Los pechos de la libertad, los de todos. Cómo criminalizar el cuerpo humano

La policía detuvo a la cantante Rocío Saiz el sábado 24 de junio cuando enseñaba los pechos en medio de una canción. Ocurrió en España, pero pudo ocurrir en más de medio mundo. Era una queja contra los que dicen: “las mujeres tenemos que ser discretas”. Ocurría en una actuación en el festival del Orgullo Gay (léase LGTBI) de Murcia, España. La cantante fue avisada de que o se ponía la camiseta o se la llevaba la policía. Distintas redes sociales recogen las incidencias del evento.

Ante la intimidación, la artista decidió taparse, cantar dos canciones más, e irse. Eso sí, con un nuevo “destete”. Un inspector de policía le dijo que él hacía su trabajo y que tenía que detenerla por “alteración del orden público, desacato a la autoridad y exhibicionismo”. La frase de la cantante que motiva abrir esta contribución es la siguiente: “si hubiera sido un hombre el que se hubiera quitado la camiseta, no habría pasado nada”. De hecho, es algo habitual en los conciertos y a nadie le llama la atención. Y apostilla: “eso [el que lo haga un hombre] al parecer no está prohibido por la ley”. Luego si no es conducta lasciva para hombres, ¿por qué lo es para mujeres?

“O todos coludos, o todos rabones”, dice el dicho mexicano. La ley que se le quiere aplicar a la cantante contiene un germen de desigualdad que a pequeños y pequeñas debe confundir, amén de afectar a su comprensión del mundo. La tradición occidental nos enseña que todos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, pero de acuerdo con el contenido de algunas leyes, el concepto parece haber chocado con un muro de “pudor” antediluviano. Las playas nudistas atestiguan otra igualdad. Los niños también van a estas playas. ¿Se les va a prohibir hablar con sus compañeros de clase sobre lo que ven? Si un hombre puede mostrar su torso, y una mujer no, estamos hablando de privar a la mujer de derechos y libertades. ¿Quién impone esta moral sobre el cuerpo de la mujer?

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Probablemente se les haya pasado por la cabeza la actuación de Janet Jackson y Justin Timberlake en el intermedio de la Super Bowl XXXVIII. El concierto se retrasmitió por CBS desde Houston, Texas, en el 2004. El incidente fue tachado inmediatamente de “indecencia en espacio público”. En un momento de la canción quedaba al aire el pecho derecho de la cantante. Se acuño el nuevo término “falla de vestuario”. El Tribunal de Apelaciones del Distrito Tercero desestimó en el 2011 todas las multas acumuladas.

La conducta lasciva en zona pública en California es un delito (Lewd Conduct in Public (CPC §647 (a)). La ley, sin embargo, tiene otra intencionalidad pues se aplica en situación de querer provocar placer (sexual) u ofender. Este no sería el caso de la cantante del Orgullo. Si hace falta revisar la ley, pues seguro que habrá juristas que se lo tomen de tarea.

El pecho en el museo

El famoso cuadro de Eugène Delacroix “La libertad guiando al pueblo” tiene por motivo central a la libertad representada por una mujer que enarbola la bandera de la revolución, y que casualmente, lleva los pechos al aire. No podemos preguntarle al artista el porqué de elegir esta puesta en escena, pero nuestra intuición nos dice que puede ser para causar una impresión más descarnada. “Destetarse”, en este caso, es incardinarse en lo colectivo y enardecer a las masas. Ahora bien, ¿debemos cubrir el cuadro, no exhibirlo, o poner una tela que tape las mamas? ¿Debemos cubrir los inocentes ojos de los estudiantes en un recorrido escolar? ¿Estamos hablando de pornografía artística? 

Inciso y exceso. En consonancia con lo anterior, vemos que FOX 5 en 2015 ensombreció pudorosamente los pechos abstractos de la pintura “Mujeres de Argel en su apartamento”, variación de Picasso de un original de Delacroix. 

Llegados a este punto, nos preguntamos retóricamente: ¿estará la libertad mejor representada con ropa de vestir? La frontera dónde hipocresía y decoro se tocan queda fuera de nuestro alcance, sin embargo, la siguiente noticia nos proporciona las claves de por dónde pudiera ir nuestro futuro, y nos perturba tanto como alarma. 

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Leemos en NBC News una noticia en la que se nos dice que los bibliotecarios de Arkansas están recurriendo una ley que les puede enviar derechitos a la cárcel. Según esta ley se podrá censurar todo lo que los niños pueden leer en colegios y bibliotecas. Los bibliotecarios denuncian la inconstitucionalidad de la ley Act 372, que permite alegremente prohibir o reubicar los libros de los establecimientos públicos. Basta para hacerlo con que se etiqueten como “no aptos” para menores. El Sistema de Bibliotecas de Arkansas Central alega que va contra la Primera Enmienda constitucional.

De acuerdo con la propuesta del Act 372, se prevé proscribir: “cualquier representación de desnudez o conducta sexual destinada a apelar a un interés lascivo que carece de un valor artístico, médico, o político serio y que los estándares comunitarios contemporáneos encontrarían inapropiado para menores” (trad. de origen).

La ley deja al bibliotecario indefenso frente a estándares mal definidos. No se considera siquiera la cortesía de aportar una justificación. Tampoco da opción a presentar una disconformidad o desacuerdo. La ley, que entrará en vigor el 1 de agosto, ya ha provocado que en algunas bibliotecas se haya comenzado a retirar de las estanterías infantiles libros que tratan de personas discapacitadas, religión, o contenidos de género. Según el Every Library Institute, este año ya hay siete estados que han aprobado leyes de este tipo, y otros doce lo están considerando.

¿Cabe pensar que las peculiaridades culturales no compartidas por el censor, una vez así identificadas, se eliminen por no cumplir con algún estándar comunitario? ¿Quién se siente cualificado para ejecutar tal “amputación” en una democracia plena? ¿un representante político? ¿Se recurrirá a expertos en tradiciones culturales latinas, afroamericanas, nativo-americanas…? ¿Se va a medir con el mismo rasero El Cantar de los cantares de Salomón y el Playboy? Lo decimos porque en el Cantar también se habla de pechos.

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Los censores encargados de dictaminar lo que se puede o no se debe leer, o ver, podrían fácilmente incurrir en excesos o arbitrariedades, y acabar tan aturullados como el maestro Zancas-Largas de Fray Gerundio de Campazas, obra del padre Isla de 1758. El carnavalesco personaje, para explicar la elección de las letras mayúsculas o minúsculas, predicaba que debían ir acordes al tamaño de las cosas. Así podría con mayúscula escribirse “Pierna de Vaca”, pero jamás: “pierna de hormiga”.

No queremos acabar en manos del maestro Zancas-Largas. Mejor siempre será colorear o dar cuerpo a nuestro sexto sentido en asuntos de ortografía, piernas, y pechos.


Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

Luis Silva-Villar, profesor emérito de Lengua y Lingüística

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Perfil del autor

Luis Silva-Villar, PhD, earned his Master of Arts in music and classical guitar from the Real Conservatorio Superior de Música de Madrid and his licensure in Hispanic language and literature from Universidad Complutense de Madrid, as well as a Master of Arts in Spanish from the University of California Los Angeles. Silva-Villar went on to earn his PhD in Hispanic Languages and Literatures from UCLA as well. He teaches First-Year Spanish, Advanced Spanish Grammar, History and Culture of Spain, Spanish and the Nature of Language, among others. Silva-Villar's research interests include Spanish language and linguistics, Spanish in the U.S., language variation, language in the media, Spanish heritage speakers and foreign language education.

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