La masacre de la familia Martínez Menjívar sigue en la impunidad 45 años después

Testimonio y fotografías de José Orlando Castro

Chalatenango, El Salvador. — Entre 1980 y 1992, el conflicto armado salvadoreño dejó miles de víctimas civiles en manos de las fuerzas armadas. El dolor, las pérdidas y la impunidad marcaron a comunidades enteras, y aún hoy las heridas siguen abiertas.
Una de esas historias es la de la familia Martínez Menjívar, cuya tragedia nunca fue registrada en el informe de la Comisión de la Verdad: “De la locura a la esperanza”.

Amadeo Martínez, Osmín y familiar rezan sobre la tumba de sus seres queridos. / José Orlando Castro

Han pasado 45 años desde aquella fatidica madrugada del 14 de octubre de 1980, pero los hijos, familiares y vecinos del caserío El Bajío, en la jurisdicción de Nueva Trinidad, Chalatenango, no olvidan.

“Eran como las 5:30 de la mañana. Mi abuelo ya había ordeñado la vaca y mi madre esperaba que el café llegara a su último hervor. Los soldados aparecieron de la nada y en minutos rodearon nuestra casa”, recuerda Amadeo Martínez, sobreviviente de la masacre.

El horror de aquella madrugada

Según el testimonio de Amadeo y su hermano menor, Osmín Martínez, sobreviviente los soldados, bajo las órdenes del sargento León, del puesto militar de Nueva Trinidad, irrumpieron violentamente.  Entre gritos e insultos sacaron de la vivienda a su madre, abuelos y a su hermana que estaba llegando a la adolescencia. El miedo paralizó a los vecinos, que guardaron silencio para no correr la misma suerte.

Osmín el hermano menor de Amadeo relató que los militares llevaron a sus familiares a unos metros de la faldas de un pequeño cerro:

“A la primera que mataron fue a mi abuela Cruz. Le dispararon en el pecho, la arrastraron hasta un árbol y la decapitaron sobre unas raices. A mi abuelo lo torturaron antes de matarlo; le cortaron las orejas y la piel con un puñal. Luego asesinaron a mi madre y a mi abuela, y les cortaron las cabezas. Obligaron a mi hermanita a que cargara las cabezas en un canasto y se la llevaron a unos montes, allí la violaron y después la decapitaron”.  Sus cabezas las dejaron colgadas sobre unos árboles con la finalidad de causar terror, aseguró Osmín.

Las víctimas fueron identificadas como José Santos (abuelo), Perfilia (madre), Cruz (abuela), y Ofelia (hija menor), todos miembros de la familia Martínez Menjívar.

El sargento León ordenó a los pobladores que los cuerpos no fueran enterrados,  amenazó con castigar a quien desobedeciera:

“Ahí quedarán, para que se los devoren los animales”, sentenció.

 

La infancia arrebatada

Tras el crimen, los niños sobrevivientes fueron llevados por su madrina hacia Arcatao y luego a Honduras.

“El trauma de perder a los padres siendo niño deja un vacío imposible de llenar. Ellos eran nuestro refugio, nuestra seguridad”, expresa Amadeo.

Amadeo se fue a la guerrilla aún no cumplido los 14 años, desición que tomó antes de que asesinaran a sus padres y familia. Aun no olvida la noticia del crimen y lo lleva como una marca indeleble en su corazón. 

“En esa época las bandas paramilitares de ORDEN señalaban y asesinaban a familias campesinas vinculadas a la Iglesia o a organizaciones campesinas. El crimen y la venganza eran su norma”, explica.

Una verdad que sigue esperando justicia

El Acuerdo de Paz de Chapultepec estableció en su artículo 2 que la Comisión de la Verdad debía investigar los graves hechos de violencia ocurridos desde 1980, y en su artículo 5, esclarecer la impunidad de los responsables. Sin embargo, el caso de la familia Martínez Menjívar como la de miles de otras víctimas sigue clamando justicia. 

Ahora Osmín ya no es un niño, y poco le falta para llegar a los 60 años. Al recordar este trágico episodio seca sus lagrimas, como buscando amparo entre su familia y hermano. Cuatro décadas después, los sobrevivientes solo tienen la memoria y el testimonio como armas contra el olvido. La historia de la familia Martínez Menjívar no está en los informes de la Comisión de la Verdad, pero vive en la voz de quienes lloran a sus muertos y reclaman la verdad y justicia. 

Amadeo Martínez, sobreviviente de la masacre / José Orlando Castro
Osmín Martínez, hermano menor sobreviviente / José Orlando Castro

 

Autor

  • José Orlando Castro es de El Salvador. Realizó sus estudios de periodismo en la Universidad de El Salvador. Antes de ingresar a la academia fue corresponsal de guerra independiente. Con la firma de los Acuerdos de Paz estudió diversos talleres de guion y dirección cinematográfica y artística, y obtuvo diplomados en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera. Sus exposiciones fotográficas se han mostrado en el Museo de Antropología MUNA con la temática Rehabilitación de mujeres y hombres en los centros penitenciarios (2016). En el campo audiovisual se han proyectado cortometrajes y documentales entre estos, Nos las vemos a palitos, Solidaridad sin fronteras, El Trifinio, Rechacemos la violencia, entre otros.

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