Trump pierde: la paradoja de la lista de candidatos demócratas

A primera vista, hay algo en la lista de precandidatos del partido Demócrata a la presidencia que disgusta a muchos. 

¿Quién derrotará a Trump?

No ven a quien a sus ojos, es capaz de derrotar a Trump en los comicios nacionales de noviembre. A quien entusiasme no solamente a ellos, los convencidos, los que están agotados de la pesadilla llamada Trump, sino a los mismos “Trumpistas”, a los que votan por él, a sus incondicionales. Eso buscan, ni más ni menos. Y se retuercen y agitan porque no lo encuentran.

¿Quién es ese “misterioso” y “noble” “caballero” que según ellos no está por ninguna parte? 

Les hace falta un San Barack Obama, pero blanco. 

Un galán, preferentemente senador o gobernador, entre 50 y 60 años. Que sea buen mozo, que sea impecable, que sea hecho para las grandes ocasiones. Que hable bien. Ah, y no extremista por favor, aunque, claro, la definición de “extremista” cambia cada día. Yo lo soy para tí, tú para tu vecino. Pero, dicen, ni demasiado de izquierda ni de derecha.

En realidad sus posiciones, piensan, importan poco. Y que sea él, no ella.

Lo importante es que le gane a Trump, se repiten, sin saber que se contradicen.

Quizás no se dan cuenta de que en su fantasía han descripto a una figura de sitio de casamientos. Que se han quedado detrás de la historia. Y que ese personaje místico, de la mitología griega, será su héroe hasta el minuto en que pise el asfalto hirviente de la contienda contra Trump, a quien llaman fantoche, canalla, inútil, pero que ha logrado consolidar su poder y liderar a un partido al que hasta hace pocos años llamaban Republicano. Y que deberá entonces ensuciarse las manos.

Falta gobernadores, sobran millonarios

Sí, se quejan de que falta un gobernador. Como Clinton, Carter, como Bush, que vinieron, vieron y vencieron.

Pero varios gobernadores como Steve Bullock de Montana, o Jay Inslee del estado de Washington, o John Hickenlooper de Colorado, renunciaron a sus candidaturas, porque no lograron juntar, ni apoyo en los sondeos de opinión pública, ni suficientes donaciones. A otros como Deval Patrick, ex de Massachussets, no se los oye.

Se quejan también de que para tener éxito en las primarias los candidatos ser multimillonarios, poner dinero propio y así no depender de los favores de donantes. Dos magnates cumplen esas condiciones, Michael Bloomberg y Tom Steyer. 

Pero ocupan los puestos 8 y 10 en la mayoría de las listas y sus probabilidades de éxito son actualmente pocas. 

Ni les gusta Elizabeth Warren, porque es mujer, y “extremista” y porque Trump la tiene definida y la llama Pocahontas. 

No les gusta Bernie Sanders porque es socialista, judío y anciano. Ni el mismo Biden por su edad y porque no siempre dice lo apropiado. Perdón, fui demasiado delicado: porque se le traba la lengua y se complica. O poque no apoya suficientemente a los indocumentados. O porque Trump se lo va a comer vivo por los negocios de su hijo en Ucrania.

¿Pete Buttigieg de Indiana? Bien, por la claridad de su pensamiento y la buena impresión de su figura. Lástima, se dicen, que sea abiertamente gay.

No les gusta nadie, nadie

Así, van descalificando a todo el grupo. Llegan al increíble extremo de resucitar del basurero de la historia a Hillary Clinton.

Entonces se llenan de angustia y desazón, pronostican amargamente un desastre en noviembre y con lágrimas en los ojos lamentan el fin del mundo.   

Pero la verdad es que la lista de candidatos presidenciales es extraordinariamente diversa. Y que es una excelente representación de Estados Unidos de hoy. Que de una vez por todas los candidatos a presidente representan “América”. Que quienes hasta ahora no cumplían los requisitos del “USA” blanco ahora tienen serias, buenas probabilidades de salir con la nominación. Incluyendo a mujeres que no tienen la ventaja de haber sido esposas de un presidente.

Nobody knows, como dice Trump

Biden y Sanders, son experimentados y por su edad, no le tienen miedo a nada.

No sabemos quién ganará. Trump, aunque la tiene cuesta arriba, aún puede sorprender por segunda vez y sumir al país y al sistema internacional en la mayor de las consternaciones. Y a todos nosotros en una crisis existencial.

Pero él mismo ha estado preparando el cepo en el que caerá por su propio peso. Y el país tiene una excelente oportunidad de balancear la pesadilla de sus cuatro años con un excelente presidente, que realmente represente a nuestro país. Y quizás sí, pierde Trump. 

Uno, o una, del grupo que actualmente compite.

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