El compromiso: vanidad y tontos útiles

El compromiso: vanidad y tontos útiles

El pecado original de una buena parte de los intelectuales —si no de la mayor parte de ellos— es el compromiso con alguna filiación política, incluso a veces un compromiso a ciegas, digamos: ese partidismo en el que se sumergen como fanáticos escritores, cineastas, pintores, científicos y premios Nobel, etc., sin caer en cuenta —y en muchos casos sin querer caer en cuenta— de que la ley más natural que existe para que la vida funcione en el más justo sentido es el no-compromiso partidista.

Si vamos a la historia, vemos a escritores, artistas y científicos que han bajado a la posición de “tontos útiles”, como dice el autor cubano Manuel Pereira*.

Goethe —al modo de “tonto útil”— fue en la historia el primero de ellos, según este escritor, cuando se “convirtió en el candoroso propagandista” de Napoleón, cuestión esta que pudo haber provocado el impulso para que al insigne escritor alemán le sedujera el poder y la seducción le propiciara la creación de Fausto, su inmortal personaje y una de las grandes obras alemanas. Pero de otra manera y peor, otros fueron “tontos útiles” de Lenin y Stalin, de Mussolini, Hitler y de Fidel Castro, así como de famosos mecenas medievales, de emperadores y muchos sátrapas históricos. En definitiva, el “tonto útil” era y es aún el que se compromete en vender su alma por vanidad o por ingenuidad, pero siempre para vivir bien, y no por soñar y escribir bien.

“Vanidad”, porque la mayoría de los dictadores (y hasta las tendencias políticas de izquierda o derecha) casi siempre han necesitado de los escritores, artistas y científicos para ser apoyados en su apariencia de benefactores del pueblo (los dictadores, claro, y también los partidos políticos), con el propósito de tener un halo de lujo, de ilustración, digamos, para sus grandes “reivindicaciones” y hasta para las increíbles utopías de sus revoluciones o de sus proyectos de campañas electorales impulsadas por sus intelectuales.

Esta clase de “creador” ha dado muestras de querer convencer de su única verdad de un mundo “bello y exacto”, aun cuando se sepa de antemano de que es un proyecto inalcanzable, por utópico, por supuesto (las utopías clásicas han sido una de las trampas del poder).

De modo que con esta excusa —o legítima creencia, quién sabe— el intelectual le compra la vanidad al dictador (¿o el dictador se la vende?, ¿se la impone?). Pero siempre esta “vanidad” (a veces ingenua) sirve y termina, indefectiblemente, para justificar las tiranías y los medios que se empleen para llevarlas a cabo. Craso error del intelectual, porque entonces su vanidad sigue justificando las injusticias, que se hacen vox pópuli. Este “sueño” en el que el crítico, el ensayista, el narrador, el poeta, el científico o el artista entra en trato con el dictador —como sucede en la obra Fausto, por la sed del conocimiento o por querer poseer las alas doradas de la perfección social— termina haciéndose la “pesadilla” para el colaboracionista en que se convierte este tipo de creador, en la medida en que el sueño de la vanidad le fue “acomodaticio y confortable”, y de repente se le convierte a nivel de conciencia en el horror de un caos hasta que esa, su conciencia (la del intelectual), no le permite seguir haciéndole el juego a su mecenas. No obstante, si ha pasado mucho tiempo, el “creador” puede reconocer que ya se ha embarrado tanto que no hay salida… ¿O sí?… ¿Cómo escapar entonces de la Isla del Diablo?…

“Vivir bien” es, por su parte, una condición connatural dentro del sueño de la vanidad. El escritor, el artista, el científico que toma partido por una causa política y pone su obra en función de esas únicas ideas, se somete a ellas; vive bien pero sacrifica su creación, su alma y, de hecho, más tarde o más temprano deja de ser creador. Así de simple.

