Tiempos de renovación para la Unión Europea

Como se ha ido generalizando, las voces más innovadoras han ido teniendo por epicentro a Francia o Alemania. Esta vez ha sido el nuevo gobierno desde Berlín, encabezado por el socialista Olaf Scholz, quien ha propuesto un “cambio de paradigma” para la Unión Europea. Se trata en esencia de actualizar los contenidos del Tratado de Maastricht, que como se sabe, fue firmado en esa ciudad holandesa el 7 de febrero de 1992, y entró en vigor el 1 de noviembre de 1993.

Tal y como Berlín lo puntualiza, se trata de continuar con el desarrollo de la Unión Europea. Se trata de construir sobre las bases de Estado que generaron y tienden a fortalecer, el proyecto de ingeniería social y política más importante a inicios del Siglo XXI.

En tal sentido, las finalidades se centran en consolidar postulados fundamentales que se tenían previstos desde 1950, con la constitución de la Comunidad del Acero y del Carbón. Es decir, espacio de libre movilidad de factores productivos, coordinación de políticas macroeconómicas, profundización y mayores alcances del espacio de la moneda única, además de política exterior.

De entrada, con esta propuesta de nuevo cuño, puede observarse una fortalecida coordinación entre Berlín y París. Es en Alemania de donde surge el fundamento de la propuesta, pero es Francia, quien ocupa este semestre la presidencia de la Unión, quien gestiona la formulación y los consensos que se han ido requiriendo.

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La medida específica que ha requerido Francia es la realización de una conferencia europea sobre nuevos modelos de inversión y crecimiento. La innovación apuntaría a promover cada vez más valores agregados tomando en cuenta la cuarta transformación industrial ahora más centrada en telecomunicaciones ultra-rápidas, nanotecnología y abastecimientos asegurados en función de la agricultura y la industria.

En especial los circuitos de la producción agrícola son importantes como mecanismos de aprovisionamiento interno y de exportación, además de ser un factor que confiere poder político y protege de alta vulnerabilidad externa. Las medidas de innovación no sólo tienen su perspectiva fijada en Estados Unidos, sino también en el gigante chino, y en general en las economías emergentes con más población: Rusia, Brasil y la India.

Como puede inferirse, la perspectiva del desarrollo de los innovadores proyectos europeos debe transitar por los resultados electorales. En este sentido, en un futuro inmediato, Alemania ofrece más estabilidad con el recién inaugurado gobierno en Berlín. Sin embargo, la situación en Francia puede modificarse de manera drástica.

Nuevo canciller de Alemania, Olaf Scholz, líder del Partido Socialdemócrata.

Afectaría quién fuese el electo en el nuevo gobierno de París. Scholz hasta ahora demuestra tener una buena comunicación con las posiciones de Macron, pero otras serían las condiciones con variaciones drásticas, si llega a ganar, por ejemplo, la extrema derecha, representada por Eric Zemmour o Marine Le Pen.

Uno de los ejes programáticos más importantes gravita en torno a que el nuevo gobierno alemán, manteniendo la actual coalición gobernante, pueda garantizar los recursos financieros de los ambiciosos planes de inversión en la economía real, de reactivación de mercados en esta nueva etapa de la pandemia, a la vez que se asegura la demanda interna europea.

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Esas inversiones deben ubicarse en el contexto de políticas más expansivas tanto en lo fiscal como en lo monetario. En esto, es clave el instrumento del Banco Central Europeo y sus mecanismos complementarios, fundamentalmente establecidos desde el 8 de mayo de 1998. Importantes montos de recursos se requieren en la transición energética y digitalización. Para ello, los países de presupuestos más restringidos están evidenciando un cambio de ritmo como parte de las referidas dinámicas más expansivas.

En este entramado, ha sido notable cómo el también nuevo gobierno de Países Bajos ha lanzado recientemente un nuevo plan de inversiones. Algo que se perfila en la misma dirección que toman los acontecimientos desde Alemania.

Por otra parte, es evidente que Europa sigue enfrentándose a la disyuntiva, propia de los procesos de integración económica y política, que se refiere a la creación de comercio; o bien a la desviación comercial. En el primero de los casos se impondrían medidas más tendientes a la apertura económica. En el segundo de los aspectos, las decisiones continuarían en la senda de consolidar la “fortaleza europea”.

No se trata de mecanismos excluyentes, pero con base en datos actualizados, es claro que Alemania se ha beneficiado por el establecimiento de un mercado común, de un proceso avanzado de integración económica que, con el instrumento del Tratado de Lisboa busca mecanismos incluso de integración federal en lo político. Se trata de un acuerdo firmado el 13 de diciembre de 2007 que, no obstante las contradicciones internas del bloque, ha podido sobrevivir mediante prudencia y articulados logros en la implementación de las resoluciones.

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Los avances concretos con los que se cuenta en la actualidad incluyen un borrador de documento europeo identificado como “Brújula Estratégica”. Esta propuesta debe ser discutida por todos los gobiernos y Francia espera que su contenido, al menos el substancial, sea producto del consenso y sea aprobado durante este primer semestre de 2022.

Ahora con más intensidad debido a la pandemia, se impone el requerimiento de que el mundo pueda configurar una dinámica más incluyente. Es importante mantener viva la esperanza de escenarios sostenibles y sustentables. Europa está llamada a jugar un papel vital en esa dirección, considerando en todo esto, los vaivenes de Estados Unidos y la consolidación de China.

Perfil del autor

Giovanni Efrain Reyes Ortiz, Ph.D. en Economía para el Desarrollo y Relaciones Internacionales, de la Universidad de Pittsburgh, con post-grados de la Escuela de Altos Estudios Comerciales -HEC- en París, Francia, y de la Universidad de Harvard. Ha sido Director de Integración Latinoamericana y del Caribe en el Sistema Económico Latinoamericano y Director de Informe en Naciones Unidas.

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