Menú Caballeros y Menú Damas

Parte de la Serie "Tijuana Blues", por Marga Britto

Una boda interracial en los angeles

Hace tiempo acompañé a mi esposo a una de esas bodas que aspiran a ser el evento del año, de las que se hablan en todos los círculos sociales, y cuyos pormenores se publican en revistas que llevan bisílabos como título.

El evento era espeluznantemente protocolario, rayando en lo ridículo.

Pero ahí estábamos: el Sr. Britto con su smoking recién salido de la limpiaduría, y la Sra. Britto con el vestido azul tiffany favorito, propiedad de su mejor amiga. En medio de una ordenada y pulcra fiesta cuasi-victoriana y fuera de contexto, a la que asistieron más de 1000 personas, aparentemente encantadas de haber alcanzado el renglón en la lista de invitados.

A la fecha todavía no hemos descubierto la razón por la que mi esposo fue invitado a ese banquete nupcial, pues desde mi perspectiva estar en esa fiesta y haber ido de vacaciones a la luna, daba exactamente lo mismo.

La apoteosis de la elegantísima reunión no fue el brindis del “magnate” seleccionado como padrino, ni cómo más de uno llegó rodeado de guaruras vestidos de pingüinos, estos últimos dando vida a la frase “el mono, aunque se vista de seda….”, ni el primer baile de los novios con aquella romántica canción de la época de sus abuelos seguramente seleccionada por la madre de la novia ó el “Wedding Planner”.

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Nada de lo anterior opacaría la notabilidad de La Cena.

Cada mesa se encontraba decorada por un tronco de vid, traído desde Francia, especialmente para la ocasión, y al centro de la mesa depositado sobre un marco de plata, aguardaba discretamente el menú de la cena, el que visto de lejos me pareció extenso, aunque juzgando por el excesivo derroche distribuido a lo largo y ancho de la fiesta, no me extrañó que esa noche nos sirvieran un banquete vikingo. Así que obvié el contenido del menú, y me dediqué a deleitarme con otros aspectos de la Boda.

Finalmente llegó la hora de servir la cena, y cual va siendo mi sorpresa al darme cuenta que a mi esposo le servían un fabuloso filet mignon relleno de foie grase , mientras que a mi se me presentaba un plato con una mísera codorniz rellena de alguna confitura frutal, que además al ser comparado en cantidad con el plato de mi esposo, representaba cuando mucho la mitad de lo que esa noche cenaría mi querido Sr. Britto.

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Con la mayor discreción que mi harta curiosidad permitió, tomé el menú de su pedestal de plata para revisar cuál sería el siguiente plato en la, según yo, extensa lista.

Pues nada, mera “desilusión” visual, pues el Menú no era extenso, sino que estaba dividido en dos partes:

Menú Caballeros y Menú Damas.

¡Vaya Cursilería! ––– me dije para mis adentros. Pero la situación representó para mí algo más que un motivo de crítica espontánea, o burla cínica, de pronto sentí una tremenda urgencia por salir de aquel túnel en el tiempo que me había transportado simbólicamente y a través de un menú a la Corte de Luis XVI.

Sin duda alguna, hasta ese momento, esta era la discriminación “más elegante” que había tenido que enfrentar como mujer.

Fantasee con un acto de rebeldía general protagonizado por todas las mujeres invitadas a la boda, donde al ritmo de la deliciosa melodía de Sarah Brightman “Deliver Me” , intercambiaran sus platos con el del hombre más próximo en su mesa, y ante la mirada escandalizada de los anfitriones empezarán a devorar vorazmente los filet mignons de sus contrapartes masculinas.

Pero eso no iba a ocurrir, en cada mesa al alcance de mi campo visual, se repetía la misma escena: mujeres deslizando su cubierto sobre el plato, jugando a comer, sin pasar un bocado por sus seguramente perfectas y blancas muelas. Viendo comer, más que comer, guardando todas las formas posibles, incluida la de: no comer “demasiado”. Siendo “demasiado”, tal vez un triste bocado de la panza de una codorniz de no más de 100 gramos.

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De haberse materializado mi fantasía coreo-gastronómica en aquella fiesta decadente, me habría levantado y aplaudido hasta que se me pusieran moradas las manos.

Pero tristemente, seguro que en toda la fiesta, fui la única persona que tomó la cuestión del menú como un insulto a mi condición de mujer, como una limitación más impuesta por un protocolo de supuesto “abolengo”, a las libertades de la mujer, empezando por su elección de comer un plato tan grande o pequeño como le plazca sin sujetarse a convencionalismos totalmente fuera de contexto.

