España: la Hipocresía de la Solidaridad

**Hoy voy a hablar de dos temas que están muy de actualidad: la Solidaridad frente a las tragedias naturales y la Inmigración. De una interesantísima conversación, surgió lo que he dado en denominar la Hipocresía Solidaria. Compruebo cómo, desde una catástrofe natural, se da lugar a miles de impulsos solidarios, -muy loables- que abarrotan de aportaciones económicas las cuentas bancarias, con el deseo y el ánimo de que su ayuda se transforme en la esperanza de un pueblo. ¿Cuánto dura este efecto?… quién sabe… ¿se acuerdan ya de Haití?

Todos alabamos estos actos desinteresados y el deseo humano de mejorar las vidas de nuestros semejantes, sin embargo, nos preguntamos por qué razón somos tan rápidos y tan solidarios en estas situaciones y, cuando tenemos la ocasión de serlo con los que tenemos al lado, no lo hacemos.

En los últimos años la inmigración en España se ha disparado. A nuestras costas llegan personas en pateras, pasando todo tipo de calamidades, con la intención de encontrar un lugar en el que poder vivir mejor que en el país que les vio nacer, donde, en la mayoría de los casos, dejan a sus familias, sumidas en la pobreza y en el dolor de la separación. Como en el caso de Haití, son países que viven en la pobreza y que, ante una tragedia natural de grandes dimensiones, no les queda más que partir de la miseria y empezar de cero. ¿Tenemos la oportunidad de no llegar a esos extremos?

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El debate de la inmigración se reabrió por la decisión del Alcalde de Vic, en Cataluña, de no empadronar a los inmigrantes ilegales (¿es que una persona puede ser ilegal?), acto que les sirve para acceder a una tarjeta sanitaria y la escolarización de sus hijos. Me pregunto por qué razón otorgamos tantos recursos a la ayuda humanitaria que tenemos a miles de kilómetros (lo cual, repito, alabo) y sin embargo, la ayuda que podemos proporcionar aquí mismo, a estas personas que vienen buscando una oportunidad que no tienen en su país, por estar sumidos en la pobreza, se la rechazamos.

¿No sería más lógico ayudar a no llegar a este punto de desastre económico de las naciones, para que después, ante las tragedias naturales inevitables, no existan tan terribles consecuencias? Por nuestra actitud, me temo que tengo que derivar en una conclusión; ayudar, si, pero desde la distancia; acoger entre nosotros a quien necesita ayuda… eso es otro cantar.

Una encuesta de un periódico de tirada nacional, dice que siete de cada diez españoles están en contra de la inmigración ilegal y consideran oportuno que todo aquel que se acerque a España lo haga previo contrato de trabajo, cuestión que, de no conocer nuestro país, encuentro de lo más complicado. Incluso he llegado a leer las palabras de un político que decía que, si el centro sanitario de su localidad estuviera colapsado, atendería antes a los españoles que a los extranjeros.

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Me pregunto si la naturaleza del hombre se tiene que distinguir por el lugar en el que se nace, si ponemos por delante las cuestiones nacionales antes que los derechos humanos.

Además, hemos de añadir otro tema de actualidad, para hacer la tríada del artículo de hoy: la Memoria Histórica. Hacemos mucha memoria desde el rencor, pero poca desde el agradecimiento. Creo que a veces se nos olvida que los españoles hemos emigrado históricamente a países que nos han acogido con las puertas abiertas y a los que hoy se las cerramos, o bien les ponemos todo tipo de trabas.

Creo, de todo corazón, que estas cuestiones pertenecen más a la política que a la ciudadanía, o al menos, así lo espero, y que la mayoría de los ciudadanos optamos por una solidaridad menos hipócrita que la que mira de reojo al que tiene al lado y con un cariño con fecha de caducidad, al que tiene a miles de kilómetros.

Perfil del autor

Laura Fernández Campillo. Ávila, España, 07/10/1976. Licenciada en Economía por la Universidad de Salamanca. Combina su búsqueda literaria con el trabajo en la empresa privada y la participación en Asociaciones no lucrativas. Sus primeros poemas se publicaron en el Centro de Estudios Poéticos de Madrid en 1999. En Las Palabras Indígenas del Tao (2008) recopila su poesía más destacada, trabajo este que es continuación de Cambalache, en el que también se exponen algunos de sus relatos cortos. Su relación con la novela se inicia con Mateo, dulce compañía (2008), y más tarde en Eludimus (2009), un ensayo novelado acerca del comportamiento humano.

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