Guatemala, las líneas de su mano, en la novela de Vargas Llosa

La última obra de Mario Vargas Llosa, (Arequipa, Perú, 1936), “Tiempos recios” (Alfaguara, 2019), se desarrolla en Guatemala, el corazón de las tinieblas de Centroamérica, país de la eterna primavera y estirpe de tiranos como Rafael Carrera, Manuel Estrada Cabrera, Jorge Ubico

Tres hurras por mario vargas llosa
Tiempos recios, última novela de Mario Vargas Llosa

La última obra de Mario Vargas Llosa, (Arequipa, Perú, 1936), “Tiempos recios” (Alfaguara, 2019), se desarrolla en Guatemala, el corazón de las tinieblas de Centroamérica, país de la eterna primavera y estirpe de tiranos como Rafael Carrera, Manuel Estrada Cabrera, Jorge Ubico.

Es la región de los nahuas que crearon el calendario más perfecto del mundo y de los eternos mayas inventores del cero; la zona sagrada de los soldados kaibiles anticomunistas que devoraban aún palpitante el corazón arrancado al enemigo.

Guatemala, con un 43% de indios, tierra quemada por siglos de injusticia, racismo, bananeras, guerras civiles, despiadada explotación del hombre por el hombre, cuya población indígena posee uno de los índices de desnutrición más alarmantes del mundo.

De este universo mítico cuyas señas de identidad fueron esbozadas por otro Premio Nobel, Miguel Ángel Asturias, por Luis Cardoza y Aragón, Rafael Arévalo Martínez, Otto René Castillo o Augusto Monterroso, se nutre “Tiempos recios”, escrita por uno de los paradigmáticos representantes del “boom” de la literatura latinoamericana.

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El corpus de la novela gira alrededor del coronel constitucionalista Jacobo Arbenz, que ganó abrumadoramente en 1950 la presidencia, trató de impulsar reformas básicas para dar el salto del feudalismo en el cual se ahogaba el país, hacia la modernidad. Ese fue su crimen; su castigo, un golpe de Estado made in USA.

“Tiempos recios” es otra de las novelas maestras del escritor hispano-peruano, a la altura de “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Conversación en la catedral”, “La guerra del fin del mundo”, “Lituma en los Andes” o “La fiesta del Chivo”. En ellas Vargas Llosa desarrolla una fascinante trama que atrapa al lector desde la primera a la última página. Y testimonia que su verdadero oficio no es el de analista político, eterno polemista, provocador, enfant terrible o apologeta del neoliberalismo, sino el de escritor.

En “tiempos recios”, la historia de Guatemala guía la pluma del escritor en una urdimbre donde el autor domina a su antojo los diversos planos narrativos, y se convierte en el deicida que sustituye a Dios en el universo de la novela caracterizando, o creando, magistralmente a sus personajes. Y es que la historia de Guatemala en lo que va del último siglo, habrá sido la historia de una serie de dramáticas frustraciones, la mayor de las cuales fue sin duda la interrupción brutal en 1954 de la experiencia del gobierno democrático progresista del Presidente Jacobo Arbenz mediante la intervención del coronel Castillo Armas al mando de un ejército mercenario entrenado y financiado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

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Este modelo intervencionista devendría con el tiempo en un paradigma que la CIA aplicaría a diestra y siniestra en el continente americano (Bahía de los Cochinos, República Dominicana, Chile, Granada, Nicaragua, El Salvador, Panamá) y el mundo (Viet-Nam, Laos, Camboya, Angola, Irak, Siria), en su “Manifest Destiny” por una “Pax americana”, surgida después de la caída de los puntos cardinales del socialismo y la revolución mundial, Francis Fukuyama dixit.

Una novela que es como aquél espejo mitológico donde Gorgona ve reflejado su rostro, vale decir una Guatemala y su trágica historia. Retratada a pulso limpio por uno de los grandes novelistas de todos los tiempos.

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1 COMENTARIO

  1. Casualmente, después de las trágicos acontecimientos de Chile, Bolivia, Colombia y Ecuador, recordaba la novela inolvidable de Manuel Vázquez Montalbán, Galindez. Cuanta gente, por ir a la raíz de los conflictos, ha visto en estos meses, la pesadilla de esa memoria que decidieron no callar. Es interesante, que un escritor pueda escribir bien y pensar tan mal. O al menos habrá que leerlo para entender qué piensa, sin prejuzgarlo.

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