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Las comidas del 4 de julio

En esta celebración de la Independencia, no podemos dejar de hablar de las comidas del 4 de julio. Otra asociación que nos surge es Nacido el 4 de julio, la película de Oliver Stone, ganadora de múltiples premios en 1990. Basada en la historia real de Ron Kovic, la película cuenta la historia de un joven interpretado por Tom Cruise, desde su adolescencia, momento en el que se ofrece voluntario para la Guerra de Vietnam, hasta su vida adulta.

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Tom Cruise en el papel de Kovic

Profundamente enamorado de su país, Kovic vuelve con una parálisis permanente, a un entorno totalmente diferente al que dejó, lo que le hunde profundamente. Poco a poco, con la ayuda de algunos amigos, Kovic empezará pensar de manera diferente acerca de la guerra e incluso sobre sí mismo, convirtiéndose en un activista en contra de la guerra.
Ron Kovic, había nacido el 4 de julio de 1946 y eso de por sí en manos de un cineasta como Oliver Stone, le otorgó a la película un título imposible de mejorar, y le valió a Stone el Oscar de la Academia.

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El auténtico Ron Kovic

El 4 de julio sintetiza como ninguna fecha, los sentimientos, los valores, el modo de ser y de reunirse del pueblo americano. Y cuando nos referimos al pueblo americano, nos referimos a todos quienes habitan los Estados Unidos.

 

Provengan de donde provengan. Porque el menú que se sirve en cada barbacoa que se realiza al aire libre cada 4 de julio, coexisten influencias de todos los grupos étnicos, geográficos y migratorios, que han ido sedimentado su cocina.

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Hamburguesas, la comida emblemática del 4 de julio.

Desde los clásicos corn on the cob o choclos asados enteros a la llama, provenientes de las tribus originarias, las salchichas y hamburguesas que trajeron los alemanes, los ribbs de cerdo creoles provenientes de la tradición africana de Nueva Orleans, los Pies ingleses u holandeses, los helados italianos y los frijoles refritos y el guacamole de México.

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Y las reuniones en cualquier vecindario, rico o pobre. De una gran ciudad o de un pequeño pueblo, ponen entre paréntesis por 24 horas los conflictos raciales, sociales, la actividad de las pandillas o del Klan, hasta que se extingue el último de los fuegos artificiales por la noche.

¿QUÉ COMEN LOS ESTADOUNIDENSES EL 4 DE JULIO?

La inolvidable Lynne Olver, en su Food Time Line tiene su primera entrada referida a la comida del 4 de julio en 1815: “From the Salem Gazette”, New York Courier, ciudad de Nueva York, 3 de julio de 1815 (pág. 2) y la última, una receta de un postre de helado de yogurt, en “Stars & Stripes”, Better Homes & Gardens , julio de 2014 (p. 103-106).

En el medio hay 16946 palabras que responden a la pregunta ¿Qué comen los estadounidenses el 4 de julio? Si algunos de ustedes, amables lectores, quieren saber cómo fue evolucionando esta celebración, no duden en consultar el enlace.
Nosotros trataremos de contarles en nuestras palabras, algo que es muy difícil de contar, porque “los estadounidenses” son un universal, y los universales, solo existen en la mente de los metafísicos.
Hay tantos menús del 4 de julio, como familias o amigos que se reúnan en una mesa. Y depende del estado en que se reúnan y de los productos que abunden, y de las tradiciones que predominen lo que va a tirarse arriba de la parrilla.
Pero que va a haber una parrilla, eso denlo por seguro. Que va a haber aperitivos y cosas para ir picando, también. Y que no va a faltar ni la cerveza, ni los tragos, tampoco.
Y mucho menos los postres, que es donde más se manifiestan los colores azul, blanco y rojo, en todas sus formas y texturas.

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CRÉDITO DE LA FOTO: walkingonsunshinerecipes.com

Ahora lo que se tire sobre la parrilla, lo que se tome en los tragos y lo que se coma en los aperitivos, no va a ser lo mismo en Brooklyn que en Honolulu, ni en San Antonio que en Denver.

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De la misma forma que en nuestros asados no ponemos las mismas cosas en la parrilla en Buenos Aires que en Salta. No tomamos las mismas bebidas en Córdoba Capital, que en Rosario. Ni los mismos vinos en Cuyo que en Cafayate.

Pero el espíritu de la celebración, el encuentro con los amigos y la reunión de las familias, tiene la misma intensidad dondequiera que sea.

HABLEMOS DE BEBIDAS Y DE COMIDAS

Un 4 de julio sin cerveza, es como un recital de la Mona Jímenez en Córdoba sin Fernet con Coca. Por eso antes de entrar a las comidas, veamos un verdadero duelo de titanes entre las dos cervezas más populares entre las american lagers.
A las cervezas le siguen en popularidad la Limonada, los tragos, en especial los margaritas y los mojitos, y en menor medida, los vinos.

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Lo primero que se sirven mientras se van prendiendo las barbacoas, cada vez más a gas y menos a carbón, son los aperitivos. Algunos muy tradicionales como las galletas de suero o los huevos rellenos, y otros más sofisticados, como algunos pasteles salados.
En la barbacoa el orden de popularidad lo encabezan los hot dog, seguidos muy de cerca por las hamburguesas. Y ocupan el lugar que en nuestros asados asignamos al chorizo, la morcilla y las achuras.

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CRÉDITO DE LA FOTO: www.joyfulhealthyeats.com

Después se van agregando, lo demás, pollo entero, o alitas a la diabla, o ribbs de cerdo, o brochettes de carnes varias o de langostinos, según la región. Y por supuesto los infaltables choclos. Porque no existe un 4 de julio sin sus choclos asados. Las guarniciones generalmente son ensalada de col, o coleslaw, ensalada de papas, frijoles refritos y en el sur no faltan los tomates verdes fritos, una verdadera delicia.

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Crédito de la foto: zestyolive.com

Un clásico a toda hora, antes, durante y después de la barbacoa, es el tradicional pollo frito sureño, que como manda la tradición, se come con las manos. Pero siempre hay que dejar lugar para los postres, porque son espectaculares, y cada una de las familias asistentes lleva el propio. Así que a la hora de los dulces, más que una mesa de postres, parece una competencia de pasteleras y reposteros profesionales.

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Pollo a la Sureña

Un consejo para nuestros lectores, si tienen la posibilidad de pasar un 4 de julio en algún hogar de los Estados Unidos, no se priven de la experiencia.

Es uno de esos acontecimientos que un foodie no puede dejar de experimentar, al menos una vez en su vida. Y si puede elegir dónde hacerlo, le sugerimos que sea en el sur, bien cerca del Río Bravo.
Porque además de la exquisita comida, de la cerveza y de los margaritas, seguramente va a terminar cantando y bailando en una fiesta popular que se extiende a todo el barrio.

Perfil del autor

Emilio R. Moya es Cocinero, Historiador Culinario y Periodista
Gastronómico. Ha sido docente de Filosofía y Estética, Miembro de la
Asociación Argentina de Investigaciones Éticas. Es periodista
free-lance y Editor de Chefs 4 Estaciones de Argentina.

Esta es la parte 2 de un total de 7 partes en la serie Historia de la cocina con Emilio R. Moya

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