martes, diciembre 1, 2020
Más

    Lo que grita el cielo (CINE)

    Después de mucho tiempo volví a ver cine mudo. Y fue como si lo hubiera hecho por primera vez en la vida. Y es que no siempre estar ante un evento implica formar parte. Se puede ser un observador y no pertenecer a lo observado, como una rara piedra que por decisión personal no obedece las leyes del magnetismo. Pero cuando atraído por ese evento uno empieza a girar en su campo gravitatorio, algo cambia. Y uno deja de ser “espectador” para convertirse en actor; en un elemento que está dentro y no fuera del sistema. Aunque ese actor sea invisible y nada pueda cambiar nada en las acciones del film.

    Lo cierto es que anoche, al ver el “Fausto” de Friedich Wilhelm Murnau (1926) fui parte de su elocuente mudez. Y estuve junto al doctor apretado en su habitación que parecía más estrecha ahora que éramos dos. Me sentí claustrofóbico en ese plano vertical como adentro de un armario, bajo el peso de libros empolvados que parecían no enseñar otra ciencia que la de volver más rápido al polvo. Luego ayudé al doctor a prenderles fuego y sentí un miedo helado cuando alguien golpeó la puerta. Luego escuché a Mefistófeles y puse palabras a sus gestos, al alemán no pronunciado del Diablo. Y estuve con ellos en la noche de Walpurgis, tomando vino de fuego en las tabernas, y en la capilla de un pueblito enloquecí por la bella Margarita. Y cuando por fin la abordé en la calle, no sabía si le estaba ofreciendo mi alma o pidiéndole que me ayudara a salvar lo que aún quedaba de ella. Después la vi bailar entre los manzanos como en un sueño. Y supe que ya no era ni Margarita ni la actriz Camila Horn, que esa chica se había convertido en una “Nueva Eva” en su jardín primitivo, sin la menor idea del significado de la vejez, el dolor y la muerte.

    Entonces bajé el volumen de esa música que en las películas mudas no termina nunca. Y pude escuchar, por fin, el silencio de Margarita entre los manzanos. Y luego el pedido de Fausto de juventud eterna y las carcajadas de Mefistófeles. Y al cabo de un rato, cuando la película terminaba, sentí que volvía de un largo viaje. Que más que mirar había presenciado. Que más que observar había asistido. Y me quedé pensando qué pasó después; en qué se convirtieron las películas mudas tras la invención del audio. Pasó que se inventó el cine, me dije. Pero aquel “protocine” que todavía no era “séptimo arte”, aquel hecho estético que le debía su secuencia narrativa a la historieta, su puesta al teatro, su guión a los clásicos de la literatura y su expresividad en blanco y negro a la fotografía, no había sido superado todavía. Muy por el contrario. Tras la invención del audio, todos esos hallazgos se diluyeron en una serie de tics “acomodados” para una nueva figura, la del “espectador”. Esa pasividad que, sentado en su butaca, podía observar sin pertenecer a lo observado.

    Y aquel magnetismo de primeros planos que le dicen a cada uno cosas distintas, aquel arte misterioso en secuencias que había durado poco más de treinta años, aquel cuento que se contaba con gestos y violentos contrastes de oscuridad y luz, aquel imaginario hecho de Metrópolis y Fautos, de Nosferatus y Potemkins, de Murnaus y Dreyers, había pasado al olvido.

    Sin embargo, yo sentí anoche que sus figuras seguían gritando en el silencio de los tiempos. Y como sirenas que tienen un tremendo mensaje para los hombres, piden que las escuchemos bajando el volumen. Porque sus voces sólo suenan en la imaginación conciencia abajo. Como escuchar a los muertos o los sueños de los hombres. Esas películas de 18 fotogramas por segundo son al cine moderno lo que el antiguo cerebro de reptil a la inteligencia, lo que los miedos a la razón, lo que el instinto al sentido común. Esas películas sin voz son “el inconsciente” del cine sonoro.

    Volví a pensar, entonces, en el cuadro de Edvard Munch. O mejor dicho, en esa serie de cuatro cuadros que Munch pintó en 1893 y que llamó “El grito”. Y pensé, una vez más, que ese cuadro había inventado el cine mudo y la pintura sonora. Aquel grito de Munch tampoco podía escucharse. Pero entrando en su campo magnético se podían determinar todas las partículas de su silencio. Las mismas que componían aquel aullido que anunciaba un siglo de angustia; una Era donde, a pedir de Mefistófeles la condición humana se degradaría cada día más.

    Todas las películas que vinieron después, todos los Faustos y Nosferatus son hijos de aquel aullido al óleo.