Por tanto, los intelectuales tienen derecho a equivocarse, y hasta “hacer el juego durante un tiempo” para así poder “escapar de la Isla del Diablo” (Pereira), o lo que es lo mismo: salirse de la vanidad, o como ya dije: de la legítima creencia errónea que alimentaron. Por supuesto que el juego o el engaño a los decretos del dictador (del partido, del movimiento, etc.) no hará a este intelectual igual de digno que el creador que desde un principio se abstuvo de defender y creer en la obtusa política o en aquellas ideas que arrastran a los “tontos útiles” en su “ingenuidad”, y las combatió.

Pero siempre la rectificación del “tonto útil” le salva. Si logra escapar a tiempo de la Isla del Diablo, la creación se hace transparente y propicia la reivindicación (y hasta probablemente si entonces pone todo su talento en contra de la obtusa vida que pasó bajo la férula de un sátrapa o de ideas fundamentalistas, es seguro que alcanzaría un reconocimiento justo por parte de las personas libres y, principalmente, por parte de su propia conciencia). Y si no, tiene que buscar la libertad creativa desde adentro mismo de la Isla del Diablo, desde donde la eficacia del sacrificio le otorga mayor transparencia y convencimiento de sus ideas, por el riesgo de perecer (de padecer cárcel, tortura y hasta la muerte). No le queda otra. Los cubanos tenemos muchos ejemplos de ello.

El compromiso del intelectual: el escritor, el artista, el científico, el creador en general) es con la vida, contra lo injusto de los que hacen la existencia injusta; pero ese compromiso (el único válido) tiene su primera fase en la obra. Es el compromiso con la libertad total. El creador tiene que dejar así que su obra fluya con la naturalidad del corazón y de sus más recónditos pensamientos (Blaise Pascal), y que la obra, fantástica o realista, o científica, esté fundida a su conciencia, a las verdades naturales que subyacen, laten y proyectan su propia luz.

* Léase a Manuel Pereira: “Fausto y Mefistófeles”, en la revista “Día Siete”, de El Universal, México, y reproducido en Cubaencuentro, Madrid, 5 de sept. de 2008; ver online: http://www.cubaencuentro.com/es/cultura/articulos/fausto-y-mefistofeles-116992)</span

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Manuel Gayol
Manuel Gayol Mecías Escritor y periodista cubano. Editor de la revista literaria online Palabra Abierta (http://palabrabierta.com). Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana en 1979. Fue investigador literario del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas (1979-1989). Posteriormente trabajó como especialista literario de la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, y además fue miembro del Consejo de redacción de la revista Vivarium, auspiciado por el Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana. Ha publicado trabajos críticos, cuentos y poemas en diversas publicaciones periódicas de su país y del extranjero, y también ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) 1992. En el año 2004 ganó el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por El otro sueño de Sísifo. Trabajó como editor en la revista Contacto, en 1994 y 1995. Desde 1996 y hasta 2008 fue editor de estilo (Copy Editor), editor de cambios (Shift Editor) y coeditor en el periódico La Opinión, de Los Ángeles, California. Actualmente, reside en la ciudad de Corona, California.OBRAS PUBLICADAS: Retablo de la fábula (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); Valoración Múltiple sobre Andrés Bello (Compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); El jaguar es un sueño de ámbar (Cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); Retorno de la duda (Poesía, Ediciones Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995).

12 COMENTARIOS

  1. Estimado amigo Alvarez Quinones:

    Lo felicito por su escrito, que acabo de leer. Creo que si han existido los tontos utiles, como tambien apoyo el perdon para el que se arrepienta de corazon , a tiempo, y dedi
    que, como dice el amigo Gayol, el resto de su vida a luchar en contra de lo que antes defendio. En cuanto al Musico Formell rebaso, en mi opinion, el tiempo que pudiera considerarse aceptable. Sigue defendiendo el regimem castrista como cuando le puso a su orquesta el nombre de Van Van. Y si viene aqui ,no es para traer su musica a los cubanos, sino a apoyar la ideologia comunista y desde luego al que la impuso en Cuba.
    Yo, como usted, tampoco iria, ni aplaudo a los que van. Para la mayoria de los exiliados son muchos anos de destierro, y para el pueblo de Cuba muchas anos de injustica, hambre y muerte.

