Desde hace años, la población española se muestra ambivalente ante la pregunta de si negociar o no con la banda terrorista ETA. Tres gobiernos, incluyendo el actual, lo intentaron. Todos fracasaron.

ETA (Euskadi Ta Askatasuna que significa Patria Vasca y Libertad) pasó de las reivindicaciones culturales a las políticas, exigiendo ya en la década de los años sesenta del siglo pasado, la independencia de las provincias 7 vascas repartidas en territorio francés y español.

En tal vertiginoso devenir, las armas acapararon un protagonismo propio; ya en 1968, ETA se cobró la primera víctima mortal, y a día de hoy la cifra se aproxima a las 900 personas asesinadas, además de decenas de miles las víctimas del terrorismo sea por la vía del secuestro, chantaje financiero, robos y destrozos inmobiliarios o inmigraciones forzadas (la diáspora vasca se estima en unas 200 mil personas que han tenido que huir atemorizados por las amenazas de muerte).

Del apoyo social imperante hasta la primera mitad de los años setenta del siglo XX no queda prácticamente ni rastro. Lo que muchos consideraron una oposición legítima al régimen dictatorial franquista – oposición basada a una alianza de los nacionalistas vascos con el gobierno republicano que perdió la guerra civil entre 1936 y 1939, y una ideología marxista entonces vigente – hoy a mutado hacia un rechazo generalizado de la sociedad vasca en general y española en particular.

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Si la muerte del caudillo en 1975 y la instauración de la democracia en 1977 no sirvieron para que ETA abandonase las armas, ahora son muchos quienes consideran que la banda se encuentra al borde de la desaparición, aspecto que no obstante, no se considera ni fácil ni inminente.

“ETA está más débil que nunca, pero aún es capaz de hacer mucho daño”, decía Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior a este periodista en la sede veraniega de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander hace unos días.

Palabras proféticas por otra parte fáciles de aventurar.

“ETA se enfrenta al Estado de Derecho y a las fuerzas de seguridad del país”, decía en la entrevista Rubalcaba. “Nunca más va a haber negociaciones, ya hubo tres y las desaprovecharon”, insiste el ministro.

Pocos creen ya que la banda esté interesada en negociar nada con honestidad. Sus postulados de corte marxista convencen a muy pocos, y su empecinamiento en lograr la independencia por vía de las armas, apenas si les sirvieron para superar la barrera de los 150 mil votos en algunas de las elecciones regionales de los últimos años.

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La ley de Partidos consensuada entre socialistas y conservadores se encargó de dejar fuera de las urnas en las últimas elecciones regionales vascas a aquellas organizaciones que con total impunidad llevaban décadas haciendo apología del terrorismo (la conocida como “izquierda abertzale”). Ni siquiera condenaban los crímenes perpetrados.

Sin representación política que pudiese recoger los votos de los simpatizantes de ETA, el PNV [que dispuso siempre del apoyo de la Izquierda abertzale] perdió las elecciones en primavera pese a haber logrado el mayor número de votos, insuficientes para desbancar la coalición entre socialistas y conservadores ahora en el poder. Era la primera vez que ocurría en los 30 años de gobierno autonómico. Y por primera vez también existen razones para creer en la posibilidad de un posible final de ETA.

“Si Patxi López no lo logra, nadie podrá hacerlo”, comentaba Joseba Igartua, un joven de Bilbao refiriéndose al presidente socialista del País Vasco. “Estamos hartos de la violencia y de no poder decir lo que se piensa”, añade.

Hoy ya no se permiten manifestaciones de proetarras por las calles de Bilbao, San Sebastián, Vitoria o Pamplona; la bandera española vuelve a ondear en los mástiles de ayuntamientos y demás delegaciones políticas del País Vasco, e incluso los medios de comunicación parecen recuperar el gusto por el castellano como idioma de expresión.

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Paralelamente a este desarrollo de acontecimientos, durante los dos últimos años los cuerpos policiales han cosechado rotundos éxitos capturando a distintas cúpulas dirigentes de los terroristas. Los comandos se nutren de jóvenes radicalizados poco expertos a la hora de planificar atentados y con un pobre bagaje intelectual.

Y a pesar de todo, se puede decir con seguridad que la mayoría de la población vasca piensa que el final es solo posible mediante el diálogo. Algunos partidos políticos abogan por esta vía, pero con condiciones:

“Diálogo si, pero una vez que hayan dejado las armas. Entonces se podría hablar de la situación de los presos”, dijo antes de las elecciones autonómicas a este periodista Rosa Díez, mujer vasca y presidenta de UPyD, un nuevo partido político que aspira a acabar con la hegemonía de los dos grandes partidos, PP y PSOE (Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español).

La realidad es tozuda, y nada de esto parece suficiente para placar a ETA. Con o sin diálogo, ETA sigue de momento poniendo muertos sobre la mesa, tal y como desgraciadamente quedase demostrado, una vez más, hace unos pocos días.

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Pedro Pulgar
Pedro Pulgar colabora habitualmente en medios de comunicación hispanos de Estados Unidos además de otras publicaciones en España. Su oficio de freelance le lleva con frecuencia a destinos distintos y distantes entre si. Desde Buenos Aires a Damasco, o del DF en México a la City londinense, Pedro Pulgar relata historias donde la coyuntura socioeconómica, la política y la cultura de la región, se refleja en los comentarios del ciudadano de a pié. Las crónicas a menudo son el barniz que lustran las líneas de acción y pensamiento de quienes ostentan el poder, tanto sea éste económico, político o religioso, aspectos todos que más veces van dándose codazos que de la mano. En el curriculum de Pedro Pulgar destacan más de 10 años de intensa labor para el diario La Opinión de Los Angeles, donde ejerció como columnista y Editor de la sección de Negocios. Entre las muchas personas entrevistadas durante los 15 años ejerciendo el oficio, figuran George W. Bush, Bashar Al-Assad, Plácido Domingo, Hillary Rodham Clinton y otros. Pedro Pulgar está graduado de Filosofía Pura por la Universidad de Salamanca (España) y Business Administration por la California State University, Los Angeles.

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