En cada elección los evangélicos nos enfrentamos con una decisión moral: votar por el candidato que mejor refleje los valores del evangelio. En este caso la disyuntiva es votar por Biden o no.

Candidatos imperfectos, decisión imperfecta

Siempre es una decisión imperfecta, ya que los candidatos son seres imperfectos y Jesucristo nuestro salvador no está en la boleta electoral. Sin embargo, es una decisión que debemos tomar para honrar nuestro papel como ciudadanos, como parte de una vida común que va más allá de nuestras creencias individuales.

El reto para nosotros es cómo aplicar los principios evangélicos cuando sabemos que el verdadero Reino pertenece a Dios. Nos enfrentamos a ese mismo reto en las elecciones presidenciales de este próximo 3 de Noviembre del 2020, aunque esta vez los valores que están en juego son más serios que en cualquier otra elección.

Como cristiano evangélico creo que la decisión es simple: es votar por el candidato que mejor representa el amor al prójimo, que es un valor central del Evangelio. Este valor debe estar en el centro de nuestra decisión. Debemos escoger al candidato que, con sus palabras, acciones y ejemplo, se aproxima más a esta virtud cristiana central.

Amar a Dios y a nuestro prójimo

Sabemos que toda la ley y los profetas se aferran a dos mandamientos: amar a Dios y amar a nuestro prójimo (Mateo 22). No podemos amar si no podemos ponernos en el lugar de nuestro prójimo más vulnerable. No podemos amar si no podemos imaginar lo que es ver al mundo a través de los ojos de otra persona. No podemos amar si no sentimos el dolor de los demás y compartimos la alegría de los demás (1 Corintios 12).

Conocemos el ejemplo que Jesús puso de sanación, de alimentación, de tener compasión por los “débiles e indefensos” (Mateo 9). Cuando Jesús vio el dolor, lo sintió. Y cuando sintió dolor, sus seguidores también (Lucas 23). Este es el modelo que debemos exigir en los servidores públicos que seleccionamos, y debemos demandarlo del próximo presidente de Estados Unidos.

Sin duda, la simplicidad de este principio no significa que la elección no sea compleja.

Debemos considerar al candidato que ha demostrado una mayor empatía en su desempeño público hacia diferentes tipos de personas, especialmente cuando se trata de políticas públicas. Por ejemplo, ¿puede un candidato mostrar mayor compasión por el hambriento y el extraño, mientras que otro puede apoyar mejor al no nacido? Ahí está el reto, para los que somos pro-vida, no solo antes del nacimiento, sino desde el vientre hasta la tumba.

Jesucristo no es candidato, pero…

Aunque Jesucristo no es candidato, el principio mismo de la empatía está en la boleta electoral. A veces la pregunta que tenemos ante nosotros es si queremos construir una sociedad que valora la empatía en lo absoluto, una sociedad que valora la compasión, que valora políticas públicas que nos ayuden a crear una sociedad más equitativa y justa, donde podemos ver la imagen de Dios en los demás.

Si tenemos una nación que le da prioridad a estos valores, podemos debatir la mejor manera de vivirlos en nuestra vida pública. Si no lo hacemos, esta conversación ni siquiera se puede tener.

La polarización política, la retorica incendiaria, de hacer ver al que piensa diferente, al que luce diferente, al que cree diferente, al que habla diferente, como enemigo, y aunque se gane una elección o se apruebe alguna ley, a la larga se van socavando las bases que mantienen a esta gran nación unida: la Constitución y el respeto a las la leyes, por medio de la convivencia en medio de las diferencias de opinión, respetando la diversidad y las minorías.

A solo unos días de la elección debemos preguntarnos ¿el presidente Donald Trump, ha mostrado empatía durante estos cuatro años de gobierno? ¿El vicepresidente Joe Biden en su larga carrera como servidor público, ha mostrado empatía? O lo que es aún más importante, ¿está la empatía misma en la boleta electoral? Estas son las preguntas que debe responder cada cristiano evangélico, y que deben guiar nuestra decisión.

Debemos votar por Biden

En mi caso después de un largo tiempo de reflexión y oración y de haber escuchado las distintas propuestas de ambos candidatos, he llegado a la conclusión de que Joe Biden es el candidato que mejor representa los valores de amor al prójimo, que son el corazón de la Fe cristiana y evangélica; por eso los evangélicos debemos votar por Biden.

Por primera vez en mi ministerio como pastor, como activista y servidor público endorso a un candidato a la presidencia. Invito a los cristianos evangélicos a que consideren unirse a mí y a muchos otros líderes y pastores que hemos llegado a la misma conclusión.

Debemos votar por Biden para que se convierta en el próximo presidente de Estados Unidos, y una vez sea juramentado trabajemos todos juntos, tanto independientes, como republicanos y demócratas por restaurar el valor del amor al prójimo como un principio central de todas las políticas públicas.

Rev. Walter Contreras

1 COMENTARIO

  1. Aunque soy ateo hasta los huesos, admiro y apoyo valores asociados con el amor, la compasión, la humildad. Creo que esos son los mismos valores que evangelistas promueven. Lamentablemente, muchos se han alejado de ellos y apoyan la inmoralidad patológica de Donald Trump que se jactó de abusar a mujeres, hizo burla de personas discapacitadas, acusó de criminales a los mexicanos, usa la Biblia para sacarse fotos oportunistas y miente sin control. Son unos hipócritas que justifican los medios inmorales por conseguir un fin oscuro!!! Hipócritas!!! Así que, a pesar de nuestras diferencias, felicitaciones al Reverendo Contreras y a los evangelistas que han abierto los ojos y sus corazones y se alejan del Payaso-en-Jefe que avergüenza a la nación, que fomenta el odio, el racismo, la división.

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