El desafío de la reconstrucción de Siria: turbulencias e incertidumbres en el avispero de Medio Oriente

Estados Unidos y Europa apuestan por estabilidad cuanto antes

Dado lo fulminante del resultado en Siria, que envió al exilio al mandatario Bashar al-Assad el 8 de diciembre, aún se mantiene muy dinámica la embestida de los grupos rebeldes que se han hecho con el poder en Damasco, la capital de este país de 185,000 kms. cuadrados y 23 millones de habitantes. Existen al menos tres rasgos que son sobresalientes en la turbulenta situación política del país:  gran incertidumbre; una plataforma altamente conflictiva que no depara por ahora mayor estabilidad en lo político; y la incursión de  Israel que ha vuelto a tomar territorio sirio en los Altos del Golán.

La dinastía Assad y la lucha de la resistencia

A fin de comprender las interacciones de estas fuerzas, es preciso tener en mente que desde 1971 la familia del gobernante recién enviado al exilio –estaría en Moscú- ha retenido el poder en Damasco. Primero, Hafez al-Assad, con gobierno de 1971 a 2000, año de su fallecimiento. Se hizo con el poder mediante un golpe de Estado; fue autoritario suprimiendo la oposición política. Su hijo Bashar heredó el gobierno y lo culminó hasta hace muy poco.

Desde abril de 2011, la oposición armada y el conflicto civil se hicieron presentes en Siria y como parte de él, los actores más importantes se han identificado con distintos grupos entre los cuales se ha seguido una notoria retahíla de arreglos y desarreglos de coaliciones.

Por una parte, el gobierno desde Damasco que ha contado con el apoyo de Rusia e Irán. Es probable que la recién efectuada embestida contra las fuerzas oficiales se haya llevado a cabo aprovechando los débiles apoyos que el gobierno sirio podía tener por parte de esos aliados, ahora como están, muy ocupados en el conflicto con Israel.

Entre los grupos rebeldes que han tomado el poder destacan tres:  el Ejército Libre Sirio (ELS) que inicialmente se formó por desertores del ejército regular y que ha tenido múltiples divisiones, con varias facciones;  Hay´at Tahrir al-Sham (HTS) que durante un buen tiempo tuvo afiliación con ISIS y también con Al-Qaeda; es de aquí de donde emergen ahora los liderazgos más visibles, los que hacen un esfuerzo evidente para presentarse como moderados; y  Ahrar al-Sham (AS) el cual aparece como grupo islámico también de tendencia moderada.

Aparte de esto grupos, también actúan las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) las que incluyen milicias kurdas que han contado con el apoyo de Estados Unidos. Están también las Milicias Chiítas, que tienen respaldo de Irán y se articularían con Hezbollah. A fin de tener un aderezo más conflictivo y enredado, existen otras milicias integradas por grupos étnicos y tribales que participan en el conflicto, formando y desarreglando acuerdos.

Una vez ocurrida la toma de Damasco por los grupos opositores la situación actual aparece dominada por varios componentes generales.

La reconstrucción de un país devastado

En primer lugar, el conflicto armado ha bajado de niveles, pero no se ha agotado totalmente. La población, las instituciones y la comunidad internacional esperaría un escenario pacífico en el cual adelantar los procesos de reconstrucción, pero esto no está totalmente garantizado.

Otro de los componentes es la crisis humanitaria. Con las nuevas condiciones se abren espacios alentadores, pero la crisis siria ha sido una de las peores del mundo. Se reporta que al menos unos 3.5 o 4 millones de habitantes han sido desplazados de sus hogares, tanto dentro como fuera del país. La falta de acceso a servicios básicos como agua potable, alimentos y atención médica continúan siendo problemas graves.

La reconstrucción es una tarea que constituye todo un desafío para las nuevas autoridades. Se avizora como un proceso lento y complejo que enfrenta numerosos obstáculos, como la falta de recursos financieros, la inseguridad y las disputas políticas; este último punto es lacerante y en este sentido se presenta la disyuntiva entre el alto nivel de rentismo armamentista y la reconstrucción de la infraestructura mínima del país.

El rol de las potencias extranjeras

Por otra parte, y no menos importante, la intervención de potencias extranjeras en el conflicto sirio ha complicado aún más la situación. Rusia, Irán y Turquía son actores externos involucrados, y sus intereses divergentes han obstaculizado los esfuerzos de mediación. A ellos deben sumarse las intensas intervenciones militares de Estados Unidos y de Israel.

Se hace evidente que la solución política muy probablemente, como es el desafío en muchos conflictos, debe transitar la senda de las negociaciones. Procesos de diálogo y acuerdos que aborden las causas profundas de la crisis. Sin embargo, lograr convenios entre las partes es un desafío enorme.

A partir de las negociaciones, se impone la necesidad de la reconciliación nacional a largo plazo a fin de superar las divisiones y formular un nuevo consenso político. Esto es fundamental en dos sentidos. Por una parte, para dar base a una paz firme y duradera, y, por otro lado, para conservar incluso la integridad territorial siria. Hoy, esa territorialidad se ve amenazada por procesos de “balcanización”, partición del país en varias subregiones, en función de grupos turcos, kurdos y por conglomerados radicales

En todo este menjurje o amasijo de actores y tendencias, tanto Estados Unidos como Europa apuestan a tener, cuando antes, mayor estabilidad. Eso no está garantizado. Es indudable que con la situación siria se ha agitado aún más el avispero del Medio Oriente.

Los mayores temores por ahora continúan siendo la expansión de los conflictos, llámense estos Gaza, los territorios ocupados, Cisjordania, Tel Aviv, la región norte de Israel o los Altos del Golán. Mientras se fortalecen los armamentismos y las grandes rentabilidades de estos sectores, el peligro es la conformación y enfrentamiento de grandes bloques de poder. Las incertidumbres y destrucción se incrementarían significativamente

Autor

  • Giovanni E. Reyes

    Giovanni Efrain Reyes Ortiz, Ph.D. en Economía para el Desarrollo y Relaciones Internacionales, de la Universidad de Pittsburgh, con post-grados de la Escuela de Altos Estudios Comerciales -HEC- en París, Francia, y de la Universidad de Harvard. Ha sido Director de Integración Latinoamericana y del Caribe en el Sistema Económico Latinoamericano y Director de Informe en Naciones Unidas.

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