  2. FORMELL, ¿TONTO U OPORTUNISTA?
    Apoyo lo dicho por Gladys y por el autor Gayol con respecto a Juan Formell. Como probablemente a casi todos los cubanos me gusta la música de los Van Van. Y no me opongo a que vengan a EEUU a tocar. Pero nunca iré a un concierto suyo porque desde los años 60 es y todo indica sigue siendo, un militante activo y un defensor a ultranza del régimen que convirtió en ruinas a nuestro querido país. Hoy puede que como el 97% de los cubanos de la isla, ya no crea en las “musarañas” ideológicas. Pero si ese fuese al caso entonces su comportamiento esmás reprochable, pues se trata de un vulgar oportunismo utilitario, tal y como afirma Hermina.

    No obstante, destaco que Formell era –y tal vez sigue siendo– tan entusiasta del castrismo que en 1970 hizo lo que ningún otro músico cubano se atrevió a hacer por muy “alaleva” que fuera de las autoridades comunistas: tomó para sí la consigna de “Y de que VAN, VAN” con la que la propaganda del régimen machacaba por todos los medios de comunicación que la zafra azucarera de 10 millones de toneladas iba a ser realidad. Fue así que surgió el nombre de la orquesta. El bautizo de la orquesta fue POLITICO DE PIES A CABEZA.
    Por eso, quiera o no Formell, “Los Van van” constituyen un SIMBOLO POLITICO al 100%, vivo y sonoro, que entre pasillo y pasillo de los bailadores pesea por el mundo el recuerdo de uno los peores desastres económicos provocados en la isla por los caprichos demenciales de Fidel Castro.
    Voy a decir libremente lo que pienso. Antes de montarse en el avión en La Habana para venir a EEUU, un alto dirigente del Ministerio de Cultura –que previamente fue “instruído” por un alto oficial de la GESTAPO cubana–, le leyó la cartilla: “Oye, Formell, vas al corazón de la gusanera y de la ‘mafia cubana’. No puedes ir al programa de María Elvira Salazar ni a ningún otro programa de la ‘mafia cubana’. Solo puedes hablar con el El Nuevo Herald y únicamente para decir que tú no eres politico, que lo tuyo es la música, y punto ¿Entendido?”

    En fin, no podemos saber si Formell es un “tonto útil” como los define Gayol, o si es un oportunista de Grandes Ligas. Lo que sí está claro es que simultáneamente se burla de todos nosotros mientras cumple al pie de la letra las condiciones que le pusieron en La Habana para dejarlo venir a Miami.

    Por lo demás, concuerdo al 100% con Herminia en cuanto a que el intelectual cubano que fue revolucionario y comunista y finalmente luego se percató de que había apostado al caballo equivocado y se dio cuenta de que el comunismo es el fascismo desde la izquierda (bueno, realmente no creo que el comunismo sea de izquierda, sino una total aberración de ésta con vida propia) como únicamente “se limpia” ante la historia, el pueblo cubano y ante su propia conciencia y su familia, es dedicando sus esfuerzos y su talento a combatir intelectualmente a ese régimen de horror implantado en Cuba por Fidel Castro en 1959.

    Roberto Alvarez Quiñones

  3. Estimado amigo:
    Estoy enteramente de acuerdo contigo en lo referente a los intelectuales y artistas que apoyan una dictadura. Este es un tema muy fuerte y dificil. Como tu dices, el que de verdad esta arrepentido, debe demostrarlo. No basta con decir que se esta arrepentido. La unica forma digna de limpiar el nombre es, precisamente, salir a la palestra y combatir ,de la forma a su alcance, lo que antes defendio. Cuando pienso en esos casos en que la persona dice que actuo de buena fe , que se equivoco, y que esta arrepentido, surge en mi mente una pregunta. ?Como puede un intelectual o un artista equivocarse con respecto a lo que un regimen comunista puede traer a un pais?, ?acaso nunca oyo hablar de Rusia?. Claro, como cristiana, creo se le debe dar la aportunidad de demostrar la sinceridad de su proceder.
    Puedo comprender lo que arriesgan los que arrepentidos, permanecen en Cuba; a los que no perdonaria es a aquellos que depues de verse ya en un pais libre, siguen como dice el titulo de una hermosa novela de nuestra amiga Carmen Alea, con los “Labios Sellados”

