Trump y la Constitución / Ben Wiseman

Los eventos que definen la actual presidencia de EEUU como inepta y corrupta y merecedora de un urgente cambio son demasiado frecuentes.

Ciclos de shock

Tanto, que ya no tenemos “ciclos de noticias”, sino “ciclos de shock”, como lo afirma el analista de CNN Brian Stelter aquí.

Ahí, Trump propone o dice o hace algo alocado o estúpido. Etapa uno. Luego, dos, los republicanos que lo defienden dicen que es brillante, y finalmente, tres, Trump se echa atrás y pone en ridículo a sus defensores.

Una y otra y otra vez, en espacio de horas esta administración nos bombardea con estos ciclos de su incapacidad. Desde la decisión de replegarse de Siria, que por caótica y desesperada lleva a un genocidio con el que Trump está de acuerdo.

De Mattis a Mulvaney

O el insulto al condecorado y respetado general Mattis, a quien desprecia porque aquél, su secretario de Defensa entre enero de 2017 y diciembre de 2018, y quien renunció por principios, por oponerse a la aventura trumpista en Siria, lo desprecia a él.

O el insulto machista contra la valiente congresista Nancy Pelosi de la que él dice que “hates America” y que lo confronta sin miedo y sin nadie que apoye a Trump de su lado.

O las confesiones del jefe de gabinete Mick Mulvaney de que EEUU efectivamente condicionó la ayuda a Ucrania a la investigación contra el ex vicepresidente Biden, y luego su marcha atrás.

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O la adjudicación del hotel de Trump para la reunión cumbre y luego el paso atrás y la acusación contra los demócratas y los medios por haber cumplido su deber.

O la carta increíblemente insultante que le envió al presidente turco y luego (o antes) envió a los medios, que termina con un “no seas tonto”, y que aquel públicamente echó a la basura.

O la increíble historia de Rudy Giuliani, que representa a rivales de EEUU y al mismo tiempo es abogado personal y representante televisivo de Trump, la personificación de la corrupción.

Asombro, indignación

Ante esta avalancha, los medios tenemos por delante una tarea gigantesca: no perder la capacidad de asombrarnos y de indignarnos. No aceptarlo como si fuese normal.

Y entender también que la misma Casa Blanca trata de tapar un escándalo con otro peor. Sin asco, hasta que nos ahoga. Hasta que comienza a ahogarse.

Porque este otro ciclo, el nuestro, que es de conmoción, indignación y agotamiento, es lo que llevó a Trump a la Casa Blanca.

Así es como hemos reaccionado desde que inició su campaña presidencial y hasta el momento actual. Quizás porque no hay otra alternativa, porque realmente nos indigna y nos asombra el grado de abuso e ilegalidad del presente régimen.

Hay señales de que ante el ataque, el establishment – los generales, las agencias de inteligencia, la secretaría de Estado, la industria armamentista – están respondiendo. Pero no porque tengan un nivel moral. Porque se sienten… Clic para tuitear

Quizás porque no hubo en la historia del país un personaje tan nefasto y con un dominio tan completo del arte de la opinión pública.

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Pero hay señales de que las marionetas en la segunda parte del ciclo, sus aliados republicanos, comienzan a cansarse de su papel pasivo y negativo y comienzan a hacerle frente a Trump.

Ojo con el establishment

Hay señales de que ante el ataque, el establishment – el Pentágono y sus generales, las agencias de inteligencia, la burocracia de la secretaría de Estado, la industria armamentista – están respondiendo. Pero no porque tengan un nivel moral que les hace horrorizarse, no. Van a reaccionar porque de pronto, se sienten amenazados.

O como lo dice el Almirante William H. McRaven, excomandante de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, “Nuestra república está bajo ataque por parte del presidente Trump”.

Joseph McCarthy

¿Recuerdan a Joe McCarthy? Ese, el del macarthysmo. El que se dedicó exitosamente a perseguir comunistas y que los encontró, supuestos e imaginarios o verdaderos, y desenterró de Hollywood, de los medios, de Washington, y finalmente quiso hacerlo en el Pentágono. Bueno, MacCarthy cayó cuando el Pentágono lo acusó y el mismo comité que él presidía en el Senado tuvo que celebrar audiencias donde él truculento senador perdió la popularidad.

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Algo similar podría estar sucediendo con Trump, al atacar todos estos focos que podrían hacer peligrar su poder en su potencial segundo mandato.

MacCarthy y Roy Cohn

Solo a modo de observación, los miembros del comité senatoral estaban investigando a dos, a MacCarthy y a un tal Roy Cohn, a quien hallaron responsable y censuraron. Y sí, es el mismo Roy Cohn considerado el maestro de Trump, el Maquiavelo que le enseñó parte de sus trucos macabros.

Y finalmente, esos republicanos que ya no le dan tanto caso al Líder, ¿irán all the way hasta la destitución? 

No, es más probable que están cansados, fatigados y que lo que están mostrando en realidad es la bandera blanca de la rendición incondicional. O como escribe uno de ellos, “Ayer creías en la claridad moral; hoy, crees en Trump“.

¿Qué puede detener al Trumpismo? Idealmente, las elecciones de noviembre de 2020. O que por un milagro, la Cámara Baja acuse al Presidente (impeachment) y el Senado lo juzgue y condene. Ojalá no sea, como deduce el analista Matt Taibbi, por vía de la conspiración de la maquinaria del estado.  

Los próximos meses son cruciales para el país, y los medios cumplirán en esta historia un papel indispensable.

 

1 COMENTARIO

  1. Gracias, Gabriel Lerner, por ese esfuerzo por tratar de despertarnos de esta modorra casi obscena cuando la está en crisis.

    La corrupción, la inmoralidad, la desfachatez total, son parte de la gimnasia política diaria de este presidente-bufón, de este hombre cruel. Pocas veces antes en nuestra historia, las instituciones democráticas estadounidenses han llegado a estar amenazadas como ahora. Esta es una crisis institucional que requiere valentía de aquellos que, hasta ahora, han mantenido silencio: los hipócritas republicanos, los hipócritas evangelistas, los hipócritas de todos los colores y persuasiones que al hacerse los distraídos, al no cuestionar lo cuestionable, están permitiendo que se normalice este desastre nacional. Estamos caminando hacia el precipicio. Ya no hay excusas para no resistir, dentro del marco jurídico que establece la Constitución Nacional. Hay que defender la democracia a través de los métodos de resistencia que nos legaron figuras históricas como el Dr. Martin Luther King, Jr. y César Chávez. Y si optamos por la comodidad conformista de no hacer nada, pensemos en la muy buena explicación, con olor a mentira, que tendremos que darle a nuestros hijos cuando pregunten por qué, en este tiempo de pruebas, optamos por la cobardía moral de la inacción.

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