Un argentino en Cuba (Parte 5)

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Un argentino en cuba (parte 5)
La Habana es una de las capitales más seguras de América Latina.

Parte 5: Post Data 1

A solicitud de algunos lectores interesados en esta serie de notas sobre Cuba, nos referiremos brevemente a una cuestión que ha sido motivo de interminables controversias históricas: quienes defendemos las variables de un sistema de vida que estimamos valioso y digno de ser replicado en otros países de la región y aquellos que -de buena o mala fe- tienden a comparar al régimen gobernante de la isla con una dictadura cruel que oprime a un pueblo descontento y esclavizado, al que se le hace sufrir una pobreza que provoca marginalidad y violencia.

¿Cuánta libertad podemos esperar en la Cuba de los Castro?

Hemos recorrido más de 10 ciudades y pueblos en un mes. En La Habana vivimos una semana entre barrio y centro, caminando diferentes distritos, entre los turísticos y los recónditos, hablando y debatiendo largo y tendido con funcionarios del gobierno, disidentes y adherentes de a pie, estos últimos protagonistas de una revolución que construyen a diario y quieren preservar.

Toda esa tarea la hemos desarrollado en un clima de absoluta libertad. Las crónicas que forman parte de esta serie han sido escritas en lugares públicos, en especial en la plaza central del Campamento Internacional Julio Antonio Mella -sede de las Brigadas Internacionales- y no en la oscuridad de una habitación. Los funcionarios del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (organismo coordinador de las Brigadas), me han visto trabajar durante 30 días. No recibí una pregunta, ni sugerencia, ni advertencia alguna. Tampoco las hubiera tolerado.

Debo aclarar que no soy militante comunista, ni de agrupación de izquierda algunay que estos informes los produje en mi primera visita a la isla.

Un pueblo educado, amable…

Para quien ha recorrido ya buena parte de Latinoamérica y Europa Occidental, el cubano está entre lo más apacible, educado y amableque pueda encontrarse en el mercado mundial de seres humanos. Es muy capaz de pararnos en plena calle, preguntarnos de qué país provenimos y al instante comenzar a lucirse con sus conocimientos de Belgrano, San Martín, Evita, El Che o Maradona.

…Y seguro

No es secreto, para los que nos informamos con cuidado, que en Cuba la tasa de homicidios es bajísima. Y robos hay muy pocos. En mi particular -bien que no original- visión, ello puede deberse a la posesión por el isleño, de esta seguridad: en ninguna circunstancia el estado abandonará a su suerte a un cubano, que siempre gozará del disfrute de los derechos básicos a la vivienda, educación, salud y trabajo.

Aquellos que con mala intención o por ignorancia hablan del drama de un pueblo sometido, no podrían explicar el por qué de esa paz; de esa distensión que se respira en las calles; de la salud que observamos en la energía de los cuerpos; de la serena alegría que ofrecen sus expresiones artísticas; de la pachorrienta amabilidad y corrección de quienes nos atienden. Cero histeria, ningún apuro.

Algunas experiencias de muestra

Nos alojamos en el Barrio de El Vedado, lugar de gentes comunes, en una modesta pensión. Por las noches, solíamos regresar muy tarde luego de cenar y ver algún espectáculo, encontrando la sorpresa de ver niños solos jugando en las plazas a la una de la madrugada. Pero si ampliábamos nuestra vista hacia las viviendas próximas, se veían las puertas abiertas y los grupos de vecinos charlando en la puerta o junto a las ventanas. Todo en un mismo espacio, todos conocidos entre ellos, nada malo puede suceder a los niños. ¿En qué gran ciudad latinoamericana o europea han visto, ustedes, esta escena? Allí se nos revela entonces la enorme diferencia.

Una tarde se nos ocurrió agasajar a la dueña de la pensión con un plato típico argentino. Elegimos empanadas. Pero había que conseguir carne de vaca,muy rara aquí. Mi mujer salió entonces en busca del preciado producto; empresa difícil. Pregunta por las calles, golpea puertas, le dan un dato: hay un vecino que sabe donde conseguir carne. Llega a su casa, conversan y el cubano la invita a pasar mientras habla por teléfono. Ana no quiere entrar, temerosa; el hombre habla; hay posibilidades, hay que caminar un poco; la acompaña, ella sigue con precauciones; compran carne molida y al regresar el servicial cubano la despide con esta frase: “quédese tranquila señora, usted está en Cuba”

Son solo 2 ejemplos, pero nada que contradijera este clima de tranquilidadpudimos ver en los 60 días cubanos que vivimos (ya que un año después regresamos). Y es imprescindible que agradezcamos el haber gozado de esa paz tan caribeña y cubana.