  4. Estimada Gladys:
    Ciertamente cometí una pifia cuando creí que vivías en Cuba, pues como el mensaje venía por Twitter, pensé que lo habías hecho desde algún celular (ahora mucha gente tiene celulares allá). Pero bueno, me alegro mucho de que estés en Portugal. Y dices bien: “Dudo que en Cuba puedan ser divulgados estos trabajos cuando la mayoría de las personas no tienen acceso a Internet”. Retomando esto, que expresas con mucha razón, Internet es una de las cosas que, desde hace un tiempo para acá, diferencia mucho a los intelectuales allí, en la isla, pues los que la tienen son porque realmente han sido hasta ahora incondicionales del régimen, mientras que a otros creadores, más pacíficos, digámoslo así, sólo se les permite tener una mínima cuenta de correo electrónico. Quizás el extranjero (quiero decir, la persona que no es cubana) no se dé cuenta de que este detalle significa bastante, ya que el escritor o artista que puede tener una cuenta de Internet (y no nada más correo electrónico) es el que sí —con bastante probabilidad— se ha comprometido conscientemente (por vanidad, por confort, por oportunismo, o por pacotillas de bisuterías y de consumo. Y digo: consumo, porque si algo le ha propiciado ese régimen a una gran mayoría de cubanos, es el ansia del consumo); a estos “intelectuales”, repito, se les ha concedido la posibilidad del ciberespacio porque, de una forma u otra y en mayor o menor medida, le han demostrado su compromiso y su apego al poder de los Castro.
    Otro tipo de intelectuales y de artistas que exclusivamente son autorizados a tener correos electrónicos son aquellos que no tienen que ser abiertos partidarios del régimen. Lo que sucede es que como son gente pacífica, que supuestamente cumplen con las tareas de sus sindicatos, sus comités de defensa de la Revolución y sus guardias en el trabajo, etc., o, como ya dije, se mantienen tranquilos, sin protestar abiertamente, el gobierno piensa que el hecho de que tengan su medio de comunicación, no les va a ser mella alguna a la administración castrista desde una perspectiva política (la gran mayoría de los que tienen correos electrónicos tiene miedo, como lo hemos tenido todos los que hemos vivido en la isla, como es lógico y comprensible, debido a que estos escritores y artistas saben también que son controlados por los servidores del gobierno, y de esta manera, muchos no se atreven a hacer un uso indebido en lo que respecta a salirse del tiesto divulgando ideas y textos que puedan atentar contra los cánones establecidos). Pero, ahora bien, entre estos creadores que cuentan con su correo electrónico, unos cuantos sí se salen de la olla —y me consta— y aprovechan el medio cibernético para decir cosas y hasta pasar sus textos. Este tipo de intelectual hay que tenerlo en cuenta, porque a su manera está contribuyendo con su vida creativa y con su conciencia, ya que de una forma más o de una forma menos está cumpliendo una función con su autenticidad, y esto es válido, incluso, peligroso. Este intelectual, creador, escritor o artista, de hecho, se está renovando constantemente y si no en su conciencia, en su subconsciente está la llama de la irreverencia y, más aun, de la disidencia. Así, los vasos comunicantes que van del alma a la intimidad concluyen siempre en la obra.
    En cuanto a los músicos que salen al extranjero y viven como capitalistas, que incluso muchos de ellos apoyan abiertamente al régimen y otros —en el peor de los casos— tratan de inventar la falacia del arte por el arte, no son realmente artistas, y digo “artista” en la esencia de la palabra, porque solamente no basta tener talento para ser artista, sino que hay también que tener decoro, dignidad, para que la obra sea digna de recordar y de disfrutar. Por mucho talento que posea un artista (cantante, músico, pintor, etc.) si no tiene una postura de honestidad ante la vida, de comprensión y simpatía esencial ante su público, más tarde o más temprano, su obra pasará al olvido —y cuando digo al olvido, me refiero a la Historia, tanto del arte como de la vida en general—. Estos músicos, a los que tú te refieres con sobrada razón, no han tenido realmente un verdadero compromiso no sólo con su pueblo, sino con la vida (porque no nada más es vida la existencia particular de una persona, sino también su prójimo). Por ejemplo, yo, al igual que tú amo la democracia y, como bien dices, puedo respetar al que tenga talento e ideas diferentes a las mías, y dialogo con él o ella si es necesario, y si su arte es meritorio lo aplaudo, pero ya aquí hablaríamos del que tenga ideas, concepciones y fe en valores civilizados y universales, pero realmente, ¿cómo puede respetarse al que