Jóvenes estudiantes en manifestación en Chile. FOTO: Wikipedia

El pueblo de Haití lleva meses en las calles luchando contra el modelo neoliberal salvaje que ha quebrado hasta la mas absoluta miseria aquel país. Toda esa lucha popular se da en medio del silencio de los medios masivos de comunicación, e incluso las plataformas digitales, un silencio tan cómplice como abrumador.

En Ecuador las movilizaciones, los muertos, los heridos sirvieron para hacer retroceder parcialmente a un gobierno traidor a los intereses populares, que sigue sin embargo jugando a la infamia y la mentira, subestimando peligrosamente a un pueblo que sabe muy bien como lidiar con este tipo de personajes.

Chile revive sus peores fantasmas, pero los combate de la mejor manera: luchando, movilizándose, resistiendo y denunciando el salvajismo del mismo enemigo, hoy disfrazado de carabinero, presidente o diputado, pero cuyo rostro es uno solo: el FMI y su voraz decisión de seguir explotando a nuestros pueblos hasta la última gota de sudor y de sangre.

En Brasil el partido de Bolsonaro se desintegra, mientras la fuerza de la movilización y organización popular se reactiva detrás de la lucha por la libertad de Lula, que encapsula la lucha anti-neoliberal de los pueblos.

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Honduras asiste a una crisis permanente. Nuevamente el pueblo se moviliza y se alza organizado contra un usurpador que sirvió fielmente a sus amos pero ya empieza a oler a material desechable.

En Argentina, el experimento de aplastamiento popular a través de medidas extremas de miseria para las mayorías, combinadas con el control monopólico de los medios de comunicación incluyendo las redes sociales, tuvo sin embargo, su fecha de caducidad. Se la puso el pueblo argentino a fuerza de lucha, de movilización, de aguante, de muertos, heridos, presos y desaparecidos, nada nuevo en nuestro continente, pero igualmente doloroso. El infierno parece llegar a su fin. La reconstrucción demandará esfuerzos aún mayores.

En Bolivia, contra todo y contra todos, Evo y el MAS no solo resistieron la infamia sino que la derrotaron. Hoy ese pueblo se prepara a defender con su vigor indígena, con su orgullo renacido, al único gobernante digno y popular que ha conocido su historia.

Venezuela, Nicaragua, Cuba resisten y se mantienen, como siempre, en lucha permanente, ejemplo para el resto de Nuestra América.

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Neoliberalismo y represión

Los tiempos cambian, nada es para siempre y tampoco lo será la larga noche neoliberal.

La derecha hablaba de un cambio de ciclo, y parece que tenía razón, pero se está acabando el de ellos. El incendio creado por el FMI lo quisieron apagar con gasolina. Hoy ven las consecuencias, con una América Latina insurrecta.

Las falsas promesas ya no son más creíbles y los pueblos se rebelan ante lo inhumano, lo injusto, lo probadamente letal para la humanidad que resulta el neoliberalismo. Un modelo que responde volviendo a sus orígenes, a los garrotazos, la represión y la muerte con que lo impusieron las dictaduras de los años 70 y 80 del siglo pasado.

El Salvador

En El Salvador, después de dos gobiernos de izquierda, las recetas neoliberales regresan y empiezan nuevamente a implementarse; se inician los procesos de reversión y eliminación de programas sociales, los precios suben junto con el desempleo, la persecución a la actividad sindical, las privatizaciones. Pero el tiempo corre en contra del gobierno populista de derecha. La manipulación mediática, las mentiras, las promesas sin base de sustentación, chocarán sin duda contra el muro de la realidad. Allí no habrá excusas, no habrá mentiras que valgan, no habrá a quien echarle culpas.

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Debemos prepararnos para las luchas que vienen. Como lo muestra el resto de nuestra América, los tiempos se acortan.

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