sábado, septiembre 18, 2021
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¿Dónde están esas vacunas?

¿Qué está pasando con las vacunas del COVID-19? ¿Por qué el sistema de distribución parece tan confuso? ¿Quién debe tener prioridad?

Algunas de estas preguntas fueron contestadas por el doctor William Schaffner,  de la Universidad de Vanderbilt en Tennessee, y el doctor Robert Wachter, de la Universidad de California San Francisco, en una conferencia de prensa organizada por Ethnic Media Services.

“Hubo logros… pero ha habido un cierto número de embotellamientos tanto a nivel nacional como a nivel local”, dijo el Dr. Schaffner.

El doctor William Schaffner. FOTO: HLA

No hay duda que la falta de una coordinación nacional efectiva ha resultado en una serie de problemas. Algunas agencias locales ni siquiera saben cuándo las dosis arribarán. A veces las entregas llegan más tarde que lo que se espera. En otras ocasiones, arriban menos dosis que las prometidas. Y, a veces, hasta las envían a lugares equivocados, como en el caso de vacunas destinadas a Minnesota que terminaron en Tennessee y tuvieron que ser reempaquetadas.

A nivel local hay otros tipos de problemas. Las vacunas Pfizer requieren ser mantenidas a una temperatura considerablemente baja. Esto es un obstáculo para entidades locales que no cuentan con la infraestructura apropiada. A esto hay que sumar la falta de suficiente personal entrenado.

La vacuna Moderna, que fue aprobada más tarde y que no confronta los mismos desafíos logísticos, ha contribuido a reducir estos problemas. Pero es evidente que la falta de preparación es más que considerable y, por lo tanto, la distribución de las vacunas no es lo que muchos esperaban; especialmente teniendo en cuenta que, meses atrás, el presidente Donald Trump prometió que 100 millones de estadounidenses serían vacunados antes de fin de año.

“No me sorprende que no estemos haciendo bien las cosas, porque la única parte de COVID que hicimos bien fue el descubrimiento de la vacuna”, comentó el doctor Wachter. “Hicimos bien la ciencia; parece que no conseguimos resolver lo logístico, lo político, la sociología y los otros componentes que se necesitan que coincidan”.

Basta recordar lo que pasó con los equipos de protección (PPE) que escaseaban cuando los profesionales de la salud tanto los necesitaban y, además, la frustración de inicialmente contar con pocos tests, para poder predecir lo que iba a terminar ocurriendo con la distribución de la vacuna.

Sin liderazgo de Washington, sin un plan nacional, los estados han estado haciendo lo que cada uno considera apropiado.

La confusión y contradicciones se multiplican. En California, por ejemplo, el gobernador Gavin Newsom sugirió que la gente de más de 65 años fuera vacunada. Pero algunos condados lo escucharon y otros, como el de Los Ángeles, lo ignoraron completamente. Así es como mientras en una clínica una persona de esta edad se puede vacunar, en otro establecimiento médico, ubicado a solo pocas millas, se le niega este servicio.

La lista de prioridades para la vacunación coloca a los trabajadores del sistema de salud y a los residentes de centros de ancianos a la cabeza. Y la lista continúa con ancianos, trabajadores esenciales, etc. Pero, ¿cómo implementarla correctamente?

“¿Cómo va a determinar Walgreens que la persona es un trabajador de un mercado o una maestra de jardín de infantes o si tiene condiciones preexistentes? ¿Se necesita una nota del doctor, se necesita una nota del Departamento de Recursos Humanos?”, se pregunta el doctor Wachter. “No he recibido una respuesta convincente de nadie”.

Evidentemente Estados Unidos no estaba preparado, y sigue sin estarlo, para una distribución eficiente de las vacunas. Como opina el Dr. Wachter, la situación es “escandalosa”.

Se estima que solo alrededor de 30 a 32% de todas las vacunas distribuidas en los Estados Unidos han sido utilizadas. California, con una tasa de 17.8%, está entre los diez peores estados.

“Hemos podido inyectar 30% de las dosis que han sido distribuidas. Eso es solo un número, pero representa millones que deberían haber sido vacunados y que, si la hubieran recibido más de 10 días atrás, ya estarían por lo menos parcialmente protegidos. Y esa es gente entre la que algunos se enfermarán, algunos irán al hospital, algunos morirán”, dijo el Dr. Wachter. “No creo que hemos tratado esto como una emergencia”.

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