defienda o comulgue con ideas obtusas que están manchadas de sangre y de latrocinio, y de pronto se me presente delante con la mejor de sus sonrisas, diciendo que su música es arte y que él o ella exclusivamente viene a expresar su arte? ¿Cuál arte?, ¿el de embriagar a las masas para hacerlos más zombis, o el de envolver a otras multitudes (las de Miami, por ejemplo) para atraerlas a una situación confusa, totalmente tergiversada, en la que supuestamente aquí nunca ha pasado nada, somos hermanos, yo sólo vine a tocar, a cantar y después (de ganar fama o dinero) me voy de nuevo a Cuba, para seguir contribuyendo con el pan y con el circo? Me parece que esto no es amor ni hermandad, porque es injusto. La reconciliación es necesaria, y la reconciliación significa amor, pero el verdadero amor también entraña justicia, en el mejor sentido de la palabra. A mí, como ser democrático, no me importa que vengan los músicos de la isla a tocar a Estados Unidos (por supuesto que no lo encuentro justo si los de aquí no pueden ir allá, y cuando digo los de aquí estoy incluyendo a Gloria y Emilio Estefan, a Willy Chirino, Albita y otros muchos que tienen la entrada vedada en Cuba por el gobierno; ni muchos que están allá los dejan salir del país, como los Aldeanos, Porno para Ricardo, la misma Yoani Sánchez, etc. Eso no es ningún intercambio cultural, artístico, sino un recurso de conveniencia para el régimen y aquellos artistas que, mucho o poco, son sus acólitos).
    Pues sí, seamos democráticos, que vengan los que quieran, aquí hay libertad, pero yo no voy a su actividad musical, a su fiesta, que toquen con los que los quieran escuchar. Siempre para determinado creador hay determinado receptor. Esa es mi respuesta democrática; que se convenzan de que su obra no va a ser escuchada ni creída por amplios receptores; al menos, por los que yo considero que piensan más o menos como yo. Quizás esto sea una quimera mía, nada caprichosa ni radical, pero es mi opción, y con el tiempo ellos se convencerían de que su música, tanto para los artistas como para la audiencia, los podría convertir a ambos en zombis.
    Caramba, acabo de escuchar unas declaraciones que hizo Juan Formell, director de la orquesta de los Van Van, a El Nuevo Herald (de quien siempre se ha dicho que es simpatizante del gobierno cubano), y él dice que no viene a hacer política, que nunca la ha hecho, y que lo suyo es únicamente la música. Pero de lo que él no se quiere dar cuenta es de que —claro, él con sus palabras no viene a decir política—, sin embargo, su actuación y colaboración con el sistema implantado por Fidel Castro hace la política que quiere el gobierno (en otras palabras, en el mejor de los casos para él, el gobierno lo está manipulando), porque ese gobierno de una forma u otra se beneficia de su actuación. Ojalá que él se creyera de verdad que nada más está haciendo música, y no promoción indirecta; si fuera un artista inocente (suponiendo que le diéramos el beneficio de la duda), entonces es un “tonto útil” por ignorar lo que no debe ignorar. Los que han estudiado marxismo, y más los que estudiaron marxismo en Cuba, saben perfectamente que Lenin era un partidista del partidismo (y valga la redundancia), que incluso decía que nunca había imparcialidad, que todo siempre obedecía a un interés partidista y en ello está el arte y el deporte. Es decir, que desde la perspectiva leninista-castrista, Formell tiene que ser un revolucionario por el solo hecho de poder entrar y salir de Cuba, y además por ser un músico y una orquesta que está amparada, o regida, por los parámetros de una empresa comercial del gobierno cubano. Por tanto, si los Estados Unidos le dejan entrar, y tocar en Miami, esto puede crear el espejismo de que el gobierno cubano, en su paternalismo, considera a sus artistas, a los que le permite venir a los predios del enemigo para que sólo hagan música, pero por debajo, por detrás o soterradamente, el gobierno —mediante estos músicos— está enviando el mensaje subliminal de que es posible conversar siempre que las condiciones las pongan ellos. O sea, que no hay ningún intercambio, sino un empaquetamiento de conveniencias políticas y muy probablemente monetarias en una sola dirección.
    En fin, todo esto es bien complejo, cuando se analiza desde el punto de vista de la democracia, porque la democracia, como la realidad de la vida misma, se encuentra llena de matices. Nunca nada, o casi nada, es en blanco y negro.
    Te agradezco muchísimo tu comentario, tu sentir me ha inspirado esta larga disertación. Espero que sigamos teniendo más intercambios de ideas. Y me da gusto saber que te encuentras en un país libre. Un abrazo, tu amigo,
    Manuel

