Qué fin de año

Qué fin de año

Cuando se dice que las ventas de Navidad en las tiendas y malls del Sur de California, están por el suelo, no es un eufemismo. Se ve el suelo. En lugar de estar cubierto por millones de pies, lo vemos encerado, limpio, sin uso. Sólo a último momento entraron clientes a hacer sus compras de regalos, baratijas, recuerdos y especiales.

Lo que constituye la base del comercio en Los Angeles se convirtió en un pedestal para el fracaso. Según cifras preliminares, declaraciones de clientes y de directores de ventas, muchos han cortado sus compras en un 50%. Otros las cancelaron directamente.

En lugar de comprar regalos, prefiero mi dinero para comida. Para lo esencial. Por si me despiden. Para guardarlo cuando estas tiendas se declaren en bancarrota y tengan su venta de liquidación, pero esta vez real.

Un experto decía esta mañana que con este nivel de ventas –en Los Angeles, lo descrito, y el centro y este del país, empeorado por el frío y las lluvias torrenciales- en febrero y marzo se declararán en quiebra decenas de miles de comercio. Y entre marzo y mayo, les llegará el turno a dos mil centros comerciales.

La relación amorosa entre cadenas de tiendas al por menor y consumidores está en un mal momento. No se quieren. Y su lugar de encuentro, su escondrijo, el mall, se cierra, se desploma, se convierte en un agujero negro de frustración.

Será desde los dueños de las cadenas y para abajo. Muchos de los pequeños comerciantes que antes sobrevivían a la orilla de los Mervyns’ –que cerró sus 149 tiendas en California- caen. Caen sus empleados, que en este momento son más numerosos que los clientes. Caen, como reacción en cadena. Enero, febrero, marzo.

Para marzo reaccionarán las publicaciones, las que ahora gozan de un respiro de purgatorio gracias a la inmensa cantidad de avisos publicitarios que les proporcionan recursos ya comprometidos. ¿Qué hará el Los Angeles Times, ya en bancarrota y sin avisos?

El derrumbe del comercio va para abajo. No para arriba. Los grandes bancos que financian su funcionamiento, que aseguran su circulación sanguínea, se están salvando gracias a 700 mil millones de dólares de regalo del gobierno, de los cuales a la fecha la mitad se ha entregado.

Sumas varias veces superiores a los presupuestos de la mayor parte de los países del mundo están desapareciendo. AP interrogó a los 21 bancos que recibieron regalías del gobierno –del contribuyente- adónde fue ese dinero. Ni uno le contestó. Lo que sí averiguó es que 1,600 millones de dólares fueron para pagos a ejecutivos.

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