En las ciudades santuario el crimen baja

En su hostilidad contra los inmigrantes, para los portavoces republicanos, la frontera está “abierta” y la cruzan a diario hordas de criminales. Conjuran fantasías sobre “olas” de violadores, asesinos, ladrones, narcotraficantes y otros criminales que atiborran la frontera y la cruzan ilegalmente, o que pululan en las ciudades santuario, todo ante la supuesta inacción del gobierno de Joe Biden. 

Realidad de las ciudades santuario

En realidad son familias que vienen huyendo de la violencia y la pobreza en sus países de origen y que buscan refugio y oportunidades. 

Especialmente afinan su puntería contra las ciudades santuario, aquellas jurisdicciones -como Nueva York y Los Ángeles- que limitan la cooperación con el Servicio de Inmigración (ICE) previniendo que el acoso y el miedo a la deportación aislen a las comunidades migrantes. 

Porque, por si fuese necesario recalcarlo, ser indocumentado no es un crimen sino una falta administrativa. 

Pero incesantemente, desde el expresidente Trump para abajo, estas ciudades y estados son atacados como focos del hampa. 

No es solamente retórica. El estado de Kansas, por ejemplo, acaba de pasar una ley que prohíbe las ciudades santuario precisamente bajo esa premisa.

Una premisa que es falsa, que se basa en calumnias y mentiras.

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Varios estudios recientes demuestran que en las ciudades santuario no ha subido el crimen. 

Por ejemplo, una investigación publicada este mes en Social Science Research, basada en datos del 98% de los condados del país, muestra que tanto los delitos contra la propiedad como los violentos disminuyeron más en los condados santuario que en los condados no santuario.

Menos crimen

Esto ocurre, dicen los autores,  porque las prácticas santuario “fomentan la integración política de los inmigrantes, tienen efectos indirectos positivos para las comunidades latinas no inmigrantes y aumentan la armonía social”.

Otro publicado en el Journal of Economic Behavior and Organizatio y que estimó los efectos de las políticas santuario en las tasas de criminalidad no halló ninguna evidencia de que las políticas santuario provoquen un aumento de ningún delito, y que por el contrario pueden conducir a una disminución de los delitos contra la propiedad.

Las ciudades santuario brindan mejoras para todos; no solo por los índices de delincuencia más bajos; son conducentes asimismo al desarrollo económico de las comunidades, porque los indocumentados participan abiertamente en el mercado laboral y pagan impuestos. 

 Una mayor confianza en las autoridades, una sensación de protección, el libre acceso a la educación de sus hijos y su atención médica devienen en una mayor cooperación de la comunidad en la prevención y el castigo del crimen, lo que redunda en esos índices. 

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Al mismo tiempo, delincuentes violentos siguen siendo deportados al mismo ritmo porque las políticas santuario no impiden que ICE los detenga. 

A pesar de ello, y ya sin relación con la realidad, lo más probable es que en los próximos meses veremos una exacerbación de los ataques contra los inmigrantes en particular y la comunidad latina en general.

Y si bien estos resultados ya no son nuevos, la preponderancia de nuevos estudios e investigaciones de los resultados de esta política es inobjetable, y responden con la verdad a la incitación y la mentira con la que se trata de dividir aún más a nuestra sociedad.

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Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

 

Perfil del autor

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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