El retorno del sindicato de campesinos
Nadya Suleiman

Como si no tuviese bastante con el lío en que se metió al caer de Santa Madre de octillizos a la Puta del Barrio por tener catorce, sin marido, sin trabajo y, lo peor de todo para los otros santos y santas, recibiendo ayuda social, le mandan a Nadya Suleman por correo una oferta de una corporación de producciones pornográficas ofreciéndole un millón de dólares para comparecer en uno de sus filmes.

¿Cómo lo sabemos?

Porque la compañía misma, Vivid, se encargó de difundir la famosa carta, antes de preocuparse de que el destinatario la leyera, consultara, contestara. Así, hallamos la carta en el internet en su totalidad, y aparece en un lugar de honor en el sitio de internet de la megamillonaria compañía hollywoodense.

Un feo, transparente, truco publicitario.

Para no quedarse cortos, Pink Visual, principal empresa competidora en esta industria gigantesca del sexo explícito,  a su vez envió una carta -a la prensa, se entiende-en la que supuestamente trata de disuadir a la señora Suleman de cometer un paso, que dice la compañía responsable de arrastrar a miles de jovencitas al negocio de la belleza plástica y el placer virtual, será “un error irreparable”. En cambio, si desiste del propósito de tener sexo en público, promete la muy pía corporación , le suministrará un año de pañales gratis, y ¡ah! de tela.

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Nuevo truco publicitario.

Como si eso no fuese suficiente, Vivid publica ayer, 2 de marzo, una nueva carta. Esta vez no parece ni siquiera simular que la hizo llegar a Suleman. “¡No tan rápido, Nadya!”, aconseja, “no rechace la oferta, piénselo bien”, con una nueva sarta de estupideces por el estilo. Mezclan una no escondida burla, escarnio y humillación hacia Suleman, practican cuidadosamente el “autobombo” de su propia y sumamente popular industria, y consiguen una vez más estar en el tope de los titulares.

Otro truco.

Por esa última “misiva” sabemos que Suleman respondió negativamente a la “oferta”.

La que me recuerda el cuento sobre el tipo que logra escabullirse dentro del dormitorio de la Reina de Inglaterra y le ofrece dinero para juntos acometer el acto carnal (para que vean lo viejo que es el cuento, la reina, si es la misma, tiene ahora 83 años).

Ante la airada negativa de la noble indignada, el tunante va subiendo la oferta, para llegar, digamos, al mismo millón de dólares, a lo que, sigue el chiste, su majestad dice “déjeme pensarlo”.

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-Ahora que sabemos qué es usted, vamos a negociar el precio- termina diciendo el pícaro.

Ofrecen un millón de dólares para negociar el precio y mientras tanto logran publicidad para su firma en los medios de comunicación “serios”.

Lo que me retrotrae a cómo empezó a publicarse y conocerse la increíble y triste historia de los octillizos y su mamá en la picota.

En retrospectiva, mirando desde lejos, la historia no es como para contarse en los principales medios, ni repetirse en ellos hasta la nausea.

Pertenece en realidad al periodismo amarillo, escandaloso. Lo que se llama aquí en Estados Unidos “tabloides de supermercado”.

¡Precisamente!

El “scoop” periodístico, por llamarlo de alguna manera, pertenece al sitio de internet “Radar Online”, que le dedicó 56 historias, pagó por entrevistas a ella, a su madre (dicen, 40 mil dólares), su padre… que puso fotógrafos y “reporteros” noche y día allí donde Suleman estuviese.

Radar Online, pensará, era un ilustre desconocido antes de esto. Ahora parece el paladín del nuevo periodismo.

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Piense de nuevo.

Radar Online es propiedad de los que producen el “National Enquirer”, el “Star” y otra basura impresa del mismo tipo. Lo peor de los “tabloides de supermercados”. Sólo que ese hecho no se sabe ni se considera porque la adquisición de Radar Online fue reciente.

Fue un gambito genial para meter a la prensa “mainstream”, seria, la basura de los amarillos.

Si la historia se hubiese publicado en el “Enquirer”, por ejemplo, le hubieran tachado de lo que es, basura, junto con las otras patrañas sobre hombres con dos cabezas y la millonésima aparición con vida de Elvis Presley.

Todo esto no impide que los “vicios” de esta pobre mujer -presa de un desbalance mental, sin duda, pero al mismo tiempo producto de esta subcultura que he descrito-sean el tema de miles de airados y escandalizados lectores.

Por eso es que conviene leer entre líneas y estar enterados, ¿no? Por eso.