Líderes comunitarios reconocidos por la James Irvine Foundation

Están detrás de programas por salarios justos, viviendas y derechos de personas encarceladas

«¿Puede producirse un cambio radical desde las bases en el ámbito público a pesar de la creciente polarización política, el bloqueo legislativo y la incertidumbre económica?”, preguntó Sandy Close, directora ejecutiva de Ethnic Media Services (EMS) al abrir la conferencia de prensa titulada ¿Puede ocurrir un cambio real?, a la que se invitó a que expongan a líderes comunitarios que aportaron soluciones a algunos de los serios problemas que se confrontan en California y que este año fueron reconocidos por la James Irvine Foundation. «Hoy vamos a escuchar a tres de ellos, que fueron galardonados por abordar temas urgentes como los salarios mínimos, la falta de viviendas y los derechos de las personas encarceladas».

Sobre la “esclavitud” en los restaurantes

La primera disertación estuvo a cargo de Saru Jayaraman, creadora de One Fair Wage (“Un salario Justo”); y así explicó la génesis de la organización.

“Somos una fundación de 300 mil trabajadores y restaurantes a través de todo el país, y estamos en los 50 estados. También somos los creadores de una asociación de 5,200 dueños de restaurantes; la mayoría, pequeños negocios de minorías que apoyan la suba de los salarios y la calidad de los trabajos en la industria de restaurantes. Nacimos tras los atentados del 11 de septiembre, apoyando a las personas que perdieron su trabajo en el World Trade Center. La mayoría eran inmigrantes y hubo 250 fallecidos, por lo cual debimos ayudar también. Conseguimos mejorar las condiciones de los empleados de restaurantes pero nuestra lucha se expandió más allá, a servicios de peluquería, aeropuertos o “deliverys” de comida… En suma, a todos los que cobran menos de un salario mínimo. A la gente de los deliveries, hoy, les bajan el salario dependiendo de la propina que reciban. Y eso es inadmisible”.

Saru Jayaraman, de One Fair Wage. FOTO: One Fair Wage

Respecto a la razón por la cual la problemática de los obreros en los restaurantes se ha vuelto a visibilizar, Jayaraman explicó que “se debe a que  hoy estamos viviendo un momento histórico, con los empleados negándose a trabajar por sueldos de pobreza. Paradójicamente, la industria de restaurantes es una de las que más ha crecido en Estados Unidos, con 14 millones de trabajadores previos de la pandemia; pero durante décadas ha tenido sueldos muy bajos. Cuando surgieron las propinas venidas desde Europa, la industria aprovechó para bajar aún más el salario al personal, como pasa con los deliveries”.

Y la fundadora de “One Faire Wage” comentó un caso de perversidad laboral sin precedentes en los Estados Unidos. “En enero, salimos en la tapa del New York Times hablando de la estafa a la cual someten a los trabajadores de restaurantes; ya que les cobran por un entrenamiento en seguridad alimentaria para luego usar ese dinero en luchar, precisamente, contra los aumentos salariales… El tema es que, con la pandemia, las propinas bajaron muchísimo y lo que aumentó no fueron los salarios sino el acoso sexual, que ya venía siendo un problema. A miles de mujeres en plena pandemia, los clientes le pedían quitarse el barbijo para ver cuán linda eras antes de darte una propina. Como resultado de este acoso, 1.2 millones de empleados se han ido de la industria; y muchos de los que se quedaron, también se quieren ir. Algunos restaurantes han aumentado sueldos porque no pueden conseguir que regresen los trabajadores”.

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En el plano legal, Jayaraman explicó que “el año pasado, empezamos una campaña para mover legislación en 25 estados de cara al 2026. Estuvimos en Nueva York, Connecticut, Ohio, Michigan, Illinois, Arizona, Colorado, Massachusets, Pennsylvania, Hawai, Puerto Rico, Rhode Island… En California, ya tenemos proyectos de ley para aumentar el salario no sólo de los trabajadores de los restaurantes, y conseguimos que ya no paguen por ese entrenamiento de seguridad alimentaria. Ganamos por un amplio 9 a 2 en la Cámara de Washington DC. En Chicago, el nuevo alcalde ha dicho públicamente que apoya el aumentar el salario mínimo. Y lo pasa mismo en Pennsylvania. Nuestro esfuerzo ha logrado adhesiones, tanto en estados azules como en estados rojos”.

-¿Cuál es el futuro de la industria de los restaurantes en Estados Unidos?

-Se trata de una industria muy resiliente y resistente. Recuerden que hubo miles de restaurantes abiertos durante la pandemia, pese a los que cerraron. El número de trabajo no ha disminuido, pero sí el número de trabajadores dispuestos a seguir soportando los malos salarios y el acoso. La industria está segura. Lo que no están seguros son los empleados. De hecho, los restaurantes están sufriendo la peor crisis de personal de toda su historia en el país. Y hasta que no haya respuestas federales y estatales concretas a estas problemáticas, no podremos saber lo que vendrá.

