En el Día internacional del sida

Que se haya avanzado en la solución médica al sida no es suficiente. Se requiere de gobiernos y comunidad un esfuerzo renovado y conjunto para que los servicios tan necesitados lleguen a nuestra gente

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Desde 1988, el mundo señala el 1 de diciembre como el día internacional del sida, designado en aquel entonces por Naciones Unidas con el objeto de difundir la información sobre esta terrible pandemia causada por la infección del VIH. En este día, recordamos a los millones que han muerto a causa de esta terrible enfermedad del sistema inmunológico y hacemos votos para que a la brevedad posible, este mal desaparezca de la faz de la tierra. 

Según Naciones Unidas, el sida ha matado a entre 29 y 41 millones de personas entre 1980 y 2017. Adicionalmente, unas 37 millones de personas viven con VIH, el virus que causa el sida. Estas son cifras de fines de 2017.

Gracias al tratamiento antirretroviral, que controla la infección, las cifras de mortalidad han caído notablemente.

A pesar de ello, todavía perduran los prejuicios y la ignorancia respecto al sida en muchas partes del mundo, lo que agudiza la necesidad de intensificar los esfuerzos para explicar qué es la enfermedad, cómo se contrae, cómo se evita su contagio y cómo se impide su desarrollo o promueve su cura. 

Esto es porque desde sus comienzos, el estigma que ha acompañado el sida y que arrojó una larga sombra de discriminación y agresión contra la comunidad LGBT, ha sido un elemento nefasto que impidió el combate al mal.

Los avances mencionados son innegables. Mientras que en 1985 se diagnosticaron más de 130,000 casos, la cifra cayó finalmente a 50,000 en 2010 y se ha mantenido en alrededor de 40,000 a partir de entonces.

A pesar de los innumerables avances que la ciencia médica ha registrado para contener y revertir los alcances del VIH y del sida, aún queda mucho por hacer.

La comunidad latina en Estados Unidos sufre del sida por doble partida. Por una parte porque el estigma dentro de nuestras familias y grupos sociales continúa. Eso contribuye a que muchos enfermos oculten su situación de sus respectivas familias. Y a que cuando lo hacen, son marginados, rechazados y en muchos casos atacados por su propia gente. Tanto por parte de ellos como por quienes los rodean, la ignorancia impide la adopción de protecciones a quienes están bajo riesgo de contagio, con terribles resultados.

En segundo lugar, siguen existiendo dificultades para que tanto aquellos en riesgo como quienes ya han contraído el VIH o el sida puedan acceder a servicios de salud y tratamientos capaces de curarlos o prolongar sus vidas. Esos servicios pueden ser lejanos a su domicilio, escasos o inaccesibles.

Se trata de una situación especialmente grave en el sur de Estados Unidos, en donde se encuentra el epicentro de la lucha contra el sida. Allí, mientras que en 2010 se concentraba el 44% del total de los nuevos casos, ahora se declara el 52% de los mismos.

Esto es especialmente notable dentro de la comunidad LGBT latina y afroamericana. 

Según el Centro para el Control de Enfermedades, el VIH sigue siendo una amenaza seria para la salud de las comunidades latinas, y en 2017, el 27% de los 38,739 casos de diagnosis en el país fueron de hispanos, mientras que estos constituyen solo el 17% de la población total del país. 

El lema de este día internacional del sida ha sido “Dando fin a la epidemia VIH/sida, comunidad por comunidad”. El mal se ha asentado en las comunidades más pobres y rezagadas, lo que significa que el esfuerzo que debemos hacer para seguir avanzando es aún arduo y cuesta arriba.

Que se haya avanzado en la solución médica al sida no es suficiente. Se requiere de gobiernos y comunidad un esfuerzo renovado y conjunto para que los servicios tan necesitados lleguen a nuestra gente.

No podemos perder ni un día más. Ni una víctima más.

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