Nueva York hispano sin serie de televisión
Una epopeya histórica sin monumentos pero que nos permite evitar comentarios banales
El primer estadounidense que ganó un millón de dólares partiendo de la nada en Estados Unidos fue un hispano de Nueva York: Peter Harmony. Nacido con el nombre de Pedro Ximeno. Otros que habría que añadir a la lista de hispanos poco conocidos son los procedentes de España y de Cuba llegados mucho antes de la independencia antillana.
Es importante resaltar esta antigüedad
Los Ximeno, Leonardo Santos Suárez, John Garcia y la familia Garcia al completo, Tomás Gener, las mujeres Carrio, las Francia, los Flórez, Félix Varela y Morales, Manuel Álvarez y otras muchas familias más que forjaron Estados Unidos. Los que tiraron del carro desde un principio.
Los cubanos no procedían de la época de Fidel Castro o el comunismo de 1959. Eran emprendedores comerciantes, navieros, armadores, banqueros, creadores de aseguradoras, bienes raíces, religiosos (no había ni arzobispado en NY: estaba proscrito), comisionistas, bomberos, impresores, médicos, abogados, bordadores, importadores de vinos, sastres, barberos, drogueros, cigarreros; en definitiva, profesionales que trabajaban para el país que habían escogido para vivir. Luchaban al mismo tiempo por los hispanos, por los católicos, o, ya puestos, por la ópera en Nueva York.
El entierro del bombero voluntario John Garcia en 1884 fue un acontecimiento que acaparó todas las noticias.
Hablamos de forma panorámica del siglo diecinueve en el este de Estados Unidos, antes de la adquisición de Florida, Luisiana, antes de la guerra con México, o con España. De cuando se perseguía a los católicos y se profanaban sus tumbas, de cuando no se había inventado el beisbol, de cuando no existía la catedral de San Patricio (ni la antigua ni la nueva), de cuando el Capitolio no tenía pinturas en su cúpula, ni las iglesias murales.
No había barcos de vapor, ni daguerrotipos, ni fotografía (el hispano-cubano Mora fue pionero). No existía Wall Street (Harmony fue fundador). La primera oficina comercial de la calle Wall en el número 50 la puso un hispano. El primer ferrocarril de la historia hecho por un hispano no es el de España en Cuba del 19 de noviembre de 1837 de la línea La Habana a Güines (Bejucal), que fue el primero de Latinoamérica, sino el de NY al canal de Erie para el transporte de algodón (a Cohoes) de 1817-1825, con P. Harmony de protagonista en la directiva del proyecto.
Los monumentos que no están
Había periódicos en español, academias para aprenderlo, al tiempo que contabilidad. El periódico en español de NY más importante a mediados del siglo diecinueve fue La Crónica (v. Guía de Nueva York para uso de españoles e hispanoamericanos, 1863). Félix Varela y Morales ya había publicado antes en Filadelfia El Habanero (1824-1826), después coeditó El Mensajero semanal (1829-1831) con José Antonio Saco. De 1826 a 1831 se publicó El Redactor, de Juan José de Lerena y Eugenio Bergonzio. Y falta La Verdad (1848-1850) de Cora Montgomery.
El hispano viajaba a lo largo del Estrecho de Long Island como si fuera por las rías gallegas, con las que compartía el agua salobre. Los esteros eran familiares, la fauna y la flora, también. Todavía no había evolucionado el típico acento cubano hasta el que hoy se escucha.
Tras la independencia, se vendían esclavos en las esquinas, los negros y los esclavos no podían caminar por la noche si no iban con linternas o acompañados por un blanco (Manual of the Common Council of New York, 1863). Eran tiempos duros. Y los hispanos estaban allí. También. Sus descendientes se repartieron entre Europa y América. ¿Dónde están sus monumentos?
Hay que conocer un poco toda la epopeya hispana para no hacer a destiempo comentarios banales que se los tiene que tragar después el que los profirió. Sea quien sea el advenedizo.



