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Cuadernos de la Pandemia: Se prohíbe leer: La Inquisición cabalga de nuevo, amigo Sancho

“La historia de los libros prohibidos no habla solamente
de una cadena de opresión, obras destruidas y autores asesinados:
también ofrece la crónica de la victoria
de la palabra sobre el poder”.
                —Wener Fuld, en Breve historia de los libros prohibidos

 

En años recientes, los Estados Unidos han visto el surgimiento de una acción concertada y cada vez más agresiva, entre políticos de la derecha más conservadora, enfocada en prohibir y eliminar de las bibliotecas y escuelas públicas un creciente número de libros. Aunque los ataques a la libertad de expresión y prensa han existido desde el comienzo de la colonia inglesa, la avanzada actual no tiene paralelo ni en su intensidad ni en el alto número de libros que están siendo vetados.

 No deja de ser diciente que en el presente clima político y social el ataque esté dirigido principalmente contra tres clases de escritura: en primer lugar, la que trata sobre raza y racismo, que incluye tanto obras de ficción como de historia y crítica de la esclavitud y sus efectos sobre la población afroestadounidense hasta el día de hoy. En segundo lugar, la literatura, ensayos, poesía y crónicas, escritos por autores negros, latines, indígenas, asiáticos y otros grupos racializados, que ilustran y describen las luchas y experiencias de estas comunidades en el país. Y, en tercer lugar, las obras que tratan sobre la identidad de género o identidad queer, que son la expresión de personas a la que otros se creen con derecho a oprimir y callar por encima de sus derechos humanos garantizados en la Constitución.

Para hacer visible cómo arrecia el ataque contra libros que tienen esta clase de contenido, PEN América, una de las organizaciones más prominentes en la lucha por la defensa de la libertad de escribir, publicar y leer, dio a conocer en semanas pasadas el “Índice Estadounidense de Prohibiciones de Libros Escolares”, que comprende solamente las nuevas obras literarias prohibidas del primero de julio de 2021 al 31 de marzo de 2022. El Índice “enumera 1586 casos de libros individuales prohibidos” con un total de “1145 títulos de 874 autores diferentes, 198 ilustradores y 9 traductores, lo que afecta el trabajo literario, académico y creativo de 1081 personas en total” (1). Las prohibiciones se han producido en 86 distritos escolares en 26 estados. Estos distritos representan 2899 escuelas con una matrícula combinada de más de 2 millones de estudiantes. Jonathan Friedman, director de PEN América señala que esta movilización contra la libertad de expresión y prensa “no tiene precedente ni en la escala ni en la proliferación de grupos que están tratando de remover listas completas de libros en múltiples distritos escolares, a través de todo el país” (2).

Este nuevo y escabroso Índice recuerda el Index Librorum Prohibitorum que la Iglesia Católica creó en plena Inquisición en 1564, un instrumento que se usó para la quema de libros —y con frecuencia a sus autores— hasta que fue eliminado por el Papa Pablo VI en 1966. El Índice Estadounidense incluye a numerosos y prominentes escritores afrodescendientes, creadores de algunas de las páginas más brillantes de la literatura norteamericana. Entre ellos y ellas están Fredrick Douglass y su autobiografía Narrativa de la vida de Frederick Douglass, uno de los documentos fundacionales sobre los efectos devastadores de la esclavitud en los Estados Unidos, contada por uno de sus escritores más lúcidos y elocuentes, que la vivió en carne propia. Tres libros prohibidos de Toni Morrison, Premio Nobel de Literatura en 1993: la novela Beloved, la historia para niños Peeny Butter Fudge y la novela Ojos azules. De Maya Angelou el  primer tomo de su autobiografía Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado. De George M. Johnson, activista LGBTQIA+, sus memorias y manifiesto All Boys Aren’t Blue. Del educador y activista Ibram X. Kendi, Cómo ser anti-racista, y Stamped from the Beginning: The Definite History of Racist Ideas in America. De la educadora y activista Gloria Ladson-Billing, The Dreampeepers: Successful Teachers of African American Children. De Alice Walker, la novela El color Púrpura, ganadora del Premio Pulitzer y llevada al cine por Steven Spielberg. La lista es mucho más larga a la vez que la belleza y fuerza de estos textos es implacable.