“HOY ESTAMOS VIVIENDO UN MOMENTO HISTÓRICO, CON LOS EMPLEADOS NEGÁNDOSE A TRABAJAR POR SUELDOS DE POBREZA. PARADÓJICAMENTE, LA INDUSTRIA DE RESTAURANTES ES UNA DE LAS QUE MÁS HA CRECIDO EN ESTADOS UNIDOS, CON 14 MILLONES DE TRABAJADORES PREVIOS DE LA PANDEMIA; PERO DURANTE DÉCADAS HA TENIDO SUELDOS MUY BAJOS. CUANDO SURGIERON LAS PROPINAS, LA INDUSTRIA APROVECHÓ PARA BAJAR AÚN MÁS EL SALARIO AL PERSONAL, COMO PASA HOY CON LOS DELIVERIES”.
SARU JAYARAMAN

Por el derecho de las personas encarceladas

Llegó el turno de Dorsey Nunn, director ejecutivo de Servicios Legales para Prisioneros All of Us Or None (“Todos nosotros o ninguno”).

“Mi lucha principal tiene que ver con cambiar las narrativas que se han naturalizado en el país, sacándola de los conceptos estigmatizantes –comentó Nunn- Cuando se refieren a nosotros y nos llaman de cualquier modo menos “persona”, nos están insultando aunque no se den cuenta. Prefiero que nos llamen “personas encarceladas” pero “personas” ante todo; y no presos, delincuentes, criminales o esclavos. En California seguimos teniendo esclavitud y de eso tampoco se habla. No podemos ser intercambiados en el mercado cuando hacen negocios las corporaciones privadas”.

Dorsey Nunn, de All of Us or None. FOTO: LSPC

Y comentó que “en  la cárcel Pelican Bay, hicimos un juicio por unas 50 mil personas que estaban en confinamiento solitario y no por unos días, sino por décadas. Luego, trabajé mucho en la reinserción laboral de los salidos de prisión. La mayoría no eran contratadas porque habían cometido un delito. Luego, continuamos la lucha por los derechos de ley para los votantes en libertad condicional o para los que estaban detenidos en la cárcel del condado. Mandamos gente puerta por puerta, mensajes y mails a unas 77 mil personas antes de las elecciones en Florida, Atlanta y California. Cada dos años, empujamos la causa en la comunidad. El tema es que las leyes vigentes, no solo les están impidiendo ejercer el voto a ciertas personas por su situación, sino que están dejando fuera a una comunidad vulnerable. Queremos que estas personas vuelvan a tener acceso al voto y se respeten sus derechos”.

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-¿Qué logros se han conseguido?

-Muchos. En Florida, por ejemplo, en las elecciones del 2000 con George Bush, restauramos el derecho de la gente a votar. Y conseguimos que un millón de personas estuviesen involucradas. También lo hicimos en California, en Carolina del Norte y en Luisiana… Hay un modo de motivar a las personas para que voten; y hoy, quienes han estado previamente encarcelados, estamos haciendo mucho trabajo de restitución de derechos. Yo también estuve encarcelado; pero estoy construyendo infraestructura para una lucha a largo plazo.

-¿Qué debemos hacer para cambiar la percepción de la gente encarcelada y que ganen derecho, visibilidad, dignidad y respeto?

-Lo primero, es que nos empiecen a ver como personas. Y este es un trabajo que tenemos que hacer todos juntos. Si ustedes me pueden ver, antes que nada como un padre o un abuelo o un bisabuelo, algo va a cambiar. Sobre todo, teniendo en cuenta que ninguno de mis hijos ha estado en prisión. Y eso también dependió de los valores que les transmití, pudiéndome quedar con ellos tras conseguir una situación de dignidad, tanto social como laboral. Y conseguir estas cosas, es fundamental para desestigmatizar a las personas que están o que salen de la cárcel.

“MI LUCHA PRINCIPAL TIENE QUE VER CON CAMBIAR LAS NARRATIVAS QUE SE HAN NATURALIZADO EN EL PAÍS, SACÁNDOLA DE LOS CONCEPTOS ESTIGMATIZANTES. CUANDO SE REFIEREN A NOSOTROS Y NOS LLAMAN DE CUALQUIER MODO MENOS “PERSONA”, NOS ESTÁN INSULTANDO. PREFIERO QUE NOS LLAMEN “PERSONAS ENCARCELADAS” PERO “PERSONAS” ANTE TODO; Y NO PRESOS, DELINCUENTES O CRIMINALES (…) EN  LA CÁRCEL PELICAN BAY, HICIMOS UN JUICIO POR UNAS 50 MIL PERSONAS QUE ESTABAN EN CONFINAMIENTO SOLITARIO Y NO POR UNOS DÍAS, SINO POR DÉCADAS. LUEGO, TRABAJÉ MUCHO EN LA REINSERCIÓN LABORAL DE LOS SALIDOS DE PRISIÓN. LUEGO, CONTINUAMOS LA LUCHA POR LOS DERECHOS DE LEY PARA LOS VOTANTES EN LIBERTAD CONDICIONAL».
DORSEY NUNN

La vivienda como derecho humano

Chris Contreras, director del programa Brillant Corners, habló de la organización que preside en Los Ángeles. “Tenemos casi un tercio de las personas desamparadas de toda California. Se trata de gente que enfrenta un terrible aumento de los alquileres, sin precedentes en el condado. El aumento ha sido del 54% mientras el salario sólo subió el 16%. Esto ha dejado a miles de inquilinos sin hogar o en peligro de perderlo, afectando sobre todo a las minorías. La comunidad negra, por ejemplo, ha experimentado un 8% de pérdidas de vivienda. Y la comunidad latina cuenta con un 44% de personas desamparadas. Nuestra organización se ocupa de personas desalojadas o en riesgo de serlo. Si nos tomamos este trabajo, no es sólo por una cuestión edilicia, sino porque concebimos la vivienda como un derecho humano”.