Esa noche no probé un solo bocado, mi esposo tampoco. Nos despedimos de nuestros anfitriones, culpando a un “achaque de mujer” por la prematura despedida.

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Acerca de Marga Britto 59 Articles
Aprendiz de Madre, Malabarista del tiempo, Exiliada por Opcion, Cuestionadora de todo, Objetora de muy Poco, Activista de Closet, Escritora sin oficio. Marga nació y creció en la ciudad de Tijuana, México. Actualmente radica en la ciudad de Pasadena, CA. junto a su esposo e hija de 18 meses. Es Licenciada en Comunicación egresada de la Universidad Iberoamericana, y comparte su tiempo entre vivir su maternidad a tope y escribir una columna semanal en su blog www.madresinsumisas.com.

6 Comments

  1. En la siguiente boda, bautizmo, primera comunión o compleaños de la hija/o de quien sea, liberaré a nuestras pobres mujeres.
    ¿cómo?
    La respuesta llegará…
    Basta de opresión 🙂

  2. Marga…Adoré esto en verdad!! Entiendo tu indignación, yo no soy muy partidaria de las bodas, pero me parece muy respetable la decisión de quien lo hace, sin embargo, siempre he creído que lo que decidas hacer, este principalmente motivado por darse gusto a uno mismo, no a los demás y menos por querer aparentar o impresionar. Si fue su gusto y están felices, pues que bien!! Pero eso de decidir el menú por condición de mujer, definitivo no va… En fin, es una experiencia más para contar no?
    Saludos!!

  3. como siempre genial articulo Marga!
    me encanta esa tu descripción tan real tan propia de las cosas, siempre que te leo es como si recrease, tus lineas con imágenes frente a mi a la par de lo que leo…
    es tanta mi imaginación que tus lineas la desatan…

    es toda una experiencia la que viviste! es increíblemente absurdo! esa “discriminación elegante” como aún puede pasar eso? curiosamente, siempre existe quien sugiere algo así… para “hombres” y para “mujeres”, eso es tan tan estúpido desde mi punto de vista, de repente esa situación me remitió como a un instante “retro” y supongo que es porque dentro de mi condicion humana y de mujer no existe y no acepto esa etiqueta, y porque creo que tenemos libertad de elegir, como mejor nos plazca! como nos de la gana! como se nos antoje… asi, de simple.

    hoy casualmente, en mi TL del twitter… alguien escribió… algo asi como “esa es música para hombres” y yo pense por un instante: ¡¿existe realmente música para hombres? mi respuesta inmediata fue: un no! rotundo! no existe solo música para hombres! la música es universal y no distingue genero, ni raza, ni nivel economico, ni preferencia sexual, ni muchas cosas, por eso es universal, bueno eso creo yo…

    y la que existe es “la que te gusta, la que no, la que te prende y te energiza”

    yo como una mujer joven, trato de defender mi condicion diariamente…
    no acepto esa etiqueta de “mujer a traves de los tiempos, incluyendo el actual, en muchos sentidos”.

    gracias,
    por compartir! por crear conciencias y ecos en este tiempo, y por desatar mi imaginación.

    un abrazo

    Brenda.

  4. Me encanta como escribes y esta no es la excepción !
    Tu ferviente lector y amigo por siempre.
    Abrazo enorme.

  5. Siento decepcionarte que esa no ha sido la boda de la decada…..no hay que olvidar en la que contrataron a Luis Miguel, y que instalaron una gran carpa atras de las caballerizas….y que hicieron una pre-boda entrando con un carruaje para una corrida de toros….todavía recuerdo haber pasado por ahi y que estaba la gente ¨nice¨ no invitada estacionada para poder escuchar a Luis Miguel, jajajajaja….pero cuando uno organiza su boda piensa en las personas que quieren que esten en ese dia importante…asi que conociendo a cada uno de mis invitados los cuales hombres y mujeres comen bastante bien, opte por un bufet…asi les di gusto a los carnivoros, vegetarianos, los que estaban a dieta….y hasta la fecha me siguen diciendo que fuimos excelentes anfitriones que cuando hacemos otra fiesta asi…a lo que voy en esta sociendad tijuanense estan los que darian lo que fuera por pertenecer a….los que pertenecen a y les vale….los que pertenecen porque el esposo o esposa es y no hacen click….los nuevos ricos….los de east lake….y los de tijuana este que van a escuela en el tijuana oeste…y si vieras las barbaridades de las que platican….por eso soy amiga de Marga….el contraste como tu Tijuana Blues. Saludos!!!!

    • A esa boda que comentas NO fui invitada! Muchas gracias por tu comentario, sobre todo por el cierre!
      Un abrazote!! Habemus visa?

      Marga

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