El Índice incluye también a decenas de escritoras y escritores latines. A modo de ilustración menciono algunos (quien se interese puede ver la lista completa en la página de PEN América). Está La casa de los espíritus, la primera y una de las más logradas novelas de Isabel Allende. La novela clásica de la literatura chicana Bless Me, Última, de Rudolfo Anaya. Islandborn, del dominicano-estadounidense Junot Díaz. De la también dominicana-estadounidense Elizabeth Acevedo sus novelas en verso Clap When You Land, y The Poet X, ganadora del Premio Nacional del Libro en la categoría de Ficción Juvenil Adulta en 2018.  Roxanne Dunbar-Ortíz y su libro de historia An Indigenous Peoples’ History of the United States, sin duda el más detallado y devastador recuento de la opresión y extermino sufridos hasta el presente por los nativos en el país. De Paulo Freire su influyente libro Pedagogía de los oprimidos. De Carmen María Machado In the Dream House, donde narra sus experiencias de violencia doméstica queer. Y para rematar en esta brevísima lista, hay que incluir a Sonia Sotomayor, jueza de la Corte Suprema de Justicia, cuyo libro para niños y niñas, ¡Solo pregunta!: sé diferente, sé valiente, sé tú, ¡también ha sido vetado!

Hay que observar que prácticamente todos los libros del Índice Estadounidense pueden conseguirse en internet y todavía forman parte de muchas bibliotecas públicas y son leídos y comentados en las aulas de las escuelas y universidades. Pero el hecho de que sean prohibidos en centenares de librerías y escuelas en más de la mitad de los estados del país, evidencia que la cruzada contra ellos y contra nuevos libros avanza cada día hasta lo que pude llegar a convertirse en una acción federal. La agenda contra los libros es del mismo orden que la avanzada conservadora de la Corte Suprema de Justicia que tumbó la ley Roe versus Wade. Lo único seguro es que no hay nada que pueda garantizar que el día de mañana la mayoría conservadora de esa misma Corte quiera dar una nueva interpretación a la Primera Enmienda y acabe por autorizar más restricciones a la libertad de expresión y prensa. No hay ninguna razón histórica para creer que eso no pueda ocurrir.

Sin alarmismos, pero sí con realismo, hay que pensar que las épocas represivas del pasado, como la Inquisición o la quema de libros, encarcelamiento y muerte de escritores durante el nazismo están siempre a la vuelta de la esquina. Solo basta que no haya una manifiestación pública intensa y en todos los espacios posibles, ni acciones legislativas y ejecutivas que se manifiesten en su contra y que, por el contrario, permanezcan calladas e indiferentes. Cuando nos miramos en el espejo de los países que criticamos por la falta de libertad de expresión, de prensa y de religión, a menudo no nos damos cuenta que el problema también lo tenemos latente, delante de nosotros, en este vasto territorio nacional.

Fuentes citadas:

1) Prohibido en los EE. UU.: Las crecientes prohibiciones de libros escolares amenazan la libertad de expresión y los derechos de la Primera Enmienda de los estudiantes. Página oficial de PEN América. Consultada el 11 de julio, 2022.
2) “The rise in book bans, explained”, by Angela Haupt, The Washington Post. June 9, 2022.

Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

Perfil del autor

Profesor de Pasadena City College que ejerció la docencia en otras instituciones como la Universidad de California Riverside y Biola University. Entre sus publicaciones se destacan Árbol Temprano. Poemas selectos (Page Nine, 2012), Exilio en Babilonia y otros cuentos (Page Nine, 2005) e Historia de un rechazo (Alternative Publishers, 2001). También es co-autor de A History of Colombian Literature (Cambridge University Press, 2017) y The Reptant Eagle: Essays on Carlos Fuentes and the Art of the Novel (Cambridge Scholars Publishing, 2015). Es aficionado del arte, cine, ajedrez, tenis, viajar, el medio ambiente y camping.

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