martes, septiembre 28, 2021
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El Salvador: ¿Se prepara para una nueva guerra?

Bukele hace crecer a las Fuerzas Armadas no para combatir a la delincuencia sino que para controlar a la población en la que aumenta el descontento

En otros tiempos este título podría parecer inverosímil. Pero el país viene de experimentar una guerra que estremeció sus cimientos económicos, sociales y políticos y que todavía está fresca en la memoria de los salvadoreños.

La guerra concluyó con los Acuerdos de Paz de 1992. Desde entonces, se trabaja para construir una sociedad más democrática y, sobre todo, más humana. Una sociedad con respeto a la libre expresión y con instituciones orientadas a que los gobiernos sean más transparentes y los ciudadanos tengan mayores garantías políticas y sociales.

Claro, este proceso no fue nada perfecto, pero iba avanzando. Hasta la llegada del presidente Bukele, que rompió con todo el proceso: Elimina las instituciones que controlan el poder, desprecia la constitución y se encamina a establecer una dictadura.

Para quienes no estaban claros que el camino trazado por el presidente obedece a ese fin, basta ver sus acciones. Desde el momento que llegó al poder, maniobró para destruir a sus adversarios políticos, lanzó una campaña de odio contra los periodistas que no reproducen sus discursos e inició una persecución contra todas las instituciones de la sociedad civil que tienen la responsabilidad de fiscalizar las acciones del gobierno.

Lamentablemente para el presidente, no todo es color de rosa. Recientemente se han dado a conocer encuestas que señalan que su popularidad va en caída. Los datos presentados por el doctor Oscar Picardo Joao muestran que el apoyo al presidente se ha reducido a un 50%. Una cifra importante, pero ya no aplastante como cuando presumía tener una aceptación del 97%. Eso significa que, si el porcentaje es válido, el 3% que no lo apoyaba ha crecido un 47%.

La lista de sus atropellos es larga: Forma una Comisión en la Asamblea de Nuevas Ideas, para investigar a las ONGs que recibieron fondos del estado y, además, lleva al banquillo de los acusados a Lorena Peña, una ex legisladora con una amplia trayectoria política.

Su padre, el teniente José Belisario Peña, fue perseguido por la dictadura de Martínez, a pesar de ser militar. Su hermano Felipe Peña Mendoza fue fundador del Bloque Popular Revolucionario (BPR) y segundo al mando de las FPL. Murió en un combate desigual con las fuerzas militares, en agosto de 1975. Ana Margarita Peña, desapareció en 1981. Virginia Peña cayó en combate en la Montañona, Chalatenango, el 12 de julio de 1986.

En el interrogatorio a Peña, digno de la Guardia Nacional, los flamantes diputados dejaron al descubierto toda su ignorancia, soberbia y prepotencia. Querían que se inculpara. Alexia Rivas, presidenta de la comisión, la amenazó de desacato. Los diputados dejaron de ser diputados y pasaron a ser jueces. El desconocimiento de sus funciones y sus atribuciones fue escandaloso. En seis ocasiones se le apagó el micrófono y la presidente le dijo que iba a “puchar” las veces que ella quisiera. Ante la repulsa popular por estas acciones, un diputado de la comisión dijo que se cortaba el micrófono porque tenía artritis.

Sin embargo, como contraste, en la otra comisión que investiga los sobresueldos otorgados por los gobiernos anteriores a funcionarios, trajeron de la cárcel al delincuente confeso y expresidente de la república Elías Antonio Saca (fundador de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), partido aliado del presidente) y los diputados de la comisión lo recibieron como un héroe que ha sido víctima de los gobiernos corruptos. Luego, el 22 de julio, sorprende a la ciudadanía la captura del gabinete del expresidente Mauricio Funes, con cargos de enriquecimiento ilícito, peculado y lavado de dinero.

En este maremágnum de acontecimientos, el presidente anuncia la militarización de la sociedad salvadoreña para recuperar los territorios controlados por las maras y ofrece la cuarta fase del plan de control territorial. Suena un poco contradictorio ya que uno de sus grandes estandartes del éxito de su administración fue haberle quitado los territorios a los mareros. ¿Quiere decir que las tres fases anteriores no sirvieron para nada?

Evidentemente, esta propuesta de duplicar los efectivos militares y otórgarles funciones de seguridad pública, no sólo va en contra de los Acuerdos de Paz que claramente definen las funciones de las Fuerzas Armadas, sino también en contra de la constitución de la república.

Por la historia de lucha que posee el pueblo salvadoreño, el presidente Bukele debería de meditar sobre sus acciones. En primer lugar, no se puede subestimar a los pueblos. Su presidencia está sufriendo un gran desgaste. La inflación comienza a golpear y nos acercamos a una gran crisis económica, política y social. Al irse erosionado el apoyo popular, de lo cual ya existen síntomas evidentes, hace crecer a las Fuerzas Armadas, no para combatir a la delincuencia, sino para controlar militarmente a la población en la que aumenta el descontento y la frustración.

El presidente habla como si se preparara para una guerra. Pero debe recordar que si no tiene los elementos que le permitan desarrollarla, debe contar con patrocinios. Y hasta ahora no hay ninguna potencia que quiera financiarle su guerra y menos de darle apoyo político.

Además, debería tener en cuenta que una estrategia que la delega a sus súbditos, en lugar de potenciarlo puede tener el efecto contrario. Como en el caso de Lorena Peña, a la que la saca de su retiro político para meterla en el ´ruedo´, en donde les dio una magistral lección a los diputados que, en el caso de muchos de ellos, apenas pueden leer.

Esto me recuerda un evento que tuvo lugar en la Ofensiva Tet, durante la guerra de Vietnam. El general Nguyễn Ngọc Loan le ordena a un subalterno que le pegue un balazo a un agente norvietnamita (Nguyễn Văn Lém) que ha sido capturado. El soldado se niega a ejecutar la orden. Ante la negativa, el general desenfunda su pistola y le asesta un balazo en la cien. Este se desploma sobre el pavimento lleno de sangre. En la Ofensiva Tet, las fuerzas survietnamitas, junto con las estadounidenses, ocasionaron bajas significativas a las fuerzas norvietnamitas, pero no pudieron cantar victoria debido a que este lamentable hecho quedó estampado en la retina del pueblo estadounidense. Me imagino lo que se preguntaban: ¿Esto es lo que estamos apoyando?

Lo que  deberíamos recordar los ciudadanos son las palabras de Mariano Azuela en Los de abajo, haciendo el símil de la violencia incontrolada: “como la roca que cae por la pendiente, una vez que comenzó a rodar ya nada la puede detener”. El presidente, cada vez que las cosas no le salen como él desea, responde provocando tensiones como con las recientes capturas. En cualquier momento esto se le puede escapar de las manos y una vez que la roca se precipite en el desfiladero, nadie la puede detener.

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Igor Iván Villalta
Catedrático de Botánica Farmacéutica y Farmacognosia en la Facultad de Química y Farmacia de La Universidad Salvadoreña Alberto Masferrer (USAM), miembro titular del Instituto de Investigaciones Científicas Tecnológicas e investigador de la Facultad de Química y Farmacia. También se ha desempeñado como consultor en diversas entidades como el consorcio español TSD- EXEX, Cooperación Italiana (PRODERE-ELS), Naciones Unidas y el Centro Regional d’ Intervento per la Cooperazione.

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