Un asesino en el Salón de Baile de Monterey Park

Quienes merecen honores y la gratitud de la comunidad de Monterey Park y Los Ángeles, son los dos valientes que enfrentaron al asesino, lo desarmaron y causaron su huida, previniendo así un desastre aún más grande

Este sábado 21 de enero, cuando celebraban el advenimiento del Año Nuevo Lunar junto con miles de miembros de la comunidad asiática de Los Ángeles, un hombre armado asesinó a diez personas en Monterey Park; cinco hombres, cinco mujeres;  hirió a diez más.

Monterey Park es un barrio pintoresco, de 60,000 habitantes, en su mayoría gente de este grupo étnico y cultural. En el bulevar del Valle que lo atraviesa se encuentran, uno tras otro, restaurantes chinos, tailandeses, vietnamitas, camboyanos, a cual más concurrido y apetitoso. En la calle Garvey, pequeños centros comerciales, de barrio, con letreros en chino y en inglés. En algunos cines se proyectan películas chinas.  

Es difícil imaginar que Monterey Park sea el lugar del más reciente crimen de odio del país. 

El hombre armado atacó un salón de baile, Star Dance Studio en West Garvey Avenue. 

El sábado por la noche, anunciaban allí un evento entre las 8 y las 11:30 p. m. como “Noche de estrellas, por 10 dólares”.

Entró, disparó, mató e hirió. 

Las víctimas, dijo Robert Luna, el nuevo Sheriff del condado de Los Ángeles, eran todos mayores de 50 años. Los vecinos dicen: “Nadie menor de 70 podía estar ahí”.

Un testigo ocular dijo que mientras disparaba se le terminaron las balas y volvió a cargar. 

Esto escriben en internetdel lugar quienes lo visitaron:  «El mejor profesor de salón de baile enseña aquí.» «Clases de los mejores profesionales todos los días y fiestas todas las noches”. Y «también hay una sala de karaoke que a veces se alquila para fiestas».

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Veinte minutos después el asesino fue a otro salón de baile, el Lai Lai Ballroom & Studio, situado un poco al sur, a menos de tres millas, para matar a más. 

En el segundo lugar lo enfrentaron; le quitaron el arma que usó para el crimen. 

Huyó en una van blanca, con licencias robadas. 

A las 10:20 de la mañana del domingo 22 la policía localizó la van en un centro comercial cerca de la concurrida esquina de Sepúlveda y Hawthorne, en la ciudad de Torrance. 

Ahí está el Del Amo Mall, el segundo más grande de Estados Unidos. 

Torrance, una ciudad situada en la Bahía, es sede de la segunda comunidad japonesa más grande del país después de Honolulu. 

Pero los crímenes de odio, los tiroteos masivos, están sucediendo en cualquier parte: allí donde vive la gente. 

Ahí, el todavía “sospechoso” se quitó la vida antes que entregarse a los agentes que lo urgían. 

Era un hombre de 72 años de edad y residente de Hemet, una ciudad a 100 millas al este de Los Ángeles. 

El motivo del crimen todavía no se conoce. Como si importara. 

Es otro macabro asesinato que se agrega a los ya tantos tiroteos masivos ocurridos en este año, 2023. Cinco días antes, unos asesinos profesionales mataron a seis personas en el poblado de Goshen, en el Valle Central de California, en lo que parece ser una “ejecución al estilo de un cartel” de drogas.

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Los festejos del Año Nuevo Lunar, planificados para hoy domingo y donde concurrirían unas 200,000 personas, se cancelaron. 

Mientras tanto, los vecinos de Monterey Park muestran solidaridad. El mismo domingo, varios visitaron un centro local para personas mayores para ver si había algo que pudieran hacer para ayudar. Otros se congregaron en pequeños grupos comentando los hechos con alarma. 

La vida en la comunidad se quebró en mil pedazos y quién sabe cuándo volverá a festejarse. 

Una observación más: el asesino no merece que se mencione su nombre. Si se ha hecho fue para despejar la noción de que era un supremacista blanco, porque su nombre es claramente chino. Por eso se ha publicado. Eso alivió a los culpables morales del asesinato. 

Quienes sí lo merecen, y merecen honores y la gratitud de la comunidad, son los dos valientes que enfrentaron al sujeto, lo desarmaron y causaron su huida, previniendo así un desastre aún más grande. Uno de ellos es Brandon Tsay, de 26 años, administrador del local. 

Bien hizo el Los Ángeles Times en publicar un editorial, el mismo domingo, poniendo sobre el tapete la principal razón que posibilita estos crímenes: el fácil acceso a armas de fuego a manos de la población. 

Porque, ¿qué pueden decir ahora los idólatras de la Segunda Enmienda? Cuando son ataques contra chicos de escuela, dicen que tienen que haber guardias armados a la entrada, que hay que armar a los maestros. ¿Y ahora? ¿Que se armen las señoras setentonas? 

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Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

Perfil del autor

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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