  5. Gracias, Herminia, por tu apoyo a mis palabras. Lo que sucede con la rectificacion del intelectual que ha estado bajo la ferula de un dictador, es que el tiempo conspira en contra de ellos, si es que en algun momento han pensado o piensan en rectificar, que puede ser de dos maneras: marchandose de la isla del Diablo (este Diablo lo pongo aqui con mayuscula, ex professo) o arriesgando su vida colocandose en contra de los dictados del gobierno, del sistema, del partido, etc. en el poder.Muchos logran irse mas temprano, otros mas tarde (por diversas razones que no voy a analizar). Ya en el exilio, comienzan una oposicon activa y justa, siempre que sea sincera, como lo han demostrado muchos, no politiqueria ni apoyo a otro tipo de componenda. Si no puede irse, entonces le quedan dos o tres caminos: uno es el de oponerse firme y transparentemente con su actitud de irreverencia (aqui correria el riesgo de la carcel, las torturas y la muerte); otra es la de crear una actitud pacifica, pero, de alguna manera, contestataria en su obra y nunca firmando cartas de apoyo al dictador o a su supuesto benefactor (esto es importante porque la obra es la que realmente garantiza la validez sensible de un intelectual. Y hago enfasis en que la obra es la que definitivamente define a un intelectual). Y dejame decirte que esta no es una determinacion facil tampoco, porque ese creador tiene que tener mucha habilidad, inteligencia y valentia tambien, por que no?, para poder hacer que el sistema represivo no la emprenda con el/ella, y lo trate de comprometer, y asi el/ella pueda crear sus obras y enviarlas al extranjero, donde la posible, quizas, repercusion internacional le permita una cobertura para continuar creando. Ahora bien, lo que sucede aqui, asimismo, es que si la obra esta avalada por una actitud activa en contra del regimen o del orden establecido, el merito por supuesto sera aun mayor (pongamos por caso a Yoani Sanchez, o a los periodistas y escritores, e intelectuales en general, que han estado preso, y lo estan todavia, en Cuba); estos ejemplos, ademas de intelectuales, se convierten en guias, digamoslo asi. El otro caso del intelectual que no puede marcharse del pais es el de aquel que ni su obra ni su actitud manifiestan ningun tipo de irreverencia. Esto entonces termina siendo letra y alma muerta (y es extensivo a todo tipo de artista, no me estoy refiriendo solamente al escritor. Aqui este tipo de intelectual deja de ser tal. Simplemente asi y punto… Para terminar, reitero esta idea que yo se que compartes bien, el creador, el verdadero creador solo tiene el compromiso con la vida, y con su obra, que es parte fundamental de su vida. Bueno, amiga, te reitero mi agradecimiento y seguimos en contacto. Un abrazo