    Y cuando uno lo mira se pregunta qué estará gritando ese hombrecito aturdido en aquel puente de madera bajo un cielo apocalíptico. O qué grita la “Gretchen” de Murnau tirada en una escalera, sangrando melancolía en blanco y negro. ¿Qué gritan todas esas figuras del cine mudo y la pintura sonora? Me volví a preguntar. ¡Qué gritan? Y la respuesta me llegó como dictada en el silencio de la noche: gritan un horror sin nombre. Ese que el bluetooth del mundo jamás pondrá en palabras.

    Ivan Wielikosielec
    Ivan Wielikosielec
    Escritor y periodista argentino (Córdoba, 1971). Ha publicado libros de relatos y poesía (“Los ojos de Sharon Tate”, “Príncipe Vlad”, “Crónicas del Sudeste”) y desde hace diez años reside en Villa María, Córdoba, donde colabora para diversos medios gráficos e instituciones culturales.

    Notas relacionadas

    Los dos Diegos, por Liza Rosas Bustos

    A los Dos Diegos: Ahora que caminas libre de tu cuerpo que se hizo esclavo del ritmo de la adicción y no pudo esquivar los goles que hizo a tu cuerpo, tu ejemplo es nuestro de todo y de todos

    8 poemas de César Vallejo para días de soledad y muerte

    HispanicLA presenta ocho poemas de César Vallejo, entre los más queridos del escritor peruano, con el texto completo y cada uno leído por artistas; para gozar en estos días taciturnos de soledad y muerte

    Coronavirus en México: los cabalísticos 100,000 muertos

    La andanada de críticas al gobierno por su gestión de la pandemia del coronavirus en México no tiene mucha base real, es alboroto político, cacerolismo puro y, aunque ocupe un lugar prominente en los medios, dudo que sea una mayoría la que piensa así

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí

    cinco − tres =

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    Lo más reciente

    Los dos Diegos, por Liza Rosas Bustos

    A los Dos Diegos: Ahora que caminas libre de tu cuerpo que se hizo esclavo del ritmo de la adicción y no pudo esquivar los goles que hizo a tu cuerpo, tu ejemplo es nuestro de todo y de todos

    8 poemas de César Vallejo para días de soledad y muerte

    HispanicLA presenta ocho poemas de César Vallejo, entre los más queridos del escritor peruano, con el texto completo y cada uno leído por artistas; para gozar en estos días taciturnos de soledad y muerte

    Coronavirus en México: los cabalísticos 100,000 muertos

    La andanada de críticas al gobierno por su gestión de la pandemia del coronavirus en México no tiene mucha base real, es alboroto político, cacerolismo puro y, aunque ocupe un lugar prominente en los medios, dudo que sea una mayoría la que piensa así

    El velatorio de Diego Armando Maradona, en directo

    Velatorio de Diego Armando Maradona: Cientos de seguidores comenzaron en la noche del miércoles a agruparse en las inmediaciones de la Casa Rosada para despedir a Diego Armando Maradona, velado desde las 6 en un salón de la Casa de Gobierno. La ceremonia pública se extenderá hasta las 16, hora de Buenos Aires.

    Estamos en Facebook y Twitter

    4,572FansMe gusta
    1,974SeguidoresSeguir

    Los 5 populares de la semana

    Esta fue la literatura precolombina: aztecas, mayas, incas (imágenes)

    Todavía queda algo, muy poco, de esos escritos aztecas, mayas e incas, que podemos leer y analizar

    Navidad o la historia del Dios Sol

    Los romanos festejaban el 19 de diciembre el Saturnal Romano en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones, esta fiesta comenzaba el 17 y terminaba el 23 de diciembre, con grandes banquetes, donde la comida, el vino y el sexo, tenían un protagonismo importante, y el día 25 de diciembre era la fiesta de la exaltación del Sol

    El Cuervo de Edgar Allan Poe, traducción de Julio Cortázar

    “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.”

    Peronismo: democracia de masas o fascismo posible

    Si hay algo en lo cual detenerse a la hora de intentar comprender el fenómeno del peronismo es, a nuestro juicio, la heterogeneidad de sus componentes y de ideas propugnadas, según el problema que se enfrente y la coyuntura histórica por la que se atraviese

    Comunismo y fascismo, el mismo perro

    Parafraseando a José Martí –y salvando las circunstancias y el simbolismo patriótico de la frase martiana—es evidente que el comunismo y el fascismo son del totalitarismo las dos alas. O dicho popularmente, son el mismo perro con diferente collar.