Mineros chilenos en Los Angeles: Entrevista con Luis Urzúa

Conversamos cara a cara con el minero numero 33, Luis Urzúa, quien era el jefe de turno de la mina San José en Copiapó, Chile, cuando ocurrió el desastre del 5 de agosto del 2010. Nos recibió en la sala de recepciones de la Iglesia En el camino (On The Way) de Van Nuys, dónde junto a dos de sus compañeros Juan Carlos Aguilar y Florencio Ávalos terminaban de hablar a la congregación.

Urzúa es sencillo y campechano, su hablar suave y tranquilo proyecta seguridad y aplomo. Se nota deslumbrado y cómodo con la fama que le ha llegado luego del rescate, pero aún así, este minero con treinta años de experiencia en las entrañas de una mina conserva los pies en la tierra. Esto fue lo que nos comentó.

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¿Qué los trajo a Los Ángeles?

Fuimos invitados a venir a dar un testimonio de fe y esperanza en estos tiempos difíciles. Además queremos agradecer el apoyo y las oraciones de ustedes que nos ayudaron a superar los momentos terribles que sufrimos en los 70 días que estuvimos allá abajo atrapados en la mina.

¿Cúal fue la virtud que más necesitaron para soportar tanto tiempo aislados del mundo en condiciones infra humanas?

La fe, el compañerismo, la unión del grupo, allá abajo todos éramos uno para todos y todos para uno.

Usted habla de fe, de religiosidad… ¿todos eran creyentes?

El noventa y nueve punto, noventa y nueve por ciento del grupo de los 33 era creyente; de todos modos orábamos juntos dos o más veces al día desde el segundo día que pasó el accidente. Para nosotros Dios estuvo ahí todo el tiempo. No éramos treinta y tres: éramos treinta y cuatro.

¿Volvería a ser minero?

Esa pregunta me la han hecho mil veces… sí, creo que sí. Hace un tiempo fui invitado a visitar una mina en Copiapó y comprobé qué bien que se siente uno como trabajador, que trabaja por un salario, cuando ve que los empresarios gastan un poco más de sus ganancias y le proporcionan al minero las condiciones adecuadas para trabajar en un ambiente seguro y respetuoso. Se siente bonito ver eso.

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Su odisea y la de sus compañeros, ¿sirvió para crear conciencia del peligro de trabajar en donde no se contemplan las medidas para asegurar que no ocurran accidentes así?

Definitivamente que si, sirvió para crear conciencia en Chile y en el mundo entero. En mi país las cosas no están mal, pueden mejorar, pero siempre hay algún empresario que le importa más ganar dinero que sus empleados, eso pasa en todos lados. Aunque yo sé que de ahora en adelante las cosas van a ser mejor.

¿Cómo se siente usted ahora que el accidente, los malos momentos, quedaron atrás?

Me siento muy bien, feliz de que todos estamos vivos y que pude entregar el grupo sano y salvo.

¿Misión cumplida?

Misión cumplida.

 

Perfil del autor

María del Rosario Burgues nació en Uruguay y desde que aprendió a leer hizo de la lectura su inseparable compañera lo que le valió de parte de sus seis hermanas el mote de “ratón de biblioteca”. Cursó sus estudios en su tierra natal en momentos cruciales de la historia política moderna de ese país y fue justo ahí cuando descubrió que el periodismo era lo suyo, buscar en el silencio verdades que no se dicen y sacarlas a la luz, orientar al que está confundido, dar voz al que no la tiene. Ama la familia, la diversidad cultural, los animales y Los Ángeles.

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Vive en California desde hace dos décadas donde su naturaleza inquieta y curiosa aunada a la necesidad de supervivencia la ha llevado a trabajar en diferentes campos. Ha colaborado en la producción de shows académicos en televisión y en videos musicales en español. Le gusta instruirse y tomar cursos de todo tipo, entre otros, tiene un diploma de enfermera, de auxiliar contable, de locutora…su mamá dice que “le gusta coleccionar diplomas” aunque el que más quiere es el de periodista que obtuvo en UCLA.

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