  6. Manuel, como ya sabe, no vivo en Cuba, sino en Portugal. Dudo que en Cuba puedan ser divulgados estos trabajos cuando la mayoría de las personas no tienen acceso a Internet, pero poco a poco y por suerte se va moviendo ese muro contra la información. Este, su artículo, ha sido muy pertinente en estos días con la polémica que se ha levantado por la Internet relacionada con los conciertos de los Van Van en Miami. Sé que muchos dicen que arte es arte y que los músicos no tienen que ver con política. Pero sabemos, que en Cuba hay artistas y artistas…y precisamente, lo que más duele es ver que precisamente son algunos de estos músicos los que dicen que apoyan a la susodicha revolución cuando todos nosotros, porque vivimos ahí, sabemos que es solo “de diente para afuera” para poder mantener el status quo que han conseguido en la isla. Después llegan a Miami llenos de cadenas de oros, ostentando moda y buscando mucho mucho dinero, y cuando salen por el aeropuerto van cargados de pacotilla…porque comunismo no tiene nada que ver con esas actitudes extra-materialistas, según la teoría que niega la sociedad de consumo…Como me considero demócrata, si viniese realmente un artista comunista de convicción con una actitud modesta y solo con el objetivo de brindarle su arte, de todo corazón, a sus seguidores y publico de esta orilla, que hasta pueden existir, lo respetaría más. Pero lo que no puedo aceptar como persona de bien es que estos artistas puedan vivir como capitalistas y cierran los ojos ante todo el atropello, trabajo y miseria en que está metido la gente de a pie en Cuba (que son, al final los que adoran su música). Que hacen estos intelectuales/artistas para mejorar la vida de su gente? Cual es el compromiso que han asumido con aquel pueblo que baila con su música? Por ejemplo, alguno ha expresado su indignación por los sucesos ocurridos recientemente en Mazorra? CERO !!!! Solo tratan de repetir como papagayos lo que haya que decir para poder seguir viviendo como magnates entre tanta pobreza y desesperanza…. eso es lo que más duele, la doble moral al exponente máximo…

