Perú: Pugnas políticas y legitimidad democrática

Los últimos acontecimientos derivados de las pasadas elecciones presidenciales de segunda vuelta de votaciones en Perú, informan sobre la “declinación irrevocable” de Luis Arce, uno de los cuatro magistrados del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de ese país.

Credibilidad desgastada

Como se sabe, a más de dos semanas, luego del domingo 6 de junio, no se ha dado a conocer oficialmente al ganador de las votaciones.

Estos hechos desgastan la credibilidad en las instituciones electorales y ponen de manifiesto, una vez más, las razones que sustentan la apatía de muchos ciudadanos. Arce renuncia, luego de que el JNE rechazara los primeros pedidos de Keiko Fujimori en pro de anular votos que corresponden al candidato Pedro Castillo.

Castillo ha logrado ganar -aunque no de manera oficial- la contienda por un estrecho margen: unos 44,000 votos. Una diferencia que va aproximadamente entre el 50.2% y 49.8% de los votos válidos, con un escrutinio que tiene cobertura del 100% de las actas electorales.

Como es obvio, ese deterioro en la percepción de las instituciones no fortalece para nada, la confianza en los mecanismos democráticos. Esas evidencias operan en contra de la legitimidad política, lo que se hace más evidente en un país como Perú, que ha tenido cuatro presidentes en los últimos cinco años.

Desarrollo económico y social

Muchos de los análisis se centran en la ocurrencia de un “carrusel de mandatarios”, algo que interfiere con la estabilidad política que los agentes económicos y sociales requieren a fin de impulsar el crecimiento y el desarrollo.

Con el fin de ahondar en los problemas esenciales de legitimidad institucional en un país como Perú -más allá de eventos coyunturales y muy importantes propios del evento político realizado- es necesario abordar temas substanciales del desarrollo económico y social. En tal sentido es de poner de manifiesto que son tres los momentos que se requieren para la fundamentación económica y social del desarrollo de un país en general, y de uno perteneciente a América Latina y el Caribe, en particular.

Primero. Es de reconocer que la condición de desarrollo implica, básicamente, (i) elevar las capacidades de las personas vía la educación y la capacitación; además de (ii) aumentar las oportunidades para grandes conglomerados sociales, vía el empleo y el emprendimiento. Esto es absolutamente crucial. Sin educación, sin el medio para pasar de nuestra condición biológica de primates superiores a personas humanas, no es posible esperar que la democracia pueda dar los resultados oportunos que se desean.

Así como la democracia nos dio los líderes históricos que triunfaron sobre el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, nos da ejemplares contrastantes. Y no es de olvidar que las tendencias totalitarias siguen vivas en muchas latitudes de nuestro mundo actual. En ocasiones, las sociedades pueden enfrascarse en dinámicas que redundan en crisis que se alimentan a sí mismas.

Perú democrático

Un segundo momento. Con el fin de crear la ampliación de oportunidades, vía el empleo y la promoción del emprendimiento, se necesita captar capitales productivos en la economía real. Esta última, relacionada con bienes, servicios y empleo, opuesta o en el mejor de los casos complementaria, la economía financiera, basada ésta, en la especulación recurrente de derivados bursátiles.

Esto del empleo es vital. Constituye, junto a la seguridad social y las transferencias del gobierno, la vía más importante para poder transformar el crecimiento económico -algo deseable mas no suficiente- en condiciones de desarrollo integral en las sociedades.

Un tercer momento del desarrollo: los factores de competitividad de un país para atraer capitales productivos. El Foro Económico Mundial caracteriza 12 pilares, que pueden resumirse en seis: (i) estabilidad política; (ii) estabilidad macroeconómica; (iii) educación, capacitación del recurso más importante que tiene una sociedad, el talento humano; (iv) Estado de derecho e instituciones incluyentes; (v) infraestructura física; y (vi) el factor de los factores: la cultura.

Cultura de cumplimento de acuerdos sociales. Todo lo contrario de la cultura del “juega vivo”, del “avispado”, de la cultura de los atajos; rasgos que son predominantes en varias regiones de nuestro continente.

Si no ganamos pateamos la mesa

Con esos elementos es posible afirmar que la democracia puede ser efectiva. Aunque por supuesto que hay otras opiniones. Allí están los que, desde lo atrabiliario, señalan que “el derecho a votar no basta, si los peruanos se equivocan y votan mal”. Increíble.

O sea que, si no gana el que deseamos, pateamos la mesa. Se impone, imprescindiblemente, sacarles tiempo a los prejuicios a fin de estudiar y ser sensatos.

Las posiciones de fuerza podrían redundar en un caótico escenario luego de esta segunda vuelta. Conllevan la amenaza de lanzar al Perú a una nueva tempestad, pletórica de incertidumbre y desgracia. Cuidado con medidas autocomplacientes que pueden fácilmente transformarse en excelentes causales de tragedias históricas.

Lo que se evidencia en el caso de la victoria de Pedro Castillo es el resultado de la inclinación electoral del Perú profundo. Del Perú muchas veces engañado o ignorado. Este es el caso del pronunciamiento de las mayorías. Un tema sociopolítico que fue abordado con particular esmero por autores tan dispares como José Ortega y Gasset (1883-1955) en “La Rebelión de las Masas” (1929) y Jürgen Habermas (1929 -) de la Escuela de Fráncfort, con “Crisis de Legitimidad” (1973) y “Lógica de las Ciencias Sociales” (1967).

Por ahora, Keiko Fujimori lleva la peor parte. No sólo sería derrotada por tercera ocasión, sino que con ese resultado puede terminar en la cárcel por casos judiciales que la mantienen en zozobra, con un cerco amenazante. En medio de todo esto, producto de esta elección, lo mínimo es que los resultados sean oficiales. El tiempo apremia. El nuevo presidente debe posesionarse el próximo 28 de julio.

Autor

  • Giovanni E. Reyes

    Giovanni Efrain Reyes Ortiz, Ph.D. en Economía para el Desarrollo y Relaciones Internacionales, de la Universidad de Pittsburgh, con post-grados de la Escuela de Altos Estudios Comerciales -HEC- en París, Francia, y de la Universidad de Harvard. Ha sido Director de Integración Latinoamericana y del Caribe en el Sistema Económico Latinoamericano y Director de Informe en Naciones Unidas.

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