Marcial Maciel: una serie, una vida, un episodio oscuro en la historia de México
El jueves 14 de agosto se estrenó en varias plataformas la serie documental 'Marcial Maciel: El lobo de Dios', dirigida por Matías Gueilburt.
El jueves 14 de agosto se estrenó en varias plataformas la serie documental Marcial Maciel: El lobo de Dios, dirigida por Matías Gueilburt.
Al estilo Hollywood, presenta, en un ambiente oscuro y misterioso, al padre Maciel. Pareciera que ese Maciel es el sacerdote del exorcista que busca sacar los demonios de personas poseídas. Pero en realidad, el demonio era el mismísimo Marcial Maciel.
Conocí un poco más de la vida del fundador de los Legionarios de Cristo a través del libro Marcial Maciel: Los Legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos de Fernando Manuel González, publicado en 2010. En este libro sobre la historia del sacerdote vemos cómo un jovencito de Cotija, Michoacán, utilizó las influencias familiares dentro de la Iglesia Católica para crear una congregación religiosa en 1941 a los 21 años de edad. Desde la fundación de la congregación, hasta la muerte de Maciel, debemos analizar cuidadosamente cómo la impunidad y el fanatismo religioso en México colaboraron en esconder sus crímenes dentro de la Iglesia Católica.
El caso de Maciel fue el resultado del fanatismo religioso surgido después de la Guerra Cristera. En esos pueblos y ranchos de Michoacán, Jalisco y Guanajuato, la población defendió sus creencias religiosas entre 1926 y 1929. Es ahí donde amigos y familiares, como su tío abuelo el obispo Rafael Guízar y Valencia, ayudarían a Maciel a entrar al seminario y desarrollar una vida religiosa.
Marcial Maciel era un carismático joven sacerdote que lograría penetrar en la clase alta mexicana y utilizarla para crear un imperio religioso en México que luego extendió por 22 países.
El caso Maciel habla del cinismo prevalente en la sociedad mexicana. Las familias de alta alcurnia hacían grandes donaciones a los Legionarios de Cristo. La familia Servitje, del grupo Bimbo dedicado a la producción de alimentos se convertiría en una de las defensoras de Maciel y estaba entre sus mayores donantes financieros. Marta Sahagún, esposa del expresidente Vicente Fox, le donaría dinero de la fundación Vamos México. A cambio de ello, Maciel intervendría con el Vaticano para la anulación de su primer matrimonio. Televisa y otros medios de comunicación silenciaron a los periodistas que denunciaban los abusos sexuales y daban voz a las víctimas del sacerdote.
Gracias a las donaciones, los Legionarios lograron fundar negocios “no lucrativos” como Guadalupe Radio en El Monte, California y una red de universidades y colegios privados en México y otros países. Aunque estas instituciones no brindaban una buena educación, servirían para obtener prestigio y conexiones entre la gente de la alta sociedad.
El negocio salió rentable a los Legionarios. Serviría para llevar al Vaticano limosna. Para la década de los 80s, mientras el Papa Juan Pablo II oprimía al peruano Gustavo Gutiérrez y a los otros teólogos de la Liberación que participaban en la lucha social en Latinoamérica, le abría las puertas del Vaticano a Maciel y sus legionarios. Mientras condenaba a los sacerdotes luchadores sociales y la labor que hacían con los pobres y marginados, ignoraba a las víctimas de los abusos sexuales de Maciel.
Maciel no murió pobre ni recluido. Murió a los 87 años, en una de sus propiedades en Jacksonville, Florida, en medio de lujos y en las condiciones más favorables posibles. Murió junto con sus más cercanos colaboradores y sirvientes que solaparon al criminal.
Que esta serie de televisión sirva para no olvidar a Maciel y que se denuncie la corrupción y fanatismo religioso que imperó en México a lo largo de su historia y que sigue hasta nuestros días. Hoy perduran las familias influyentes en México y sus nuevos aliados ultraconservadores como Eduardo Verastegui y el CPAC mexicano. Perduran los descendientes del Yunque, los Tecos y grupos sinarquistas que buscan llegar al poder.
Mientras que en Estados Unidos se ha perseguido la pederastia dentro de esta institución religiosa, la Iglesia Católica en México sigue encubriendo criminales como Marcial Maciel. Aunque en 2010 los Legionarios reconocieron los abusos y en 2019 admitieron 175 casos por parte de 33 sacerdotes, de ellos 60 atribuidos a Maciel, la diócesis primada de México debe de dejar de silenciar a las víctimas y proteger a los agresores. Por el bien de la Iglesia Católica se debe reconocer públicamente los abusos. Deben asumir su responsabilidad.



