El hambre arrasa y las condiciones son peores que durante la pandemia

Este mortal flagelo es una realidad cotidiana y severa para unos 800 millones de seres humanos y lo peor es la indiferencia paralizante

Son dantescas las imágenes y las realidades que se tienen con el barrido étnico en Gaza. Se trata de proporcionalidades, de muerte de sectores por demás vulnerables, de muerte de niños, de reconocer, en las respuestas, los límites de lo que implicó el ataque terrorista contra Israel el 7 de octubre de 2023. Parte de la tragedia es el hambre que tiene al pie de la pared a la población entera, unos dos millones de personas.

La situación mundial del hambre

La perspectiva de esta nota, no obstante, es la situación mundial del hambre. Tal y como recientemente lo documenta la investigadora Miriam Lira, con base a su vez en los más recientes reportes de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), programa de Naciones Unidas.

Se puede destacar, más allá de cualquier titular y contenido amarillista que se presente en los diarios, que solamente unas 2,300 millones de personas pudieron llegar a tener una alimentación aceptable. Véase bien, 2,300 millones de un total de 8,142 millones de personas como total mundial (estimación para 2024), esto es sólo un 28% de la población.

Se estima que cerca de un 30% de la población mundial en el otro extremo, se enfrenta a condiciones de hambre entre moderada o grave. En todo este panorama se destacan desgraciadamente, los países al sur del Sahara, en África. Allí se estaría concentrando mucho de la tragedia y con los pocos avances que se han tenido, se confirma cómo se desvanecen las metas de “hambre cero” que la Comunidad Internacional se había fijado para 2030.

Esta cifra que da cobertura a casi el 30% de la población mundial con diferentes grados de hambre en el mundo, constituye entre 3 y 4 puntos porcentuales más que los niveles que teníamos de este flagelo antes de la pandemia. Este dato es un golpe exacto a la línea de flotación de los principales pronósticos que hasta la fecha se tenían. Los esfuerzos por producción, manejo y dotación de alimentos en el ámbito mundial no han sido suficientes, luego de casi cuatro años de haber superado oficialmente la embestida del Covid-19.

Cuando el análisis se hace diferenciando entre regiones, la evidencia destaca que, abrumadoramente, África es el continente más afectado. En efecto, allí se estima que un 58% de la población tiene inseguridad alimentaria, esto es, más del doble del promedio global.

Las regiones más castigadas

En el alineamiento de esta tragedia, a África le siguen las regiones de Latinoamérica y el Caribe, con 25% de su población vulnerable; y Asia, con 23%. Estas últimas dos muestran tener mejoras en la producción y acceso a alimentos, luego de los procesos inflacionarios de 2022.

Como se esperaba, tanto América del Norte como Europa, tienen los datos más alentadores. En esas regiones, sólo un 8% de su población muestra algún grado de vulnerabilidad respecto al acceso a alimentos. La tendencia, incluyendo los tiempos de pandemia han sido al alza, a la mejora, aunque últimamente esta variable tiende a dar muestras de estancamiento.

Sea como fuere, en la producción, manejo y acceso a alimentos en los países más desarrollados, influyen notablemente, los niveles de subsidio y de estímulo a la generación de alimentos y el mantenimiento de sus niveles de precios. Recuérdese que los precios de productos, bienes o servicios varían en relación inversa a las cantidades de oferta. Con mayores producciones, los agricultores pueden caer rápidamente víctimas de su propio éxito, al encarar el factor clave: la comercialización agrícola.

La serie histórica entre volúmenes de producción, valores agregados, acceso a productos y manejo de estos, dan a conocer significativamente que en 2022 hubo importantes picos inflacionarios de elevación generalizada de precios. Es de destacar en todo esto que persisten factores más bien estructurales.

Lo que urge es la acción

Entre estos factores limitantes para superar el hambre y que contribuyen a la elevación de precios se destacan: las crisis geopolíticas y conflictos armados, este factor además de la tragedia que en sí mismo conlleva, tiende a entorpecer drásticamente, las cadenas de suministros regionales e internacionales; las tendencias al calentamiento global que incide en reducción del volumen de cosechas y de disponibilidad de agua, además de irregularidades en función de lluvias y sequías; y la alarmante pérdida de biodiversidad, de germoplasma, lo que contribuye a tener sistemas agrícolas frágiles.

En todo esto, desde luego, es necesario actuar. Actuar en diferentes niveles, buscando complementariedades y eficiencia en los procesos. Hoy más que nunca, como si no necesitáramos factores decepcionantes, en muchos de los principales líderes mundiales, -aunque gracias a Dios, no en todos- en lugar de tener estadistas, Políticos -sí, con P mayúscula- lo que tenemos son “dirigentes” estrambóticos.

Son ellos los que han emergido en varias épocas de la historia humana, los que nos recuerdan a los emperadores romanos: César Augusto y Tiberio, Augusto Germánico Calígula (mandatario del 37 al 41 D.C.). Excentricidades y egos bloqueando conocimiento y actitudes constructivas, sostenibles. Tiempos obscuros y terribles.

Recuerda uno la frase de Dante en su “Divina Comedia” (escrita entre 1304 y 1321). Este autor, en el principio del Capítulo III sobre el Infierno puntualiza literalmente: “Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis”.

Lo peor es la indiferencia paralizante. Mucho se impone por hacer a fin de enfrentar el hambre que es realidad cotidiana y severa para unos 800 millones de seres humanos ahora, cuando ya hemos vivido la cuarta parte del Siglo XXI, ahora que la tecnología nos ayudaría -de lejos- superar este mortal flagelo

Autor

  • Giovanni E. Reyes

    Giovanni Efrain Reyes Ortiz, Ph.D. en Economía para el Desarrollo y Relaciones Internacionales, de la Universidad de Pittsburgh, con post-grados de la Escuela de Altos Estudios Comerciales -HEC- en París, Francia, y de la Universidad de Harvard. Ha sido Director de Integración Latinoamericana y del Caribe en el Sistema Económico Latinoamericano y Director de Informe en Naciones Unidas.

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