viernes, julio 10, 2020
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    Sobre Trump y un perdón presidencial al asesino de El Paso

     

    ¿Me pregunto si el presidente Donald Trump ejercerá el derecho presidencial a perdonar a Patrick Crusius, el joven que mató a 22 hombres, mujeres y niños en El Paso, Texas? Después de todo, tanto el presidente como el soldado nacionalista que empuñó ese fusil AK-47, tienen mucho en común.

    Sí, que no quepa la menor duda, nuestro presidente y Crusius son defensores del nacionalismo. Un nacionalismo que tiene poco que ver con el amor por el terruño natal y mucho con una ideología que promueve el concepto cuasi teológico de un Destino Manifiesto y la idea de una superioridad racial racionalizada en la falacia del darwinismo social.

    Este concepto de superioridad se manifiesta en desprecio hacia otros grupos raciales y étnicos que no representan los valores culturales de una América blanca, anglosajona y protestante que dominó la nación desde el siglo XVII.

    Pero han pasado más de cuatrocientos años y mucho ha cambiado. Las corrientes migratorias han reconfigurado a la nación y, como sugieren las proyecciones de la Oficina del Censo, para el 2045 la población blanca será una minoría. Aún más, para 2060, solo 36% de los jóvenes de menos de 18 años serán blancos, comparado con 32% de jóvenes latinos.

    Esta es la amenaza demográfica que aterroriza a los nacionalistas blancos que ven peligrar la ecuación social de hegemonía cultural y privilegios sociales que históricamente los ha beneficiado.

    Es exactamente esto lo que motiva al nacionalista Patrick Crusius a viajar 600 millas hasta El Paso, una ciudad de casi 700,000 habitantes en donde alrededor del 80% son latinos y que, con Ciudad Juárez del otro lado del Río Grande, es todo un símbolo de la inmigración latina. En la segunda oración de su manifiesto, claramente articula el objetivo de su misión: “Este ataque es en respuesta a la invasión hispana de Texas¨.

    No es casualidad que esta frase suene familiar ya que en los últimos años el mismo presidente se encargó de afirmar la misma idea.

    Un análisis de USA Today, que examinó los discursos de 64 mítines políticos en los que participó Donald Trump desde 2017, estableció que cuando incursionó en el tema de inmigración, utilizó la palabra “invasión” en 19 ocasiones, “animal” en 34 y “asesino” casi tres docenas de veces.

    “Esta es una invasión”, dijo en un mitin que tuvo lugar en Panama City, Florida, en mayo pasado. “Fui ampliamente criticado por usar la palabra invasión… Es una invasión”.

    Esta vena xenófoba del presidente no es ninguna novedad. Valga recordar que comenzó su campaña presidencial caracterizando a los mexicanos de criminales y violadores. Y prometió la construcción de un muro en la frontera entre México y Estados Unidos para contener la ´invasión´.

    La lealtad del presidente hacia los nacionalistas no es un accidente, una confusión semántica ni algo reciente. Entre los muchos ejemplos que vale la pena mencionar se destaca la entrevista de febrero de 2016, en el programa State of the Union, de CNN, en la que Trump se negó a condenar a David Duke, el líder del Ku Klux Klan que salió respaldándolo en la elección presidencial.

    En otra ocasión, en febrero de 2016, se sintió muy cómodo en citar a nada menos que Benito Mussolini, el fundador del fascismo italiano. Pero uno de los ejemplos más aberrantes fue cuando, después que un nacionalista matara a una contra manifestante en Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017, el presidente comentara que había “gente muy buena” entre los neonazis.

    Hablando de neonazis, intolerantes, racistas y otros de la misma especie, dos años atrás Trump tuvo el descaro de perdonar a Joe Arpaio, el ex sheriff del Condado de Maricopa, en Arizona. El infame sheriff era renombrado por las peculiares tácticas discriminatorias que utilizaba en contra de latinos y que le costaron una condena judicial.

    Para Trump eso no fue ningún inconveniente y, en un claro mensaje de cuánto valora a aquellos que desprecian a latinos y a otras minorías étnicas y raciales, lo benefició con un perdón presidencial. Me vuelvo a preguntar, ¿si ya perdonó al criminal Arpaio, será que Trump perdone al terrorista nacionalista Crusius con quien, después de todo, tiene tanto en común?

    Martín Ocampo
    Martín Ocampo
    Escritor y periodista de Paysandú, Uruguay, quien actualmente reside en Nueva York, EE.UU., en donde ha trabajado en diversos medios. Su corazón es charrúa y su pluma es latina.

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