Gobierno de Donald Trump: 100 días que parecen 100 años

Durante el año que precedió al 5 de noviembre de 2024,  la reelección de Donald Trump como presidente, llovieron las advertencias de que el advenimiento de su régimen sería una debacle para el sistema democrático y republicano de gobierno. Se presagió el ataque a las libertades individuales, las decisiones hechas sin consulta ni planificación, el ensañamiento feroz contra los inmigrantes, la agresión contra los jueces y una cantidad inmensa de problemas adicionales para la posición de Estados Unidos en el mundo. 

La realidad, cuando se cumplen hoy los primeros 100 días de gobierno, fue más allá.   

Desde 1933 se estableció un umbral arbitrario según el cual lo manifestado en los primeros 100 días de una presidencia serían una demostración de lo que le esperaba al país en el resto de los cuatro años de su gobierno. 

En el caso de Trump, estos días fueron de actividad frenética con el objeto de aturdir a la oposición y establecer hechos en el terreno que luego sería imposible anular. 

Desde el comienzo, Trump dejó de lado toda pretensión de actividad legislativa y de supuesto respeto al Congreso y gobernó por decreto, con las llamadas “acciones ejecutivas” que firmó con gran despliegue propagandístico. Con su récord de firmas desplazó y neutralizó hábilmente al Poder Legislativo. Y con cada día que pasa se multiplican los ataques contra el poder judicial, tanto con ataques personales contra los jueces que osan oponerse al Presidente como contra la institución, en forma de leyes que reducirán la potestad de los jueces de detener la avalancha de disposiciones que encuentran ilegales. 

Pero es precisamente esa avalancha la que comenzó a imbuir a los votantes la idea de esta nueva realidad. 

Para rematar, superó en marzo el récord de 99 órdenes ejecutivas del presidente Roosevelt cuando EE.UU. entró a la guerra. Ya se acerca a las 200. De ellas, unas 50 son para anular todo lo hecho por Joe Biden, quien también y de esa manera se enfrentó a un Congreso hostil: con órdenes ejecutivas. Pero por lo menos, fue para anular las que había establecido Trump en su primera presidencia, de 2017 a 2021.

Entonces, nos sugieren que la demostración de lo excelente de su gobierno es que cumplió las promesas de campaña. Pero las promesas eran malas de por sí, y para sus votantes las que importaron fueron las de solucionar en un día, o una hora, los problemas económicos que los aquejan y echar del país a los «ilegales».

Sin orden cronológico, con el hombre más rico del mundo como aliado,  despido salvaje de miles de empleados federales, incluyendo los científicos que estaban por publicar el informe maestro sobre el cambio climático, los que determinan las condiciones meteorológicas y lo coordinan con el resto del país, más decenas de miles en todas las dependencias, por parte de una banda de muchachos brutos e ignorantes. 

En su primer día en la Casa Blanca, emitió unos 1,500 indultos y conmutaciones para sus partidarios implicados en el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021  destinado a impedir el traspaso de poder. 

En lo migratorio, militarización de la frontera, deportaciones sin el debido proceso, deportaciones de niños ciudadanos, desaparición de personas arrestadas por individuos de civil y en autos sin identificación, criminalización de todos los migrantes, encierro en El Salvador.

Imposición caprichosa de aranceles exorbitantes a 90 países, que luego postergó por 90 días con excepción de China, con la que llegó en un tira y afloje a tarifas del 145%, parte de las cuales serían anuladas el día de hoy bajo la falsa pretensión de que se están negociando y que el líder chino lo llamó por teléfono, cosa que ellos negaron… con una sonrisa.  

Desmantelamiento de la educación, incluyendo el proceso de destruir al mismo ministerio de Educación, anular la ayuda y los privilegios de las principales universidades.

Un conflicto en ciernes con el poder Judicial, que incluye el arresto de la jueza Hannah Dugan por haber puesto trabas a la detención de un indocumentado mexicano en plena sesión de la corte y su traslado a una cárcel esposada. Le sacaron una foto ilegal así reducida y la publicaron en Twitter. 

Es baladí, diría Borges, enumerar todo. Viene a la mente el Meme que sus hijos produjeron y vendieron, ganando quizás centenares de millones, los mismos que perdieron los compradores, en su mayoría fieles súbditos de MAGA. O su manipulación de la Bolsa – abiertamente – haciendo que bajara estrepitosamente y luego con una declaración subiera de nuevo, dejando en el medio su exhortación que era el mejor momento para comprar, cosa que supuestamente hizo. 

Ah, y luego de haber fanfarroneando que iba a lograr la paz en Ucrania en un día – ¡es fácil!, dijo – terminó adoptando el plan de paz de Vladimir Putin con anexión de territorio ucraniano y todo. Y con – da vergüenza ajena recordarlo –  la humillación pública del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy en la Oficina Oval, llamándolo desagradecido y diciendo que había “faltado el respeto” a Estados Unidos, sin contar los agregados del vicepresidente Vance y de un periodista aliado que se burló de la manera de vestir del visitante.

Y de tantas promesas, cumplió la de prohibir a los atletas transgénero en los deportes femeninos. 

¿Siguen sus fieles creyendo en él? En su mayoría, sí. CNN reunió ayer a doce demócratas que votaron por Trump. Es decir, no parte de MAGA. Cuatro de ellos reconocieron que estaban equivocados. Seis definieron la situación del país como preocupante o inestable o caótica. Y dos respondieron con una sola palabra al interrogante de cómo está el país: 

  • Great!

 

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