El Salvador: Bukele afianza su poder tras el autogolpe
Siguiendo órdenes del presidente Nayib Bukele, y por 57 votos contra escasos tres, la Asamblea legislativa de El Salvador llevó a cabo el 31 de julio un golpe de estado institucional cuando habilitó la reelección permanente del mandatario, extendió el período de gobierno presidencial de cinco a seis años, eliminó la segunda vuelta – lo que podría llevar a un gobierno que represente una minoría – y adelantó las elecciones presidenciales a 2027 en lugar de 2029, para que coincidan con las legislativas y municipales. Finalmente, decidió el retiro del país del Parlamento Centroamericano.
Las decisiones reformaron cinco artículos de la Constitución de 1983.
Bukele ya había violado la Constitución salvadoreña, que prohíbe la reelección presidencial, al haberse postulado para un segundo período en el que se establecen los tintes autoritarios de su dominio total en la política del país centroamericano. Bukele ganó esas elecciones en 2024 invocando el 85% de los votos, y encuestas que le dan un 91% de apoyo, pero solo se pudo postular para un segundo mandato después de purgar la Suprema Corte de Justicia de voces independientes y que los nuevos magistrados selectos se lo permitieran.
Gran parte de su popularidad se debe a que logró transformar al país del más violento del mundo al más seguro en el subcontinente, al bajar las tasas de homicidio de 106 por cada 100,000 habitantes en 2015 a 2 diez años después, una tasa menor que la de Canadá.
Desde que decretó el estado de emergencia y suspendió los derechos constitucionales – prorrogado decenas de veces por la legislatura – el régimen detuvo a más de 85,000 personas.
De esta manera se completa el trayecto emprendido por el presidente a partir de su victoria electoral en 2019, cuando obtuvo el 53% de los votos, culminando los cambios que le permitirán seguir gobernando por el resto de su vida.
Se consolidó y se granjeó el apoyo de Trump a su régimen al recibir deportados venezolanos enviándolos, a cambio de seis millones de dólares anuales, a la trístemente célebre cárcel CECOT
Los cambios así operados significan malas noticias para el país centroamericano. La popularidad del mandatario populista no puede negar la gravedad de las medidas antidemocráticas del político. En ese sentido es similar a los regímenes antidemocráticos en Nicaragua y Venezuela.
El Salvador sigue siendo el país de menor crecimiento en la región, en donde su dependencia de las remesas desde Estados Unidos aumenta ya que representan casi la cuarta parte de su PIB. Si bien la economía sigue funcionando, ha recurrido para ello a grandes préstamos del fondo de pensiones del país, una acción insostenible. El crecimiento ha bajado de 3.5% en 2023 a 2.6% en 2024 y en vías de bajar a 2.2% este año. Uno de cada tres salvadoreños aún vive en la pobreza.
Pese a ello, el número de cruces de inmigrantes salvadoreños por la frontera sur ha caído notablemente. Lamentablemente para los salvadoreños, la administración Trump sigue apoyándolo, al dar prioridad a la ayuda de Bukele a la política antimigratoria del republicano.
Esta situación podría no perdurar, en caso de producirse una crisis económica que renueve la ola migratoria..



