Trump, derrota de la ilusión

Iniciar el juicio político fue un error. Aquellos que lo promovieron insistieron aún sabiendo que el “impeachment” sería rechazado por el Senado. Sí, lo hicieron por decencia y por esperanza de un milagro. Pero es difícil creer que no sospecharon que el rechazo sería tan contundente como lo fue

Victoria de trump, derrota de la ilusión

El juicio político al presidente Trump está a punto de concluir con una victoria del Presidente y la derrota del sentido común. 

Lo que comenzó con con trompetazos y bravuconadas terminó en susurros y resignación. 

La suerte fue echada cuando el Senado decidió prohibir nuevos testigos – todos los cuales irían a confirmar los cargos – y determinó que este sea el “impeachment” más breve de la historia.

La crisis del partido Republicano llegó a un punto sin retorno en su capitulación final y total al culto de Trump. Sus senadores apoyan a un presidente inepto y peligroso aunque muchos saben que apoyan una mentira y lo hacen por simple miedo. Esta vergüenza es solo consecuencia natural de haber aceptado a Trump y vendido sus ideales por su supervivencia política personal.

El final del proceso encuentra al país más dividido que antes. Quienes apoyaban a Trump lo hacen más, aferrados a la idea del caudillo infalible. Quienes lo oponen están decepcionados e incrédulos y dudan de su capacidad de derrotarlo en las urnas.

Iniciar el juicio político fue un error. Aquellos que lo promovieron insistieron aún sabiendo que el “impeachment” sería rechazado por el Senado. Sí, lo hicieron por decencia y por esperanza de un milagro. Pero es difícil creer que no sospecharon que el rechazo sería tan contundente como lo fue. 

Trump sale “inocente” de las ilegalidades acusadas, una pequeña fracción del total que en realidad cometió. Fue fortalecido. A partir de ahora carece de trabas. ¿Qué no hará para ganar las próximas elecciones?  

Mientras se desarrollaba el juicio, la administración aprovechó para avanzar su agenda reaccionaria y regresiva.

Entre otras, modificó las reglas de Medi-Cal para reducir sus beneficios y la cantidad de beneficiados. 

Expandió su controversial prohibición de ingreso a EEUU de países musulmanes agregando a la lista a Kyrgyzstan, Myanmar, Eritrea, Nigeria, Sudan y Tanzania. 

La sociedad estadounidense está en una profunda crisis. A esta altura, es difícil sostener que EEUU es un país diferente y excepcional. Las diferencias económicas han crecido; la pobreza se institucionaliza y la carencia de hogar se convierte en un espectáculo creciente y diario.

Somos una sociedad violenta, en donde la tenencia de armas por la población está permitida por la Constitución y donde matanzas masivas se repiten, a cual más mortífera. 

Los estadounidenses están más enfermos: en los últimos tres años la longevidad ha descendido, por primera vez desde la Primera Guerra Mundial, mientras que subió en otros países desarrollados. 

A esta altura y a solo nueve meses de las elecciones presidenciales es menester recordar que son una oportunidad para corregir el rumbo del país y detener la caída de la democracia.

Más que nunca, quien es ciudadano debe registrarse y votar; quien puede naturalizarse, debe hacerlo ahora; quien no puede, debe ayudar a que otros voten. El tiempo apremia.

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