Chris Contreras, de Brilliant Corners. FOTO: TJIF

Y explicó que “operamos un programa modelo a nivel nacional que ayuda a miles de personas todos los años. En 2014, lanzamos un programa de subsidios de alquileres para ayudar a las personas más vulnerables del condado; apoyando a una variedad de poblaciones con esos fondos, y también ayudando a mejorar la relación que ellos tienen con sus propietarios y caseros”.

Acerca de los ítems más importantes de la gestión, Contreras resaltó tres. “El primer punto es conseguir subsidios gubernamentales para pagar alquileres atrasados. El segundo, conseguir profesionales especializados en relaciones con propietarios y caseros. El tercero, proveer servicios de vivienda para lograr una transición y estabilidad a largo plazo. Bajo este modelo, trabajamos con desarrolladores y propietarios, para crear unidades y proveer de hogar a personas desamparadas. Pagamos hasta dos meses de alquiler para impedir los desalojos. De este modo, hemos conseguido millones de dólares del gobierno, entidades privadas y filantrópicas. Hoy, nuestra organización se está replicando en San Francisco y San Diego”.

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Finalmente, el director de Brillant Corner indicó que “en California, la cantidad de persona sin hogar excede en mucho el número previsto. Y esas personas necesitan vivienda de forma rápida, permanente y asequible. Tenemos que ayudar a las personas a que puedan vivir con autonomía y dignidad”.

-¿Cuál es la solución de fondo al problema de las viviendas en California?

-Paradójicamente, el problema de fondo no se resuelve dando viviendas, porque la realidad nos muestra que el flujo de personas que pasan a no tener casa, crece exponencialmente. Y esto depende del sistema de justicia criminal, de salud y educación. Son sistemas que han sido opresivos, afectando sobre todo a las comunidades de color. Nosotros creemos que lo que se necesita para tener viviendas a escala en Los Ángeles, es que la comunidad coordine los recursos. O sea, que a esos recursos los administre la parte interesada. En Los Ángeles, el departamento del servicio de salud está creando esa infraestructura. Y cuando ingresa dinero en el sistema, se utiliza para auxiliar a las personas en situación de emergencia. Por eso estamos intentando expandir este concepto en las comunidades. Esta no es la única estrategia, pero de momento nos parece la más efectiva.

“EN LOS ÁNGELES, TENEMOS CASI UN TERCIO DE LAS PERSONAS DESAMPARADAS DE TODA CALIFORNIA. GENTE QUE ENFRENTA UN TERRIBLE AUMENTO DE LOS ALQUILERES, SIN PRECEDENTES EN EL CONDADO, DE UN 54% MIENTRAS EL SALARIO SÓLO SUBIÓ EL 16%. ESTO HA DEJADO A MILES DE INQUILINOS SIN HOGAR O EN PELIGRO DE PERDERLO, AFECTANDO SOBRE TODO A LAS MINORÍAS. LA COMUNIDAD NEGRA, POR EJEMPLO, HA EXPERIMENTADO UN 8% DE PÉRDIDAS DE VIVIENDA. Y LA COMUNIDAD LATINA CUENTA CON UN 44% DE PERSONAS DESAMPARADAS. NUESTRA ORGANIZACIÓN SE OCUPA DE PERSONAS DESALOJADAS O EN RIESGO DE SERLO. SI NOS TOMAMOS ESTE TRABAJO, ES PORQUE CONCEBIMOS LA VIVIENDA COMO UN DERECHO HUMANO”.
CHRIS CONTRERAS

Una fundación para el mejoramiento de California

La última disertante fue Cindy Downing, de la James Irvine Foundation, quien comentó la finalidad primera y última de la fundación.

“La misión de la fundación es premiar a estas personas que sirven a nuestra comunidad. A pesar que la JIF se esfuerza por construir una California donde los trabajadores de bajos recursos tengan posibilidades de avanzar económicamente, también queremos ampliar este programa de liderazgo fundado en 2006. Y hemos reconocido, desde entonces, a más de cien líderes de distintas edades, grupos, temas y organizaciones. Tenemos mucha diversidad. Estas personas tienen creatividad e ingenio para resolver problemas que están en nuestro estado. Digamos que estos premios al liderazgo, son una parte clave para entender a la fundación. Estos líderes representan distintas áreas del estado, desde las sociales y educativas hasta las ecológicas. Estamos presentando estos caminos y soluciones para resolver problemas, para inspirar y construir comunidad”.

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