  7. Gracias, Gladys Castillo, por leerte mi articulo. Que bueno que has podido hacerlo, Internet es muy dificil en Cuba, para no decir imposible. Pero te agradezco mucho que solamente hayas citado esa frase, con eso es mas que suficiente para darme estimulo. Un abrazo

  8. En el articulo ” El compromiso:vanidad y tontos utiles” el periodista y escritor cubano Manuel Gayol, enfoca con certero juicio y absoluta sinceridad ,el problema comun en los tiempos que corren y en el ambito en que vivimos ,de aquellos intelectuales, y crea-dores ,que por propio beneficio, ponen su trabajo al servicio de partidos politicos o de gobernantes que desarrollan una politica caracterizada por la opresion y la injusticia.
    Con el lenguaje puro y ecuanime que caracteriza su obra, enjuicia la actitud de aquellos intelectuales y creadores que siguen ta senda equivocada, dejando siempre una puerta abierta a la equivocacion y al arrepentimiento, sobre todo si el remordimiento es sincero, se maifiesta a tiempo, y si el creador envuelto, tiene el valor de reparar su falta, poniendo su creacion al sevicio de la verdad y la justicia

  9. Gracias, Rosa Marina, mi amiga querida, gracias por tu comentario. Y dices bien, ciertamente, si los fueramos a catalogar, hay tantos de pacotilla en la Isla que a nadie les va a interesar su obra en un futuro. Pero, bueno, este es un tema del que hay mucho que decir. Yo solo lo toque inspirado un tanto por el articulo que lei de Manuel Pereira (citado en el trabajo). Yo creo que si, que la rectificacion es justa; lo que si ese intelectual la hace muy tarde, corre el riesgo de desaparecer, pero no solo fisicamente, sino de manera mas importante: desaparecer como intelectual, como creador, pues por lo general, la obra mientras esta supeditada a un dictador, o a un partido, o aun sistema dado de beneficiencia, etc. esa obra no puede ser verdadera. Aunque este adornada del mas refinado o sofisticado profesionalismo, su esencia es falsa. Una de las principales cosas que garantizan, digamos, la importancia de una obra es la autenticidad, su unico y exlusivo compormiso con la vida y con las verdades que entrana esa vida. Cuando una obra apoya o trata de ensalsar a un sistema que niega la vida, los derechos humanos, la misma libertad de expresion, esa obra es un bodrio y no tiene lugar en la historia. Y ahora te estoy hablando de la obra, no exactamente del intelectual. Porque ha habido creadores que en epocas de su vida han apoyado ideas contra natura, sin embargo, han escrito o hecho obras de repercusion artistica o literaria, o cientifica. Y lo que sucede aqui es que de alguina manera la obra se ha independizado de su conciencia -se le ha revelado sin que el se de curnta-, ha sido su alma oculta, o su subconsciente, el que ha conformado su obra, y quizas ni el mismo intelectual se ha dado cuenta de ello. Bueno, te agradezco muchisimo tu comentario, y te recuerdo tus preciosas colaboraciones para Palabra Abierta, pues tu eres una de nuestra autoras. Un abrazote, el Mano

  10. Manolo: Me gusta siempre cuando escribes y el tema que en esta oportunidad has escogido para deleitarnos es particularmente “exquisito”. Quiero repetir un momento de tu texto para comentarlo:
    “Este “sueño” en el que el crítico, el ensayista, el narrador, el poeta, el científico o el artista entra en trato con el dictador —como sucede en la obra Fausto, por la sed del conocimiento o por querer poseer las alas doradas de la perfección social— termina haciéndose la “pesadilla” para el colaboracionista en que se convierte este tipo de creador, en la medida en que el sueño de la vanidad le fue “acomodaticio y confortable”, y de repente se le convierte a nivel de conciencia en el horror de un caos hasta que esa, su conciencia (la del intelectual), no le permite seguir haciéndole el juego a su mecenas. No obstante, si ha pasado mucho tiempo, el “creador” puede reconocer que ya se ha embarrado tanto que no hay salida… ¿O sí?… ¿Cómo escapar entonces de la Isla del Diablo?…
    Ahora bien, si pudiéramos o quisiéramos hacer un “catálogo” de los tipos de intelectuales en Cuba a partir del caótico status nacional iniciado en enero de ’59, tendríamos, desgraciadamente, que añadir el intellectual que ha vendido su pluma y su mente a cambio de bolsitas de leche en polvo (para sobrevivir), o peor aún, a cambio de viajes al extranjero, de casas en la playa, de un automóvil (casi siempre no de propiedad, sino en “usufructo”), etc. Este ultimo tipo sería el peor de todos; sería y es el que ha entrado en pactos con el dictador por la simple ilusión de “poder vivir mejor que los otros”. Este tipo no “reconoce que se ha embarrado”, y no lo reconoce porque no se ha vendido a cambio de vanidad: su alma, simplemente, ha sido objeto de un trueque material, y querrá seguir fungiendo como mercancía en este trueque hasta el fin de los tiempos, a costa de mantener al dictador o al sistema que lo nutre. Y bien, ¿Qué hacer entonces con estos “Faustos de pacotilla? ¿También ellos tendrán la ocasión y el derecho a rectificar? Son preguntas complejas, nada más que esto.

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