Los padres latinos y la vacuna 

A partir del 29 de noviembre, la ciudad de Los Ángeles hará cumplir las regulaciones anunciadas el 8 en la lucha contra el coronavirus. 

Se trata de que los negocios deben pedir a sus clientes una prueba de vacunación como condición para entrar, y rechazarlos si no la proveen. 

Si no lo hacen, podrían ser multados $5,000 por cada caso. 

Se trata de centros comerciales, salones de belleza, cines, bares, gimnasios, salas de conciertos, estadios, museos, centros de convenciones, salas de juego de cartas, spas, y cualquier instalación interna que implique un grupo de personas.

Por su parte, el condado emitió una ordenanza similar, que a su vez menciona cervecerías, bodegas, destilerías, bares y discotecas.

Una medida necesaria: es que lucha contra el covid es por la supervivencia. 

El problema comienza, como tantas cosas, en la aplicación. 

Es simple: los negocios sufrirán más al negarle servicio a los no vacunados, en los barrios con menor tasa de vacunaciones, 

Y estos barrios son los de menores recursos y mayor porcentaje de latinos. 

De esta manera, quizás sin quererlo, el gobierno castiga económicamente a quien se atreva a tener un negocio en las zonas de baja vacunación. 

¿Su delito? Cumplir con las nuevas regulaciones. Ser responsables. 

Porque en nuestra ciudad, la negativa a vacunarse es más alta entre los pobres y también es más alta entre los latinos. 

¿Por qué?

La doctora Jennifer Miller, una pediatra de Oakland, habla de un grupo importante dentro de nuestra comunidad: los padres de niños pequeños.

Es que en estos días inició una campaña masiva de vacunación de niños de 5 a 11 años. 

Como sabemos un sector importante de la población adulta en el país se niega a vacunarse por un sinfín de razones, casi todas inverosímiles, políticas, poco creíbles, por no decir tiradas de los pelos y más conspirativas que otra cosa. 

Pero también, un sector importante de los padres latinos de niños de 5 a 11 está dudando. Esto es otra cosa. 

Las razones del primer grupo son reprobables, pero las inquietudes de los padres son irreprochables. 

Dice la Dra. Miller durante una sesión informativa en la que quien firma participó: “son padres que quieren esperar y ver qué pasa, que se dicen, “yo, me vacuné, pero tengo miedo de vacunar a mis hijos por los efectos laterales, o por las consecuencias a largo plazo, que ni siquiera conozco, o por el miedo a la infertilidad, o por el peligro de la miocarditis (una inflamación del corazón).

Son insistentes,  desconfiados: sospechan irracionalmente de quien los urge a vacunar a los chicos, y hasta temen que les quiten los hijos.

Entonces: la obligación de vacunar a niños de 5 a 11 es un arma de doble filo, igual que la orden de limitar el acceso a restaurantes en la comunidad. 

Más aún. Imagínese que, por fin, los niños regresan a la escuela de manera física, tanto los vacunados como los que no se vacunaron. 

Será cuestión de tiempo hasta que se segregan estos grupos, hasta que se enfrenten con hostilidad, hasta que se forman clicas, dos clases. 

No se puede desdeñar la “hesitación” o duda por parte de estos padres. Si creen que sus hijos están en peligro, nadie los convencerá a vacunarlos. O a enviarlos a la escuela, contentándose con la insuficiente educación a control remoto. O a dejar la casa. 

Porque, usted, ¿vacunaría a sus hijos pequeños o esperaría? 

La señora Conchita Gallegos de Stockton, escribe Kurt Rivera de ABC10, confiesa sus dudas: “No siento que la necesitan en este momento… quizás cuando crezcan un poco, quizás cuando tengan 15 años. Sus dos hijos tienen nueve años el niño y ocho, la niña. Ella está vacunada.

Su hijo Santino dice que no se vacunará: “es que duele mucho”. 

Sus razonamientos se repiten por toda California.

Debería estar a la cabeza de nuestras preocupaciones: cómo hacer a los padres latinos participantes del esfuerzo de vacunación en lugar de sus oponentes.

Los latinos del condado representan un porcentaje similar de población en el condado y de las muertes por el coronavirus: un 47%-47%. Parece un porcentaje terrible, pero para la comunidad, es una buena noticia: en febrero, hace 9 meses, los latinos morían del coronavirus en una proporción tres veces mayor que los blancos

La situación ahora es, entonces, mejor.

Hay que darle las gracias a la vacuna.

 

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Gabriel Lernerhttps://hispanicla.com
Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021. Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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